
«A pesar de todo, y como si de una película sin final se tratase, seguiré mirando desde mi ventana el imparable paso del tiempo»
A través de ella he sido testigo de la rapidez del paso del tiempo. He conocido a los árboles, cuando apenas eran unas débiles ramas, vestirse de blanco con la nieve. También los he visto acoger entre sus brazos a cuantos buscaban cobijo por el asfixiante sol.
Entretanto, todas las noches miraba por encima de sus ramas a una solitaria luz que, en la lejanía, permanecía encendida hasta altas horas de la madrugada. Mis amigos, los árboles, continuaron creciendo hasta cubrir por completo aquella débil luz que tantos días me acompañó.
Desde ella observaba con la llegada del crepúsculo a Curro, un mendigo habitual acompañado siempre por su inseparable botella de vino y por su fiel perro.
También era frecuente ver al Sr. Paco, el que nos vendía cromos en nuestra ya lejana infancia. Tras él, sentados en un banco, un grupo de muchachos a los que uno imagina eternamente niños, hoy ya adultos.
Aquella mítica tienda de golosinas, transformada ahora en un elegante despacho de abogados.
A pesar de todo, y como si de una película sin final se tratase, seguiré mirando desde mi ventana el imparable paso del tiempo.
(© 2025 Manuel Sanz Real)

