¿Enviamos 2.000 politólogos a Ceuta…, IMBECIL? SEOPOLÍTICA (1ª parte). Por Francisco Gómez Valencia

 

Al que madruga Dios lo ayuda pero al que maneja la información más aun
Al que madruga Dios lo ayuda pero al que maneja la información más aun

«Recuerden que de quien hablo ya lo hizo en su momento trabajando y con muy buenos resultados para el PP ¿Entonces qué: enviamos dos mil politólogos a Ceuta…, IMBECIL?»

Transitando por el negro ojete de Twitter una vez ejecutada una merecida limpieza de bajos para refrescar los contenidos, esquivaba la chatarra sideral mientras buscaba displicentemente agua potable, cuando cuál fue mi sorpresa al encontrar un pequeño oasis con unas sesenta palmeras que rodeaban un pozo de agua cristalina; muy fresquita… Hablaban de SEOPOLÍTICA y lo titulaban “SEÑALES ENTRE EL RUIDO”. Trataba precisamente de lo hacía en ese momento, es decir, navegar por internet buscando respuestas a ciertas dudas provocadas por situaciones envolventes y degradantes que cada vez más rápidamente nos hacen consumir cualquier excrecencia que nos pongan delante de la boca. Diferenciaban cuatro fases en comunicación política, que es algo de lo que parece que todo el mundo sabe gracias a las redes sociales. Comentaban que habíamos pasado en tres años del mensaje de Sánchez -no es no- al relato de los independentistas -lo volveremos a hacer-, de este a las emociones de Iván Redondo -gobernar con podemos no me dejaría dormir por las noches- y de estas a desarrollar su propia visibilidad, quemándose a lo bonzo o no, cuando dijo aquello de; “me tiraría por el barranco con mi presidente”.

Escudriñar en Twitter o cualquier otra red social, es como buscar en Google pues está organizado de tal manera que uno no es libre en el proceso sino preso de aquello que le aparece, y la única decisión que tomamos es la de interactuar con el enlace. La optimización de los motores de búsqueda SEO, nos ayuda a buscar supuestamente lo que necesitamos, pero debemos ser conscientes de que quien nos encuentra es el motor a nosotros. Y eso las organizaciones de cualquier tipo que campan y compiten por dichos motores, así como la funcionalidad de los mismos en las redes sociales provoca que al final, nos capten como clientes, silenciosos consumidores de su información gracias a nuestros hábitos de comportamiento simplemente haciendo “click” aquí y allá.

Les pongo un ejemplo; yo comencé a mostrar más interés por noticias deportivas debido al merecido cambio de entrenador en el Real Madrid -ya que es mi equipo-, y de repente no aparecía otra cosa que eso dejándome aparentemente a oscuras en otros asuntos. Una vez que limpié y cambié hábitos de búsqueda, desaparecieron casi todas las opiniones de gente -o bots- que supuestamente lo hacen en la misma dirección que yo. Muchos anónimos aceptados por compromiso o por ego, seguidores sin rostro, nombre y apellidos, por eso -y que me perdone quien siendo justo pagó como pecador- son de poco interés para mí. Por eso limpiaba ya que no son fuentes fiables…, pues bien; en ese preciso instante y por el motivo que sea la red social con su motor de búsquedas de información, decidió unilateralmente plantearme una nueva forma de interactuar.

El nuevo juguetito pese a tener una cara ciertamente más amable y en ese momento con características diferentes, me dejo de atraer un par de días pues el asunto al ser de tan limitada trayectoria, al haber tomado Florentino como siempre la decisión correcta, es decir, fichar de nuevo a Carletto, se ve que al tener vida propia empezó a preguntarme si lo que me ofrecía era o no de interés para mí, a lo que le respondí en diferentes ocasiones que no y me salía. Pues bien, al final el cacharrito infernal me ha ido proponiendo alternativas relacionadas con los aspectos que yo voluntariamente he indicado en el acceso a mi perfil, de tal manera que he comenzado a seguir cuentas -y ellas a mí- que en dos años que llevo en redes como método de investigación, nunca se me habían presentado.

Francisco Gómez Valencia. Politologo y colaborador de La Paseata
Francisco Gómez Valencia. Politologo y colaborador de La Paseata

¿Qué tiene que ver todo esto con la política, que es habitualmente de lo que yo les hablo? De la última fase que comentaba antes; la visibilidad. A día de hoy de lo que se trata es de ser visible a toda costa indiferentemente de lo que se aporte. Y eso, es decir, el panfleto de cada cierto tiempo con las vulgares ofertas, es la SEOPOLITÍCA. Da igual si las ofertas nos mejoran la vida, transforman la sociedad o generan avances, de hecho la desinformación sobre las mismas es impresionante. Este Gobierno lo hace de continuo, de hecho la mayoría de las cuestiones que ha ido decidiendo y aprobando, están paralizadas en la mesa del Congreso -aunque nos tengan muy enfadados y preocupados- sencillamente porque no interesa desarrollarlas una vez anunciadas, ya que lo importante era solo eso, anunciarlas. Nos están condicionando y sugestionando para que vayamos asumiendo quien manda en el Gobierno de coalición. El objeto de Sánchez y Redondo es que sepamos lo que quieren hacer, pero en solitario, demostrando poco interés e incluso cierto conflicto por y con las medidas que sacan deficitariamente adelante los comunistas. Por lo tanto vivimos una etapa extraña donde el objetivo es hacer desaparecer a Podemos de la ecuación de una vez como principal competidor del nuevo PSOE sanchista.

Quien me siga habitualmente recordará -y sino aquí les dejo el enlace por si les interesa- que en mí último artículo les hablaba de la batalla por la confianza, pues bien ahora subimos otro escalón y les hablo de la batalla por la visibilidad. La SEOPOLÍTICA es lo que generará la carga de credibilidad suficiente para que a usted, algo aparentemente infumable le pueda poco a poco ir pareciendo hasta normal, lográndose conseguir los niveles de tolerancia suficientes para que termine naturalizando su existencia e incluso comprando la idea en si misma adaptándola a su ideario -permítame que le diga que esta técnica es más antigua que el canalillo, es decir, el hilo negro, aunque como todo, hay que adaptarlo a las nuevas tecnologías y así lo hacemos-.

En este proceso es donde intervenimos los ingenieros sociales, es decir los consultores políticos. Leía el otro día una reflexión de un afamado twittero -muy gracioso él- que se reía de nosotros diciendo que la crisis con Marruecos se solucionaba enviando dos mil politólogos… pobre iluso, uno solo y bien conocido por todos nos trae por la calle de la amargura -o no, allá cada cual-, recuerden que de quien hablo ya lo hizo en su momento trabajando y con muy buenos resultados para el PP ¿Entonces qué: enviamos dos mil politólogos a Ceuta…, IMBECIL?

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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