No podemos estar una hora más con su sanchidad en La Moncloa. Mortadelo y Filemón era un buen cómic, este es un mal Presidente del Gobierno.
Mortadelo y Filemón Sánchez. Por Javier Ygartua

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No podemos estar una hora más con su sanchidad en La Moncloa. Mortadelo y Filemón era un buen cómic, este es un mal Presidente del Gobierno.

Tenemos un presidente megalómano. ¿El espía espiado? A estas alturas nadie cree a Pinóchez. Tiene un Gobierno sin credibilidad.

Sea cual fuere la salida del actual laberinto, lo más probable es que asistamos a un final de ciclo: nada menos que el de la transición democrática.

Fracaso en la movilización de los sindicatos del gobierno en el Día del Trabajo. Están sorprendidos del escaso gancho de sus pancartas.

El intelecto no debe ser una cualidad comunista o al menos no es tenido en cuenta y eso a pesar de que Marx era un intelectual puro y duro.

El gobierno de Juanma Moreno ha ido en dirección contraria al de Pedro Sánchez y Andalucía es hoy una región segura, solidaria y leal.

ETA jamás murió, dejó de matar. El odio a lo español, ese rechazo y racismo a los que no compartíamos ese sentimiento nacionalista jamás acabó.

Eso sí, estar jubilado trae muchas ventajas que no le deseo ni al peor de mis enemigos, a no ser que sean vagos redomados.

Lo importante es que esto no se mantiene y otra vez, nos emplazan con buenas palabras a 2025: Estamos como el rosario de la aurora.

Sánchez quiere seguir en la dolce vita y no quiere destapar ese tarro. Los indepes lo saben y se crecen: no hay mejor defensa que un buen ataque.

Juan Espadas, presumiendo como si, fuera un orgullo ser Socialista. “Los Miserables Profesionales” debiera de llamarse la película.

Hablando en serio, unos cuantos datos que permiten hilar el supuesto espionaje a los independentistas, Putin, la OTAN y Margarita Robles.

Otra vez pillan a Sánchez haciendo trampas. Lo raro es que haya alguien que se escandalice. ¡Sánchez, menudo elemento!

Los bildutarras, los golpistas y enemigos de España con acceso a secretos de estado para salvar la legislatura. Simplemente acojonante.