
«Tenemos una fiscalidad puntera a nivel del primer mundo pero unos servicios tercermundistas, y no pasa nada, el estado no funciona cuando es necesario»
Vamos de susto en susto. Hace unos meses nos quedamos boquiabiertos cuando nos enteramos que mientras se aloja en hoteles, se viste y se provee de móvil a ‘asaltafronteras’ mientras los damnificados de la Palma siguen alojados en contenedores, y lo mismo con gente que ha perdido sus casas incendiadas, que hemos visto dormir al raso al igual que los sufridos bomberos.
Con la DANA sentimos una mezcla de rabia, vergüenza, impotencia y bochorno cuando un sorprendido bombero francés no podía entender que era el primero en llegar con su equipo voluntario a la población de Alfafar y decía anonadado «¿somos los primeros en llegar aquí?… ¿Aún no ha llegado la policía de España?».
Una y otra vez contemplábamos y contemplamos cómo el estado español deja tirado a sus ciudadanos aunque al menos escuchamos al ‘galgo de Paiporta’ que nos tranquilizó diciendo «Yo, estoy bien», pero lo que queda claro es que la burocracia, el cálculo político, la inoperancia e ineptitud de gente con currículos basura, responsables de salvaguardar a nuestros conciudadanos, vuelve a fallar una y otra vez, con el volcán, con las riadas y ahora con los fuegos mientras contemplamos cómo España arde por los cuatro costados, más exactamente en prácticamente la totalidad de su mitad Oeste de nuestra piel de toro… cosa rara ¿no?
Escuchamos cómo nuestros compatriotas lo han perdido todo bajo las llamas, pueblos ardiendo, gente desesperada pidiendo ayuda jugándose la vida para salvar algo de su patrimonio, a los que se abroncaba por arriesgarse, y encima escuchamos desde la TV a algún tertuliano comunista, ideología proscrita por la UE pero que en España sigue siendo legal, como un tal Espinar que sin rubor nos decía que hablar del fracaso de la administración era «hacer el caldo gordo a la ultraderecha» a los negacionistas del cambio climático.
Se achacan los incendios al cambio climático, pero pirómanos aparte, lo que durante siglos han hecho los vecinos con sus vacas, ovejas y cabras, hoy no lo hace nadie. Antes se recogía leña para los hogares en las proximidades de los pueblos y con ello quedaban despejadas las inmediaciones de arbustos y rastrojos. Hoy se acumulan toneladas de biomasa vegetal en cauces fluviales, en el interior de los bosques que se vuelven impracticables, antes con senderos hechos por el ganado, o junto a los pueblos, y cuya recogida se impide, se prohíbe y se multa por coger cuatro palos en una carretilla o por tomar un poco de musgo para poner en navidad en el Belén y es lo que tenemos ahora.
Ante ese espectáculo, los políticos solo preparan su propio relato para echar la culpa al contrario y la única eficacia que comprobamos es su capacidad de control, de saqueo y recaudación a base de impuestos cada vez más sangrantes pero cuando toca remangarse y ver cómo aparece en el escenario de las tragedias la ayuda del estado… ¡no aparece nadie! Tenemos una fiscalidad puntera a nivel del primer mundo pero unos servicios tercermundistas, y no pasa nada, el estado no funciona cuando es necesario.
Aquí no se cumple aquello de quien la hace la paga y no dimite nadie empezando por el presidente del gobierno, por complicidad, ignorancia o dejación, por lo que sea. Tenemos un gobierno infecto chapoteando en la corrupción pero nadie se hace responsable de nada con una burocracia que no está al servicio de la sociedad sino al revés, que solo supone y crea trabas para cualquier trámite aunque sean ayudas urgentes.
Cada vez más, la sociedad muestra su hartura al ver a políticos trajeados con una nube de asesores que no hacen absolutamente nada y cuya día a día consiste en decir a los conciudadanos cómo tienen que vivir, qué comer y qué deben de hacer. Son gotitas que van llenando el vaso y harán que la bomba de relojería que se está organizando explote en cualquier momento.
Sánchez, en su visita al centro de mando de uno de los incendios, mientras sus terminales mediáticas y políticas insultan a sus oponente políticos y nos toman por tontos al resto, pedía lealtad institucional a las administraciones. No quiero pensar en quién tiene más o menos culpa pero tenemos una fácil y elemental conclusión y es que, por muchos que se nos acuse de fascistas, el sistema autonómico de organización territorial de España es evidentemente un fracaso que no funciona, es exclusivamente un sistema de vida, un pesebre de corruptos y ladrones.

Todo se repite ¡Lo mismo que lo de Valencia!… pero lo más sorprendente es que el PP no diga absolutamente nada cuando la Ley de Seguridad Nacional de 2015 se hizo con su Gobierno y precisamente para estos temas de crisis provocadas por catástrofes… resulta penoso con la cantidad de medios que podría movilizar el Estado para estos casos. ¿Falta de voluntad? ¿Ignorancia? ¿Maldad neroniana?
Quiero recordar que siguiendo el soniquete y timo del ‘cambio climático’ con el que nos perforan la mente y que ya es alarma climática, hace un año, precisamente el 16 de septiembre de 2024, desde el Congreso de los Diputados, todas las fuerzas políticas excepto VOX, firmaron la «Declaración ante el desafío del cambio climático de las Cortes Generales».
Si lo leemos en detalle se trata exclusivamente delimitación de nuestras libertades en aras de un control férreo bajo la disculpa de cuidar «los ecosistemas naturales, como a la salud, la economía, el bienestar y la prosperidad de las personas».
Una de las frases la ha repetido Sánchez calcada estos días, pasado un año, al pedir un pacto de estado en su comparecencia tras su salida a los diez días de la tragedia desde su retiro vacacional, con zona marítima exclusiva, en la residencia real de la Mareta, no puede ser menos para este aprendiz aventajado de dictador. La frase concretamente es esta: «Asumimos la necesidad de mitigar y adaptar nuestras sociedades a los efectos de la crisis climática y a tomar las medidas necesarias para hacer posible una transición inteligente y justa que haga compatible el cumplimiento de nuestros compromisos climáticos, con la economía y el bienestar de la sociedad».
Se lanza de lleno manejando la mentira revestida de cientifismo al decir: «Como señalan las evidencias científicas, se constata un aumento general de las temperaturas, el incremento de los fenómenos meteorológicos extremos – sequías, inundaciones, olas de calor, incendios forestales-, el aumento del nivel del mar, entre otros, que están produciendo significativos efectos adversos sobre la población y su salud, graves impactos ambientales como la pérdida de biodiversidad, así como están teniendo importantes efectos sociales y económicos».
Para finalmente apostar por propuestas ridículas que solo van a traer el empobrecimiento tanto de España como de Europa: «Mantendremos el objetivo de no superar un calentamiento superficial global promedio de 1,5 grados Celsius sobre el umbral climático de las temperaturas preindustriales y cero emisiones netas en 2050», mientras que el resto del mundo sigue usando el petróleo y los vehículos de combustión, que dicho de paso son prácticamente no contaminantes.

Nos enfrentamos al bulo interesado del consenso climático de la izquierda en el que cierta derecha ha caído como una mosca en la miel, por no decir algo peor.
Igualmente deslizan el cargarse los vehículos de combustión entre otras cosas como: «Apostaremos por la descarbonización del transporte», algo que no tendrá ningún efecto global. Incluso existen entidades bancarias que te calculan tu huella de carbono… ¿se puede ser más ridículo y cabrón?
Todo se basa en culpar al hombre de sus emisiones que son mínimas.
Avanzamos en la prostitución del lenguaje con la finalidad del absoluto control social bajo el miedo al cambio climático del que se culpa al hombre, tal como mostraba en mi artículo: «Calentología, negacionismo y agendas verdes».

Se trata de imponernos una teoría sin base científica para ejercer un férreo control social, un altar de falsa religión en el que se ofrece como víctima propiciatoria el progreso de Occidente en beneficio de entes más contaminantes e ineficientes, llamando negacionistas a los que se enfrentan a esta teoría perversa que junto con otros conflictos no son más que una disculpa, entre otras, para subir los impuestos y encubrir el fracaso político y que nos traerá la ruina más absoluta.
La disculpa para el saqueo impositivo seguirá siendo la Sanidad, la Educación, las carreteras cuando sabemos de sobra que lo que sobra es el gasto político, una administración elefantiásica, el timo de los pesebres autonómicos, las decenas de agencias, duplicidades y chiringuitos, nombramiento de centenares de asesores a dedo, y el único y real problema… Snch€z, P$O€, putas y corrupción.
Como me recuerda un amigo: Absolutamente harto de la absurda y eterna bipolarización española.
Absolutamente harto de las izquierdas y de las derechas.
Absolutamente harto de recordar lo que hacen los otros cuando es a los tuyos a los que trincan.
Absolutamente harto de esa manía de formar dos bandos ante cualquier sandez. Absolutamente harto del «y tú más».
Absolutamente harto de que ante cada desgracia, solo se señale la culpa o parte de responsabilidad del oponente político.
Absolutamente harto de que si defiendes una causa, automáticamente se te crucifica porque olvidas todas las demás.
Absolutamente harto de la inexistencia de cualquier debate.
Da igual que presentes decenas de pruebas en las que fundamentar una opinión. Ni las van a leer.
