«Cecilia me miró, yo la miré, y ambos dirigimos la mirada a don Alejandro el perfumista, que ya había cobrado buenas perras por adelantado».
Alejandro el Perfumista. Por Diego Pardos

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«Cecilia me miró, yo la miré, y ambos dirigimos la mirada a don Alejandro el perfumista, que ya había cobrado buenas perras por adelantado».

«Sin darle demasiada importancia o énfasis, hoy Manuel me ha dicho que los españoles nos hemos sentado sobre el peligroso barril del fuego griego».

«Le sacó de la ensoñación la puerta del director de Recursos Humanos. Salía por ella el señor secretario de Estado, que con jovial campechanía le tranquilizó».

«Ya en casa pongo las noticias y constato que Juan tiene razón. A España, sin industria, le queda el convertirse en parque temático».

«Y así nos va en esta España en la que nadie salvo los políticos tiene crédito y una tarjeta de la administración».

La belleza te volverá loco, te hará pedazos… Destruye la vida de la gente y si puedes escoger: no es amor

«Las verdaderas motivaciones de tanta gente vestidita de verde con sus pancartas y panderetas, son las de la política de bajas miras. Qué pena para tanto esfuerzo».

Esta mañana me han sorprendido los cristales rotos del comercio de mi vecino Arturo. Un pequeño autónomo para el que su escaparte representa toda su capacidad publicitaria

Uno guarda esos objetos, en casi todos los casos, por las connotaciones afectivas y sentimentales que atesoran. Por lo general, cada uno está ligado a recuerdos mucho más valiosos que el objeto en sí.

Esta mañana mi corazón ha estallado al encontrarme con mi viejo amigo, don «Maciu Roberts», un diplomático de solera, residente en Madrid desde hace mas de diez años.

Recuerdo junto a la puerta de la casa en que vivió en Salamanca algunas reseñas históricas de sus dos últimos meses de vida. Tan actuales hoy en día, tan repetidas, que parecen polémicas y titulares de hoy. La libertad de cátedra, las autonomías, el secesionismo, el odio y la guerra como simples metáforas y no conceptos de los españoles empeñados en la recreación del mito de Sísifo y por tanto condenados eternamente a cargar con la piedra que hoy promociona la ANC catalana.

El tirano nos cocina en la olla a presión de la corrupción y el engaño, sabedor de nuestra falta de memoria, acuciados como estamos en la supervivencia cotidiana.

Su canción, y también su gesto, me refrescaron el Oblivion de Astor Piazzolla. Una auténtico tango cicatrizado en mi memoria llena de nostalgias.

Tras aceptar la propuesta de Nikolau, los dos nos dirigimos hacia su hogar en uno de los infinitos pisos patera de Madrid