
«Pilar, duquesa de Luna y de Villahermosa, fue el gran amor de José Antonio. Yace en la catedral de Zaragoza, lejos de la Sacramental de San Isidro»
Para que hablemos de mujeres, José Antonio Martín Otín hubo de ser afortunado lector de una pequeña agenda donde el fundador de la Falange escribió su diario de marzo de 1936.
Dice Petón que su ‘Kipling’ nació “por cierta deuda moral con el protagonista”. En él nos presenta “la fotografía perfecta”, entre el recelo de la izquierda y el desdén de la derecha. Y quizá también la carta de amor perfecta que remite a Elizabeth Asquith desde la cárcel. Ella le dedicaría su única novela años después “porque aquellos a los que amamos viven para siempre en nuestro corazón y mueren sólo cuando nosotros morimos”.

Ya en ‘El hombre al que Kipling dijo sí’ hay noticia de mujeres que cautivaron a José Antonio. Así, Carmen Muñoz Rocatallada, que era la mayor belleza de Madrid según Pepín Bello y también -como la Bibesco- señora casada. Ahora, con la edición del ‘Diario secreto’, nos enteramos de que la risueña Bidy Queralt pudo ser la esposa del marqués de Estella: era ya tarde.
En su último día en libertad da un paseo en coche con “I”, que no es la “rubita de Ávila” (¡¡otra!!), y cuyo nombre tacha y oculta.

Y Pilar Azlor, que en la foto tiene ese parecido con Mercedes Formica, tan distinto al de Bidy. Gredos: Pilar, duquesa de Luna y de Villahermosa, fue el gran amor de José Antonio. Yace en la catedral de Zaragoza, lejos de la Sacramental de San Isidro.

