(IX) Cronografías: Rubias. Por Diego Pardos

Rubias.

«Ojo con las rubias, por mucho que ustedes las prefieran. Aclaro que tampoco es obligatorio ser un caballero… que siempre queda la opción de ser ministro»

A ver si va a ser cierto que los caballeros las prefieren rubias, como don Howard Hawks, director de la célebre comedia musical.

Esta semana me disponía a escribir una breve cronografía volviendo a un tema recurrente como es el de los calcetines de María Durán que, como todo el mundo sabe, además de ser rubia odia los calcetines. Así nos lo recordaba en Twitter: «Pienso que en menos de un mes hay que volver a ponerse calcetines y lloro desconsolada». Como queda mucho invierno para discutir con la Durán de este y otros temas, voy a escribir sobre otra rubia que ahora está en el candelero de la moda a raíz del tercer grado al que sometió a un ministro del Gobierno, el cual acudió muy confiado a su programa de ‘Antena-3’.
Yo no sé si el señor Puente las prefiere rubias o morenas, pero lo más seguro es que no vuelva a aparecer por «La Mesa», ni siquiera a cruzarse con esta simpática estrella del periodismo. Uno entiende así que se hagan informes para saber si tal o cual fulano está de nuestra parte y no verse en estos jaleos y en estas apreturas. Pero aun así es posible que la rubia te salga rana y no sepas dónde meterte.
Es ingrata la tarea del político: sale vapuleado de una entrevista y al minuto, encima, puede encontrarse a otra «nenita» armada con un micrófono preguntando por su estado de salud.
Algún día me veré obligado a tener unas palabras con la Pardo, pero mientras llega ese día anda que no recuerdo yo esa sonrisa pícara y hasta la mirada, casi de niña que ya anticipaba su futuro gamberrismo profesional.
De modo caballeros, que ojo con las rubias, por mucho que ustedes las prefieran. Aclaro que tampoco es obligatorio ser un caballero… que siempre queda la opción de ser ministro.

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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