«El experto en tensión social luce la sucia estética de aversión a la ducha y el peine, con lo que muestra un trasnochado porte …
(XXVI) La insoportable vecindad de los podemitas. El peligroso espectáculo callejero de la tensión social

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«El experto en tensión social luce la sucia estética de aversión a la ducha y el peine, con lo que muestra un trasnochado porte …

Emperador Jones andaba todavía en dudas sobre la veracidad de su descubrimiento al mirar al suelo. No podía ser pero ahí estaba la …


A Juanita la educó mi amigo Ricardo en el amor a los humanos. Imborrable recuerdo el ver los agasajos y pleitesías que la yegua le dedica cada mañana en que Ricardo le acaricia.

Pero hoy Ricardo me pide ayuda porque está preocupado. Uno de sus potros ha desaparecido y le buscamos Sierra arriba, Sierra bajo, por todos los prados. Se llama Papa Buco y no aparece. Al final de la jornada Ricardo y yo, exhaustos, nos damos un respiro sin palabras junto al salpicadero de la pick up y oímos a Andrés Calamaro y los primeros versos del tango “Por una cabeza” de Carlos Gardel y letra de Alfredo que dicen: “Por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar…” Y va Ricardo y se me pone a llorar.
Ricardo me cuenta que sus caballos se enamoran por la “Capa”. Y que durante su celo atávico, animal y poderoso, cuenta y mucho, el color de la pareja. Y que se teme lo peor, que el Papa Buco se haya enamorado y, por ello, perdido su razón de supervivencia. Tomamos unas cervezas y continuamos su búsqueda. No dormimos y al final nuestro esfuerzo nos recompensa. Ahí, junto a una cancela oxidada encontramos al potrillo que se lamenta. Le acariciamos al comprobar que Papa Buco tiene una inflamación mortal. Una yegua, está claro, le ha propinado una certera coz.
Casi sin hablar nos vamos en busca de ayuda y, en el coche, al ver pasar la vida fugaz por el cristal lleno de cagarrutas comenzamos a reír cuando en la radio suena otra vezó el tango bendito: “un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar” y es que Papa Buco, sabemos, se va a morir por el egterno juego del amor: Una yegua, sencillamente, le pateó sus partes en su primera escapada: su primer lance sexual.
En eso suena el móvil. Al otro lado, desde las praderas, llama Martín, el poeta gaucho, filósofo de la vida y la parrilla.

Y alegre nos dice que Juanita, la yegua preferida de Ricardo, acaba de parir un potrillo feliz y patilargo. La noticia nos impresiona a los dos. Apago la música y le digo a Ricardo:
– ” Lo justo es que se llame Papa-Buco como homenaje a su primo, a la vida y la muerte, y solo espero que este animal tenga mas suerte en su relación con las hembras y la naturaleza toda”.
Ricardo me mira y dice:
-” Qué fuerza Manuel tiene la vida y es que hace más daño un disgusto que una botella de ”.
Pongo la música y Calamaro acaba su canción.

Para una mejor comprensión de mis escritos aclaro, a quienes no lo conozcan, diré que Max es un personajillo virtual que vive en mí; es mi otro yo, al que visualizo como un diminuto y simpático diablillo crítico, irónico y descarado, siempre impaciente por decir lo que yo, por pudor, intento mantener a raya.


Durante veintitantos años he estado volando a Cuba, en donde hice amigos que, como dice una canción «hartos de ya estar hartos», necesitaban contarnos como era su día a día a mí y a otros compañeros de la tripulación, de los que estaban convencidos no íbamos a denunciarles ante las autoridades castristas. Así, me hicieron partícipe, en no pocas ocasiones, de la realidad comunista en Cuba.
El otro día, al escuchar la pretensión de la alcaldesa de Madrid de instaurar la figura de un supuesto «supervisor de distrito», o algo similar, me vino muy vivamente a la cabeza una inolvidable experiencia personal en La Habana.
En Cuba están plenamente vigentes los Comités de Defensa de la Revolución (los CDR). Los hay de distrito, de barriada, y de edificio. Son los encargados de comunicar a la policía todo lo que ocurre en su zona de control: con quien te reúnes; de qué habla la gente; si te visita algún extranjero, qué cosas te cuenta, si te llevan algún regalo, etc. Para estos comisarios políticos (soviets) NO se pueden mantener las puertas de una casa cerradas.

En cierta ocasión, a través de la gran bailarina, Alicia Alonso, con la que había coincidido en varias ocasiones en el mismo vuelo a Cuba, fui invitada, junto a tres compañeros más a visitar, en su casa, a la que había sido la fundadora del Conservatorio de Música de La Habana; una gran señora, a la que nunca podré olvidar.
Aquello, ni era una casa ni nada habitable. Era una gran estancia desnuda, de paredes muy sucias, sin un solo cuadro, sin cristales en la mayoría de las ventanas, sin un sólo mueble salvo cuatro sillas desvencijadas, con lo que alguno de nosotros hubo de permanecer de pie, y un gran piano solitario en el centro de la sala que proclamaba el esplendor que algún día, ya lejano, lució.
No viene, hoy, al caso relatar la heroica historia de la Señora que salvó aquel piano de la expropiación el mismo día que vaciaron, sin piedad, todos los muebles y utensilios de su casa. La gran señora que era la anfitriona se lamentaba, con lágrimas en los ojos, por no tener ni un triste refresco con que obsequiarnos. A todas éstas, se presenta en nuestra amistosa reunión un individuo, que ni saludó, pero exigió que algún vecino le trajera una silla.

Se sentó a unos metros de nosotros a escuchar lo que hablábamos. Ante mi sorpresa, pregunté a la hija de la anfitriona que estaba de pie a mi lado, Marta Egusquiza, quién era este «señor».
Antes de que pudiera contestarme, le tomó la palabra su madre, y , sin el menor temor y con evidente desprecio hacia el recién llegado, me contestó: es el CDR, explicándome, a continuación, cómo era el funcionamiento de ese sistema soviético (que no chavista) de control de la ciudadanía. El intruso permaneció impasible, como si fuera de escayola. Al ver, ella, mi cara de preocupación por su valentía, nos dijo bien alto: No te preocupes por mí, ya soy muy vieja; ya no tienen nada que quitarme; no sólo me han vaciado la casa, me han vaciado la vida.
Así que ya sabéis por donde van los tiros de la Señora Carmena, que, entre ocurrencia y ocurrencia, nos impone una de estas.

El maestro del solomillo me lo repite cada mañana cuando le saludo en el mercado. “Aquí en mi carnicería no se habla ni de la prima, ni del rescate, ni de la crisis.., los podemitas ni de Trump que me tienen ustedes aburrido”. Pero hoy, a continuación, de recitarme el lema, y reírnos los dos, en voz baja, entre confidente y espía, me susurra que nunca pensó que eso de los mercados le iba a afectar tan de cerca. Así que a punto de enlazar una conversación sobre la selección española de fútbol, me callo oportunamente y le dejo seguir. Gerardo, así se llama, continúa:
– Ya me conoce y sabe usted que soy tranquilo, pero comienzo a sentirme indignado y “cabreao”, ¿Sabe por qué? Porque yo hago mis deberes, pago mis impuestos, acabo de invertir en un frigorífico nuevo, he dado de alta a la rumana que va a mi casa un día a la semana y he descubierto que los políticos no hacen los suyos. Y eso no puede ser. Estamos en mano de unos inútiles. ¿Y sabe usted? Cada vez son más los que viven a mi costa y no hacen bien su trabajo.-
Yo le cuento a propósito mis sensaciones con el liberado sindical que tengo de vecino, porque le recuerdo saliendo de su casa con la camiseta verde camino de la manifestación. Mi vecino tiene silla, o sillón, en la central de la calle Lope de Vega, galones de liberado, y se presenta hasta en la panadería con su carnet político pegado a la frente. Habla de la educación, por ejemplo y construye sus tediosos argumentos tomando el hilo desde la caída del muro de Berlín, pero lo que verdaderamente no soporto es que deja la basura todas las noches en el quicio de su puerta porque a partir de las nueve dice que “no tiene fuerza para bajarla hasta el cubo, por su entrega a la calidad de la enseñanza y su dura lucha cotidiana contra Cristina Cifuentes que le consume”.
– ¿Significa esto no hacer bien su trabajo, al menos el comunitario? Le pregunto
Pues sí, Y Gerardo me contesta con una nueva pregunta: ¿Pero cree usted que a su vecino le respetarán los de la manifestación cuando chille con el altavoz sus mensajes?
Sí, me imagino que sí, le contesto. Y Gerardo remata con su profundo sentido común: «Bueno pues eso es lo que le quiero decir. Puede ser que su vecino haga bien su trabajo sindical y político. Que sea un auténtico líder sindical ¿Pero qué pasa con Rajoy? que ya va por el mundo con cara de cordero degollado, como un púgil noqueao. ¿Es que no se da cuenta que necesitamos un capitán en el equipo? No hace bien su trabajo. Se ha convertido en el falso nueve de la selección: Un problema. Con la que está cayendo y nos va a caer tiene que hablar y proponer. Y nada…
Es usted un genio le digo. ¿Y qué va a ser me contesta? Pues hoy….


Lope de Vega decía “Que si ha de dar un desengaño muerte, mejor es un engaño que da vida”.
No hay peor engaño que engañarse a uno mismo.. Es sólo una frase, pero ¡tan cierta! Creer ciegamente en algo que deseas con todo el alma, puede ser a veces una manera de consolarse engañosamente.
Mientras mantienes una venda en los ojos para seguir soñando con algo que no ocurrirá, mantienes también la esperanza .., y eso como dice el refrán, es lo último que se pierde.. Pero es cuestión de tiempo, de hechos y de salud, que un día te veas obligado a dejarla caer, a descubrir tus ojos ante la obstinada realidad.
No, no va a ocurrir, ¡desengáñate!, no porque tú no lo quieras, sino porque no depende ya de ti, no está en tus manos Así es que hoy, después de mucho tiempo, me ciego ante la deslumbrante luz de la evidencia, y espero que mi deseo .. , vuele feliz. Adiós venda, adiós ceguera, adiós deseo. ., no volváis a mis sueños.

Qué hartura de política.., de noticias.. Necesito endulzar mi día: Mis ganas de ti, no se van, se acumulan… Ahora dime de una vez: ¿Te espero o te olvido?

Mi amigo Juanma dice esta mañana que vive en su hogar la tristeza de la emigración y se pregunta qué ha cambiado en España, desde aquel Blanco y Negro repleto de maletas de cartón junto a los trenes, hasta el color de hoy en el que nuestros nuevos emigrantes comparten, anónimamente, las salas de embarque con ejecutivos, parlamentarios y turistas.

Camino del mercado me ofusca hoy el tufo político que como casi siempre en España llega desde Cataluña. Y es que vuelve, maldita nuestra suerte, el concepto de conspiración en el caso Jordi Pujol en el que ahora, y para mas inquietud, aparece en los papeles el rey Consorte y nuestros espías no aclaran nada antes del intermedio. Así no hay manera de disfrutar del ambigú en el que hoy tampoco compraré butifarras. El tercer, y último acto, está a punto de comenzar y la magnífica por grandiosa ópera bufa de la corrupción española, comienza a parecerse demasiado a los interminables culebrones en los que cada día el espectador se sobrecoge con un nuevo complot.

Hace tan sólo unos pocos días, me encontraba en un lejano aeropuerto, allende el océano, intentando reprimir mi desazón ante las pocas posibilidades de conseguir una tarjeta de embarque que me permitiera llegar a casa por Navidad

Visto el nivelazo político por la falta de Gobierno y esa insistencia del No socialista a la investidura de Rajoy, suplico a Max que NO me acompañe hoy a la playa; que necesito algo de la serenidad y el sosiego que me da el estar sentada, a solas, frente a mi Mediterráneo almeriense

Carmena, esta aparentemente inocua abuelita al-qaldesa, sigue con la martingala de hacer de Madrid su Habana particular. Todo lo que se le ocurre implantar, como ideas renovadoras y de progreso, que tiene miga la cosa, son imitaciones de las muy rancias fórmulas comunistas cubanas. Recordemos la reciente idea que tuvo de los supervisores/comisarios políticos de distrito (vamos, los CDR cubanos), que quiso poner en junio pasado. O las mamás, haciendo “trabajo social”, limpiando los colegios de sus niños, mientras éstos, a su vez, recogerían colillas de los suelos de Madrid. De haberlo llevado a cabo, nuestros pequeños habrían sido muy similares a los niños pioneros de Cuba (semillero infantil de futuros herederos de la fracasada revolución comunista cubana).
Lo peor es que, en ella, toda ocurrencia, por disparatada que sea, se justifica, jocosamente, como una “carmenada” más, que no tiene otro recorrido que el de una inocente degustación de magdalenas caseras; craso error.
Su última idea estrella es promover su propia emisora de radio. Oye, ¡qué casualidad!, igualito que Chávez, Maduro, los Castro y todo dictador que se precie.
Su obsesión por imitar a la dictadura castrista me evoca, inevitablemente, algunas vivencias en Cuba. Y, así, se me asocia a la memoria que allí no había más emisora que “Radio Reloj”, ni más televisión que Tele Rebelde. Resultaba menos tedioso escuchar el grifo de la ducha del hotel que a estas inagotables fuentes de adoctrinamiento, que te machacaban las meninges, relatando tooooodo el santo día los “logros de la revolución” y las innumerables razones por las que los cubanos tenían que adorar al gran libertador, el Comandante en Jefe Fidel Castro Rus.
Por ejemplo, debían aplaudir el que, en un pésimo momento de escasez de comida por el que atravesaba el pueblo cubano, el gobierno les hubiera facilitado una larga lista de flores y plantas comestibles conque paliar el hambre; no es broma. Y, por supuesto, mucho más saludables que un mísero filete de vaca, ¡dónde va a parar! Los arengaban, con el cuajo del que sólo son capaces los comunistas, diciéndoles que su resistencia heroica al hambre, provocado- faltaría más- por el “bloqueo” de EEUU, iba a demostrarles a “esos invasores imperialistas” que “no les tenían ningún miedo”, repetido una, y otra, y otra vez, por un engolado locutor que terminaba, henchido de falsa emoción, con un “ ¡¡Patria o Muerte, Venceremos!! “.

Al hablar de algunas de las carencias del pueblo cubano, me voy a permitir retrotraerme a una situación que relaté aquí sobre la inolvidable visita que hice, junto a otros compañeros, a la casa de la fundadora del Conservatorio de Música de La Habana. Nuestra anfitriona, apenada por no poder ofrecernos ni un mísero refresco, quiso contarnos lo que ella, con mucha carga de ironía, dijo que era un chiste muy popular: “Venía un huevo frito, corriendo despavorido, huyendo de una turba hambrienta, cuando al volver una esquina se encuentra, recostado chulamente, a un coqueto filete. El huevo, alarmado al verlo tan tranquilo, va y le dice: “¿qué haces aquí parado?, corre insensato que estos que me persiguen, en cuanto te vean, te van a devorar”. El filete le contesta, burlón: “corre tú y no te preocupes, que a mí…… ni siquiera me conocen”. Ninguno de nosotros fue capaz de esbozar ni un rictus de sonrisa ante aquella dolida mujer, que ya llevaba más de seis meses sin recibir el pollo mensual que tenía asignado por ser diabética. Y que sus nietos de 7 y 9 años, allí presentes, habían crecido sin haber podido tomar un solo vaso de leche fresca.

En relación con estas carencias, y en contraposición, relato una anécdota que se dio en aquel vuelo de Iberia. Regresaban de La Habana, invitados por el gobierno cubano, algunos conocidos cantantes y “cantantas” progresistas españoles, integrados, más tarde, en el no menos progresista club de la ceja. Venían envueltos en un ridículo aura de romanticismo progre y babeante; tanto, que no paraban de alabar, en voz alta y entre ellos, las bondades de su mítico referente cubano. _ ¡Manda bemoles!_ me dije por lo bajinis. Entonces, yo, ejerciendo la faceta de relaciones públicas que daba mi profesión, me permití la intromisión diciendo, así como tontamente: “…….bueno, es que en la Marina Hemingway se vive de forma muy distinta al resto de la isla”. Entonces, con un premonitorio arqueo de ceja, me pregunta uno de ellos: ¿Es que a vosotros también os alojan allí? “¡Noooo, qué va!, contesté, ese exclusivo lugar está reservado sólo para los invitados del gobierno; es todo un privilegio”. Y ¿cómo sabes que hemos estado allí?, sigue el artista. Pues…… porque no es ningún secreto para ningún cubano que la Marina es un pequeño reducto de una abundancia absolutamente desconocida en el resto del país.

Aprovechando el aparente desconcierto que les produjo mi respuesta, les digo de seguido: “Seguro que os habéis encontrado por allí con alguno de los graciosos desfiles de niños pioneritos, luciendo orgullosos su impecable pañuelito rojo al cuello, y tan bien uniformados ellos como mal alimentados ¡Qué pena, ¿verdad?!…….. _ ¡Bah, venga!, que estoy de broma_, esos niños no saben ni que existe en su país un lugar como la Marina Hemingway”. _¡Qué mala leche!_, me soltó una de las famosas pasajeras. Pero yo continué en modo tontita y, sin darme por aludida, le dije bajito: “ni mala leche ni buena; no hay leche para ellos”. Me apresuré a decirles: “disculpadme, luego seguimos, que ahora tengo que trabajar”. Ya no me volvieron a dirigir la palabra durante todo el vuelo ni para pedirme un vaso de agua.
Me quedé, no obstante, con ganas de preguntarles si ellos también tuvieron que hacer la larga y lentísima cola, como todos los cubanos, para acceder a un delicioso helado en Coppelia. ¡Claro que no! Los cubanos sufrían la humillación de saberse ciudadanos de segunda, porque les era obligado ceder su turno a los extranjeros, tanto en Coppelia como en cualquier restaurante al que se les permitiera entrar. Por aquel tiempo, tampoco se les permitía entrar en los hoteles, ni en las “diplotiendas”, pequeños supermercados mal abastecidos, en donde sólo se podía pagar en dólares, y a los cubanos les estaba prohibido tenerlos. ¿Cabe mayor humillación?

¿Es este modelo innovador y progresista el que quiere Carmena para Madrid, micrófono en ristre? Ojo con esta banda, que no dan puntada sin hilo.
Democracia, Libertad y Verdad son al comunismo lo que la virginidad a María Martillo.

Estaba yo leyendo un magnífico libro que me está durando más que un martillo en paja, porque no soy capaz de concentrarme en él. Hay un grupo de pescadores en el pequeño lago, a orillas del cual vivo, rodeada de un bosque de pinos, vociferando.
Me altera la idea de ver que la gente educada y respetuosa ya no parece tener cabida en esta España, cada vez más cutre. Me altera la idea de alguno de ellos tire una colilla descuidada y……ufff, ¡no lo quiero ni pensar!
Este tipo de pensamientos-run run suelen coincidir con el despertar cansino y tocapel……(¡no lo diré!) de ese demonillo que llevo dentro al que yo llamo Max. Así que lo ignoro, y me doy prisa en digerir lo que estoy pensando porque, si lo dejo intervenir, se alargará mucho ésto.
Para escribir este sentir, tal y como me pide el cuerpo, debería ser yo una mal hablada barriobajera, o bien, para paliar los efectos, haber nacido con esa gracia envidiable, propia del que dice un exabrupto de los que echan abajo un pueblo, y les queda de aplauso. Pero no es mi caso, así que me comportaré.
En ello estoy, cuando me llega un mosqueante olorcillo a leña quemada, que me pone las pituitarias de punta. Levanto mi cuello como si fuera un perrito de la pradera, oteando de donde viene esa humareda amenazante. Veo, con inquietud, que algún vecino está preparando una barbacoa a lo grande; digo a lo grande porque se veía el arder de la leña muy cercano, para mi gusto. Justo ahí, ya noto el imparable desperezar de mi omnipresente Max, ese demonillo atosigante y burlón que le encanta azuzarme.
Le digo, fingiendo tranquilidad: está en su casa y tiene derecho a hacer su barbacoa. Entonces, Max, en su estado más puro, suelta: ¡Anda que, con esta brisilla que hace, como se le vuelen unas cenizas, con tanto pino por aquí, nos monta la de Nerón en Roma! Lo fulmino con la mirada, a la vez que le digo, sin mucha convicción, que confío en el buen juicio y cuidado del chef. Max, sin aparcar esa risilla irónica que me mata, va y me dice: ¿Pero no eres tú la que te pasas el día ronroneando eso de que España se ha convertido en un país de descerebrados e inconscientes de la vida, que…bla.bla.bla? Valeee, le digo, pero ya verás cómo este fogonero toma las debidas precauciones. Max, sin soltar la presa, sigue: Sí, sí, ya, pero menos precaución que la que hay que poner para limpiarse el trasero en el campo…..y mira la que ha liado el alemán de los c…. ¡¡¡Maaaaaxx, he dicho que tacos NO!!!!
Inevitablemente, ese olorcillo me trae a la mente los incendios de La Palma, Galicia, Levante, Portugal, etc., que me duelen casi tanto como si me quemaran las uñas de los pies. Y es entonces cuando me asaltan las ganas locas de soltar todos los improperios que nunca dije, corregidos y aumentados.
Max me increpa: ¡Menos mal que no tienes que legislar tú, que si no…! ¡ Pues mira, le digo, ya me encantaría, ya. A botepronto, se me ocurre que, como lo del término «cadena perpetua” suena duro para la sensibilidad de algunos, yo lo cambiaría por Actividad ORS (Oportunidad de Reparación Sostenible), por ejemplo, que es el lenguaje blando, equívoco y deslavazado que usan aquellos. Y, así, los pirómanos tendrían la Oportunidad de Reparar lo quemado: Sosteniendo pico y pala durante 10 horas de cada día de su vida, con los que cavar hoyos y plantar el mismo número aproximado de árboles que el de los carbonizados.
-Max se ríe de mi ocurrencia. ¡Qué va, Max, que no!, que esto no es cadena perpetua, de verdad. Mira, el contrato/sentencia sería: tantas hectáreas quemadas, tantas hectáreas repobladas; cuanto antes lo haga, antes se va Vd. a su casa. Y los buenos comportamientos se premiarán con hacer, en sus ratos de ocio, algún cortafuegos. Jajaja, ríe Max ¿Qué van a tardar mucho más que una vida en plantarlos? Pues, allá ellos. Que comprueben en sus carnes que se es mucho más lento en cavar, que el fuego en quemar. A ésto, sí lo llamaría yo Productividad Sostenible. ¡Se acabaron para éstos las “duras e injustas” cadenas perpetuas revisables, viviendo en la molicie de una cómoda cárcel que los vuelve fofos como nenazas!
Por primera vez, veo que Max se arruga ante mi rictus de satisfecha rabia infinita.
Pero este demonillo tocapel….. (¡no lo diré!) tiene recursos, y, aprovechando que los humos del vecino chef van remitiendo, y que yo respiro aliviada, vuelve a la carga, mientras se mira las uñas con ese gesto odioso, ya sabeis: Belencita, y hablando de otra cosa, ¿No te parece que tras ese afán del PSOE por denunciar hasta a los que llevan los cafés a Génova, se esconde una de sus frecuentes piruetas de distracción para que los demás no abundemos demasiado en la insólita noticia de que Snchz/PSOE no se suman a la impugnación de la candidatura de Otegi, por Bildu, como lehendakari?
¡Enésima traición socialista a España!, le contesto.
Max ha pillado desprevenida, y casi se me escapa un ¡Coñ……..ntra!. Pero me contengo a tiempo.
Cierro con rabia mi libro, porque así no hay forma de leer nada. Y me decido a ver, por enésima vez, la gran película que dan en la tele, “Horizontes de grandeza”, de William Wyler.
¿Grandeza?… ¿has dicho grandeza?, pregunta Max. Eso ya no se lleva mucho por aquí, ¿no? ¡A ver si nos actualizamos, hija!, me dice con chulería. No me doy por enterada, y le contesto enérgica, altiva, orgullosa, y ahuecando la voz para contener las lágrimas, que en España hubo y, aún, hay mucha grandeza. Y, si no, fíjate en el orgullo y la emoción de Mirella, Maialen, Sylvia, Rafa, y Marc cuando escuchan nuestro himno, en Rio, mientras se iza, en su honor y en el de todos los españoles allí representados, la bandera de España; Max, lo que les resbala por las mejillas son lágrimas de Grandeza.