Soy de la España celta, la de los iberos, la de los duros visigodos, la del Imperio Romano, la que habitaron los árabes, la que sufrió la Inquisición, la que se lanzó a la gran aventura de descubrir otras tierras, la que con picos y palas derrotó a Napoleón…
Soy de la tierra que parió a Cervantes, a Lope, a Gongora, a Goya, a Velazquez, a Picasso, a Falla, a Albéniz, a Isaac Peral, a Benavente, a Ramón y Cajal… la de los patios cordobeses llenos de flores, la tierra del Ingenioso Hidalgo, la de la sobria Castilla, la del Cantábrico bravío,la de las grandes catedrales, la que recorren los peregrinos desde Roncesvalles a Santiago, la del taranto y las bulerias, la de la recia jota aragonesa que pone un nudo en la garganta cuando se escucha. Soy de esta tierra, la que se siente unida, la que respeta sus símbolos y sus tradiciones, porque respetarlos es respetarnos a nosotros mismos. Corren tiempos revueltos para toda esta grandeza, pero ahora más que nunca siento que SOY ESPAÑOLA.

Decía Miguel Hernández en uno de sus bellos poemas:
«…Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros…»
Esto es España.


