«Me gustaría decir unas últimas palabras. El lugar donde voy a morir no es feo del todo. Creo que ya no tiene sentido seguir cavando…»
La tumba. Por Gallego Rey

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«Me gustaría decir unas últimas palabras. El lugar donde voy a morir no es feo del todo. Creo que ya no tiene sentido seguir cavando…»

«No dejaba de relampaguear, pronto comenzó a caer una gran cantidad de agua. Él seguía caminando apenas sin alterar su paso, como insensible a la tormenta».

«Busqué con ansiedad a la mujer. La gente apenas me dejaba ver. Impasible, el autobús arrancó perdiéndose en la calle».

«Cuando pases por aquí y veas esta rama completamente desnuda, acuérdate de que alguien que tenía su pequeño corazón, te dijo estas cosas».

«Al parecer, alguien acababa de precipitarse al vacío desde algún piso alto hacia los jardines interiores».

Dicen que fue primer bailarín en una gran compañía, dicen que, por culpa de un amor no correspondido, se hundió sin remedio,,,

“Cuando se recibe tanto daño, hasta alguien tan inofensiva como yo, puede convertirse en la peor de tus pesadillas”.

«Accedí a la planta superior por unas desvencijadas escaleras. El eco, al pisar la madera, resonaba como si alguien viniera detrás de mí».

«Ante alguna provocación cómica del payaso, todos a coro voceaban al unísono, desgañitándose hasta conseguir que su voz fuera la que más sobresaliera».

«Una melodía quedaba difuminada por el murmullo intrascendente y por las voces de los vendedores que exhibían en el suelo sus mercancías».

Al salir la luna una densa humedad formaba parte de aquel paisaje, al que iba dando un tono blanquecino en esa pegajosa niebla.

«Así estaba yo cuando mi amigo Eusebio, de regreso de la toilette, me anunciaba que acababa de pedir matrimonio a la camarera».

«El problema es que los bancos han comprado la insoportable deuda de los estados y así estamos, nuestros ahorros en manos de nuestros políticos».

«Areta estuvo a punto de decir algo mientras sostenía el filo de la puerta. La cerró en silencio. Pero es que las cosas no eran de otra manera. Y ya era tarde para morir»