Max y yo hemos llegado a Missouri. Los dos ansiábamos este remanso de paz, después de unos días muy movidos en Chicago. Tengo debilidad …
Mientras el cuerpo nos haga sombra, no nos cansaremos de gritar ¡ VIVA ESPAÑA !

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Max y yo hemos llegado a Missouri. Los dos ansiábamos este remanso de paz, después de unos días muy movidos en Chicago. Tengo debilidad …

Me callo, prudente para que Mónica no me recuerde con su verborrea mitológica ninguna referencia a la conspiración y conjura de los necios

Hoy acaba sus palabras asegurándome que la Transición fue una estafa y que su odio social le viene de ahí, de «esa chapuza» de los ganadores, más que de la propia Guerra civil en sí

Son borrachuzos, meones, violentos, que me hacen intuir un futuro complicado más allá de la crisis, el paro, o ese empacho ideológico que en la actualidad alimenta el Poder y el surrealismo político que nos invade

Y PASARON MÁS COSAS.., en aquel vuelo que, finalmente y contra el más optimista de los sueños, pudimos abordar y llegar a casa por Navidad

Acaba de llegar Aquilino, el propietario de un bar cercano, y saca el tema del discurso del Rey y la Casa Real. Y, mientras espera turno, afirma con aplomo que le gustó que la bandera de España fuera protagonista

Veo muy de mañana todos los días al joven Mamadou. Se intuye que se levanta con ganas de progresar y me alegro. Le he conocido pidiendo en la frutería de los chinos durante muchas semanas. Es fuerte y no tiene mas de veinte años. Viene de Senegal y sabe qué significa cruzar el desierto del Sahara huyendo de la muerte, y me ha emocionado algunas mañanas al cantar dulcemente, y a toda voz, en el cruce de la calle León con la calle Huertas, en el barrio de las Letras de Madrid. Entona bien el africano, sin desafinar. Se ha aprendido además un lema que intercala con su canción, sin intuir que ha comenzado con el discurso de la mentira

Críspulo Mochales ejercía de sexador de pollos en un pequeño pueblecito de Teruel. Era un señor regordete, entrañable y poco avispado, similar (salvo en la especie zoológica) a Winnie the Pooh, aquel osito que tenía muy poco cerebro.

Su canción, y también su gesto, me refrescan el Oblivion de Astor Piazzolla. Una auténtico tango cicatrizado en mi memoria llena de nostalgias

La terrible vecindad y la primera línea de la supervivencia, entre el amor a la vida y la muerte de la cultura

«El experto en tensión social luce la sucia estética de aversión a la ducha y el peine, con lo que muestra un trasnochado porte …

Emperador Jones andaba todavía en dudas sobre la veracidad de su descubrimiento al mirar al suelo. No podía ser pero ahí estaba la …


A Juanita la educó mi amigo Ricardo en el amor a los humanos. Imborrable recuerdo el ver los agasajos y pleitesías que la yegua le dedica cada mañana en que Ricardo le acaricia.

Pero hoy Ricardo me pide ayuda porque está preocupado. Uno de sus potros ha desaparecido y le buscamos Sierra arriba, Sierra bajo, por todos los prados. Se llama Papa Buco y no aparece. Al final de la jornada Ricardo y yo, exhaustos, nos damos un respiro sin palabras junto al salpicadero de la pick up y oímos a Andrés Calamaro y los primeros versos del tango “Por una cabeza” de Carlos Gardel y letra de Alfredo que dicen: “Por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar…” Y va Ricardo y se me pone a llorar.
Ricardo me cuenta que sus caballos se enamoran por la “Capa”. Y que durante su celo atávico, animal y poderoso, cuenta y mucho, el color de la pareja. Y que se teme lo peor, que el Papa Buco se haya enamorado y, por ello, perdido su razón de supervivencia. Tomamos unas cervezas y continuamos su búsqueda. No dormimos y al final nuestro esfuerzo nos recompensa. Ahí, junto a una cancela oxidada encontramos al potrillo que se lamenta. Le acariciamos al comprobar que Papa Buco tiene una inflamación mortal. Una yegua, está claro, le ha propinado una certera coz.
Casi sin hablar nos vamos en busca de ayuda y, en el coche, al ver pasar la vida fugaz por el cristal lleno de cagarrutas comenzamos a reír cuando en la radio suena otra vezó el tango bendito: “un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar” y es que Papa Buco, sabemos, se va a morir por el egterno juego del amor: Una yegua, sencillamente, le pateó sus partes en su primera escapada: su primer lance sexual.
En eso suena el móvil. Al otro lado, desde las praderas, llama Martín, el poeta gaucho, filósofo de la vida y la parrilla.

Y alegre nos dice que Juanita, la yegua preferida de Ricardo, acaba de parir un potrillo feliz y patilargo. La noticia nos impresiona a los dos. Apago la música y le digo a Ricardo:
– ” Lo justo es que se llame Papa-Buco como homenaje a su primo, a la vida y la muerte, y solo espero que este animal tenga mas suerte en su relación con las hembras y la naturaleza toda”.
Ricardo me mira y dice:
-” Qué fuerza Manuel tiene la vida y es que hace más daño un disgusto que una botella de ”.
Pongo la música y Calamaro acaba su canción.

Para una mejor comprensión de mis escritos aclaro, a quienes no lo conozcan, diré que Max es un personajillo virtual que vive en mí; es mi otro yo, al que visualizo como un diminuto y simpático diablillo crítico, irónico y descarado, siempre impaciente por decir lo que yo, por pudor, intento mantener a raya.