«No recuerdo que abriesen la boca cuando Hamás asesinó a mil quinientos israelíes, niños y mujeres entre ellos».
Tergiversar la realidad. Por Anna Castells

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«No recuerdo que abriesen la boca cuando Hamás asesinó a mil quinientos israelíes, niños y mujeres entre ellos».

«¿Acaso los insultos y vejaciones a la religión cristiana están amparados en la libertad de expresión y los del padre Custodio no?».

«La obsesión colectivizadora del Gobierno amenaza con borrar libertades básicas mientras fracasa en dar soluciones reales»

«Un gobierno corrupto no puede luchar contra su propia corrupción, iría contra sus principios, pero lo que sí puede hacer es retorcer la ley a gusto de sus intereses».

«Todos hemos comprobado como el «Gran Señor», «El puto amo de turno» jamás llegó para actuar por y para nosotros».

«La corrupción personal, familiar, de partido y de gobierno que pretenden seguir tapando con la bandera de Palestina y Gaza pasa por la humillación de nuestras FAS».

«Histórico discurso del Presidente ante la Asamblea General de la ONU solicitando el reconocimiento de la Ínsula Barataria como estado soberano».

«Desde el antiguo congreso, hoy reconvertido en antro, los mismos de siempre están fraguando la misma tragedia que provocaron en 1936».

«Vaya por delante que no deseo la muerte violenta ni me alegraría por ello si un hecho así le ocurriera a Sánchez o Iglesias»,

Banderas palestinas, todas igualitas, con un palo idéntico, y si la policía quiere analizar las imágenes encontrará las mismas caras.

«Utiliza la palabra genocidio conscientemente, con la finalidad de contentar a sus socios del lado oscuro de la historia que lo mantienen en Moncloa, donde tan cómodo se encuentra».

No podíamos quedarnos quietos, viendo a la familia Iglesias-Montero y su hipocresía era digna de mencionar: «Los hijos del Führer».

«Érase el rey desnudo, un gángster en el patio de Monipodio, que convirtió el gobierno de España en la corte de los milagros».

«La Vuelta Ciclista a España 2025, prevista para culminar el próximo domingo en Madrid, se ha transformado en un auténtico campo de batalla de guerrilla urbana».