
Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo –persona, pueblo, época– es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omnímoda verdad, quedaría ignorada.
El error inveterado consistía en suponer que la realidad tenía por sí misma, e independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonomía propia. Pensando así, claro está, toda visión de ella desde un punto determinado no coincidiría con ese su aspecto absoluto y, por tanto, sería falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única.
José Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo.

«La ‘democracia’ será un término maldito que dejará de invocarse porque conduce a errores»
Diríase que hoy en día estamos experimentando el triunfo de las ideas del filósofo. Mi pensamiento individual opuesto al tuyo. Ese frentismo redivivo del y «tú más» que justifica las corrupciones y se agarra al clavo ardiente del egoísmo anidado en ese «cada individuo», órgano funcional o no, cuya visceralidad intrínseca se visibiliza a diario. Y alimenta –no a las desalentadas amapolas de Hernández– sino a un sistema depredador, apuntalado in extremis a punto de desvencijarse por el odio escalador, que desea alcanzar la cumbre de ese Everest que se yergue sobre inmoralidades varias, como un gigante que vigila la podredumbre que se expande sin remisión.
Atónitos, en el mes de julio –cuando se cumplen los tristes aniversarios de la muerte de Miguel Ángel Blanco y la liberación de José Antonio Ortega Lara, después de su inhumano cautiverio–, se ha desatado la tormenta por un artículo rescatado en las redes de Antonio Maestre, de 2022, en el que culpaba a la polarización política de las muertes del concejal de Ermua y de Gregorio Ordóñez. Ya entonces, suscitó asco y airadas reacciones como la de Rosa Díez [1], que calificó de miserable e indigno el intento de blanqueamiento de ETA por parte del PSOE y sus propagandistas. Y no es todo, pues si vemos lo presente, ¿cuál es el panorama, la situación de España? ¿No es cierta la consumación de la infamia? Tanto hablar de Estado de derecho para liquidarlo [2] a base de una reforma que golpea y liquida la separación de poderes [3]. Con la excusa de que el Gobierno se vaya de vacaciones con «los deberes hechos» [4], Francina Armengol dejará todo atado y bien atado para que la Ley Bolaños salga adelante.
Es bien extraño este juego del calamar donde reina la confusión y nada es lo que parece. Cuanto más se estrecha el cerco [5], la suerte parece ir en aumento. Los socios del partido que iba a acabar con la corrupción no se levantan de sus sillones y le conceden una «última oportunidad» [6]. Y la oposición que representa el gallego Núñez Feijoo, obsesionado con el centrismo [7], evita escorarse –ni a la derecha ni a la izquierda–. Los pasos se encaminan hacia una dirección anunciada a bombo y platillo desde hace tiempo para su correcta asimilación. No habrá sorpresa llegado el momento. Aupado por la prensa, su figura serena –un tipo que sabe mantener la compostura frente a un desquiciado Sánchez– tiene toda las de ganar. Ya le indican –los que saben– cuál es la linde que ha de tomar: La receta de los veteranos del PPdeG para Feijoo: «Consenso, moderación y europeísmo». Para ello, las piezas designadas han de corresponderse con ese perfil de renovación, de cambio de aires, que garantice la secuencia de los hechos, visibilizada en la figura de su nuevo ‘número dos’, Miguel Tellado [8].
Así ha hablado Rajoy, ese hombre tranquilo al que no se le mueve la ropa, apelando de nuevo al ‘consenso’ como instrumento necesario para corregir las desviaciones que ha experimentado el sistema, según publica La Gaceta [9]:
En su opinión, se ha sustituido la lógica del consenso por la mera suma de escaños, lo que ha llevado a experimentar “fórmulas Frankenstein” que, según denuncia, “matan el centralismo, polarizan la sociedad, alimentan el populismo y reducen la política a una guerra de bandos”.
Es decir, la cuestión debe surgir favorecida por una situación que la impulse, ante la que no se disponga de otro remedio, de otra solución. Con toda probabilidad –habida cuenta de que se han repetido elecciones porque los números no daban, y que la tendencia elegida no ha satisfecho a nadie– se refuerza en la opinión pública la idea esencial que, en realidad, forma parte del proyecto. Ya escribí sobre algunos casos en Coto privado –La ‘democracia’ será un término maldito que dejará de invocarse porque conduce a errores [10]–. Si no hay otra, si el momento de quiebre social, de ruina moral y económica es inminente. Y si el colapso de los servicios es de tal magnitud [11] que se invoca a una fórmula desesperada para salvar los muebles que se puedan, estamos en ese momento. Algo muy retorcido y maquiavélico que resitúe lo viejo bajo la apariencia de novedoso. Una paz social, una re-transición, en la que –sin restituir lo enajenado, lo expoliado– se absuelvan los errores –y metidas de mano en las arcas públicas de todos, como si no hubiera un mañana– para salvar y salvarnos de nosotros mismos.
Se invoca la fórmula mágica, la tríada ganadora «consenso, moderación y más Europa», en el momento crítico de la justicia y de la solidez de las investigaciones que, con pruebas irrefutables, tendrían que terminar con los amos del cortijo entre rejas, atentos únicamente a llenarse los bolsillos y propiciar negocios para perpetuar el Estado de corrupción. Ahora, el expresidente Zapatero, siempre turbio, que se mantiene en pie aun a sabiendas de sus cacareadas relaciones con Venezuela [12], parece seriamente comprometido en otro caso: Un exdirectivo de PDVSA entrega al juez diversos acuerdos entre Zapatero y Maduro. Así que no se entiende en qué puede beneficiarnos pactar con el diablo bajo la figura de un Baphomet al que sirven todos, instalados en la dualidad, y que entroniza ese relativismo tan aceptado en nuestro tiempo, a sabiendas de que solo es necesario conocer el mecanismo del artefacto para tener éxito.
De todas las máquinas que ha construido el hombre, la más interesante es, a mi juicio, el reloj, artefacto específicamente humano, que la mera animalidad no hubiera inventado nunca. El llamado homo faber no sería realmente homo, si no hubiera fabricado relojes. Y en verdad, tampoco importa mucho que los fabrique; basta con que los use; menos todavía: basta con que los necesite. Porque el hombre es el animal que mide su tiempo.
Antonio Machado, Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo.
NOTAS_____
[2] El Constitucional y la mayor felonía al Estado de derecho de la democracia
[3] Reforma Bolaños: la respuesta de jueces y fiscales
[5] El juez decreta prisión comunicada y sin fianza para Santos Cerdán tras su declaración en el Supremo
[7] Feijóo, un liderazgo necesario
[9] Rajoy defiende una «gran coalición» entre PP y PSOE en España: «La solución está inventada»
[10] Como verán es un tema recurrente sobre el que recaen todas las sospechas de hacerlo mal, según lo que se defienda:
- Votar bien, votar mal
- Votar mal
- La diferencia entre votar “bien” y votar “mal”
- Votar mal
- Votar mal, votar bien, votar
[11] Tremendo caos en el aeropuerto de Madrid Barajas por un error informático: «Hay colas interminables»
[12] ‘El Pollo’ Carvajal comunica a la Audiencia que Zapatero tiene una mina de oro en Venezuela

