Manos Limpias está bien cuando denuncia a miembros de la familia real pero es un sindicato de ultraderecha cuando denuncia a la mujer de Pedro Sánchez…
Todo un lío: Manos Limpias y Begoña Gómez. Por Anna Castells

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Manos Limpias está bien cuando denuncia a miembros de la familia real pero es un sindicato de ultraderecha cuando denuncia a la mujer de Pedro Sánchez…

Para este viaje sobran cretinos y cobardes, faltan hombres con reaños e ideas, pero sobre todo altura moral y patriotismo.

Nos dicen que de ETA no hay que hablar, y encima nos hablan de convivencia, esa convivencia entendida como olvido y pasar pagina.

El sanchismo perdona al sanchismo y tiro porque me toca, mientras no hay uno de ellos que no coseche abucheos cuando sale a la calle.

(Sánchez, antes de las elecciones vascas:) -Eres un poco malaje, ¿eh, Pello? ¡A ver si aún te voy a dar ‘pa´l’ pelo! ¡ETA mala, muy mala; ya te digo!

Creo que ya es hora de denunciar en voz alta a todos esos blanditos equidistantes, los Equidistantitos, que son artistas del sí pero o del pero también.

¿Por qué el señor Carlos Cruzado sale permanentemente a dar su opinión en todas las televisiones públicas y las televisiones generalistas?

Escucha Bego, vete preparando las maletas, porque tendremos que huir de España más pronto que tarde y escopetados.

La ruina de nuestro Estado está subvencionada desde La Moncloa por el ninfómano del gasto público y la economía improductiva.

La España contemporánea conoce de sobra lo que ha significado para la ciudadanía la existencia de un movimiento mafioso y criminal, como ETA.

A mediados de este año 2024 se ejecutará otro contrato para que los ministros y Sánchez aparezcan esplendidos en sus actos maquillados como verdaderas estrellas de Hollywood.

El citado como Fugitivo, se subió de nuevo al Falcon para erigirse en líder internacional en una nueva fuga de agenda por Irlanda y Noruega…

A tal punto le puede, a Sánchez, la mezquindad, tan miserable se muestra en todos sus actos, que le causa a uno auténtica vergüenza ajena.

La Izquierda está descolocada, y el problema siempre es su incapacidad genética para admitir la posibilidad de que se pueda pensar de forma distinta a como establece su ideología.