La marranada es el sueldo que cobramos, las gilipolleces del gobierno y la moda esa de situar en altos cargos a gente realmente desequilibrada.
La marranada. Por Rodolfo Arévalo

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La marranada es el sueldo que cobramos, las gilipolleces del gobierno y la moda esa de situar en altos cargos a gente realmente desequilibrada.

Este mes toca humillar al CNI y sacar del trullo a unos cuantos terroristas. Siempre quedará Rusia para cuando nos echen de la OTAN.

Moraleja de los cuentos verosímiles: Nunca des tu confianza a aquellas personas que, al poco tiempo, sacan su lado diabólico y engañan compulsivamente

Lo más cómodo y expeditivo, en el mundo de las ideas, es compartir las opiniones que difunde el Gobierno y sus satélites.

«Margarita Robles: Blanco y en botella o si lo prefieren si parece un pato, nadacomo un pato, y grazna como un pato, probablemente sea un pato.

Robles sirve a Sánchez y a ERC la cabeza de la directora del CNI y sigue de Presi disfrutando del palacio unos días más: qué alegría.

Españoles, Sancheztein ha muerto con todo su gobierno «Entre dos aguas» al ocultar los 20 millones del ICO a la productora de su serie.

El problema es que este Pinocho Sánc-HEZ se apoya en los enemigos de España y me recuerda a Gump: Felón es el que hace felonías.

Ante el triunfalismo de los trileros no queda otra que seguir contando las verdades del barquero por muy cansino que pueda llegar a resultar.

Gracias Feijóo pero ya llevamos demasiados años de coqueteos con los catetos pueblerinos de los pesebres regionales.

En los pueblos, desde siempre, hubo algún tonto. El tonto del pueblo, le llamaban. Ahora hay muchos tontos. Ahora somos muchos los tontos.

Sánchez humilla a los Servios de Inteligencia, haciendo que su responsable se reúna con los partidos golpistas y filoterroristas para justificar su actividad.

Igual que en el Lazarillo de Tormes salvo que en vez de uvas, en la actualidad debemos hablar de la digestión de millones de euros

Pillan a Sánchez haciendo trampas. Hay que cambiar el relato: La culpa es del CNI. Otra institución que se sacrifica para su supervivencia.