Del mal entendido Derecho a decidir a la obligación de acabar en prisión… Y al bochorno y desencanto

Salida de Puigdemont, el Máster con piernas y preso del falso derecho a decidir. Ilustración de Nachete
Salida de Puigdemont, el Máster con piernas y preso del falso derecho a decidir. Ilustración de Nachete

 

 

“El supuesto Derecho a decidir del que se habla mucho en los últimos tiempos y sigue siendo uno de los repetidos mantras del argumentario nacionalista”

 

 

 

Dedicaba hace tres años, en el Blog cordobés Desde el Caballo de las Tendillas -donde empecé mis pinitos como articulista de opinión fuera de las redes sociales-, un artículo sobre el supuesto “Derecho a decidir” del que se habla mucho en los últimos tiempos y sigue siendo uno de los repetidos mantras del argumentario nacionalista en una interpretación tan partidista y sesgada como, a mi juicio, errada. Decía entonces que ‘decidir’, como verbo transitivo que es, implicaría hacerlo sobre algo y ahí, nuestro “derecho” puede encontrarse limitado por la cosa sobre la que se quiera decidir y la licitud de hacerlo.

Los que llevan tiempo leyendo mis reflexiones, recordarán que digo desde hace tiempo que ”la permisividad y falta de actuación por parte de los diversos gobiernos (de los últimos treinta y seis años, al menos), se ha traducido en la triste realidad del VALE TODO y NUNCA PASA NADA” y hemos sido testigos de numerosas manifestaciones en las que los “hechos consumados”, basados en ese libertinaje, merced a la tan de moda “corrección política” que se ha impuesto en un país tan garantista como el nuestro, no tienen la debida respuesta de gobernantes, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad -a los que se limita en sus actuaciones- y, hasta ahora, jueces. Ocurre cada vez que esa parte de la sociedad “ejerce sus derechos”, como han demostrado recientemente los autollamados CDR -Comités de Defensa de la República- aparecidos en Cataluña, que se “expresan” cortando vías de comunicación o destrozando mobiliario urbano -“que no es de nadie”, claro- como protesta por la detención de unos políticos que han incurrido en delitos muy graves contra el Estado. Como dijo en su día José Mª Aznar, aunque creo que en sentido contrario, se produjo el efecto de “lluvia fina” que, al final, acaba calando tanto o más que un chaparrón en una sociedad en la que la educación brilla por su ausencia “gracias” a esa “igualdad” (igual-da, sería más correcto) por abajo que el progresismo quiso y el conservadurismo no fue capaz de contrarrestar.

“Las principales causas de esta situación que, a mi juicio, aboca a un final, cuando menos, incierto”

Dicho esto, repasaba a grandes rasgos las principales causas de esta situación que, a mi juicio, abocaba a un final, cuando menos, incierto -decía entonces- y que ahora la Justicia, a la que nunca hubiera debido llegar de esta forma de haber actuado a tiempo -unos y otros-, trata de resolver:

1.- Marco constitucional abierto en su Título VIII. Se reconoce en él una organización del Estado en Comunidades Autónomas, muy pronto “evolucionadas” a “Nacionalidades”, “Países” o “Realidades Nacionales”, eufemismos todos para no llamar a las cosas por su nombre -meras regiones- que como se ha visto no tenían otro objetivo que atentar contra lo que consagra el Art. 2 de la Constitución: “la indisoluble unidad de la Nación española”. Claro que si recordamos aquello de “La palabra nación es un concepto discutido y discutible”, del “insuperable” Rodríguez, el desastre estaba servido desde su llegada y su Ley de Memoria histórica -o histérica y sectaria- y demás barbaridades, hicieron el resto.

No viene mal recordar -de nuevo- el pronóstico que, tan acertadamente, adelantó Fernando Vizcaíno Casas en su “profético” libro “Las Autonosuyas” -1981- que, por cierto, recogía al principio una copia de un artículo del ya desaparecido Diario Madrid, con unas declaraciones del entonces Secretario de Organización del PSOE, Alfonso Guerra: “El proceso autonómico se ha convertido en un proceso de auténtico cachondeo” -perdón por la redundancia, pero lo recojo literalmente-. Y todavía no había llegado Juan, el hermano de “mi h-en-mano”, con sus “cafelitos” y todo lo que vino después. Añadía don Alfonso que: “Se ha dividido al país en parcelas y se está vendiendo como una urbanización…”, adelantando algo en lo que luego él y su partido parece que tuvieron una parte más que destacada.

2.- Llegó después la malhadada transferencia de competencias de Educación -para mí, la clave de todo el desastre-. Ni más ni menos que darle las armas al enemigo y, además, pagarle -vía Presupuestos y FLA- las municiones. Algo así como inyectar en el ADN de las generaciones nacidas desde 1975 una ‘célula cancerígena’ con los caminos para la metástasis garantizados, porque no otra cosa significaba darle a los ‘reyezuelos’ separatistas la capacidad de influir desde la edad preescolar en el sentimiento nacionalista que, como hemos podido comprobar, acabó por prender desde el adoctrinamiento y la inmersión lingüística en escuelas, colegios y universidades -forzada desde entonces- ante la pasividad del Estado. Es decir, se confirió a los secesionistas la potestad de “pastorear conciencias”.

3.- Siguió la utilización insensata -desgraciadamente común hoy- por la mayoría de políticos y medios de comunicación -nacionales y regionales (públicos y privados)- de muchos términos en las lenguas o dialectos regionales, hasta convertirse aquellos, muchas veces, en altavoces del gobernante de turno para expandir consignas de regionalismo creciente, hasta llegar a la permitida -cuando no potenciada y hoy ‘normalizada’- aberración de que España sea la única Nación de habla hispana, del mundo, en la que no se habla Español sino ‘castellano’, lo que puedo afirmar por mis vivencias en diferentes países hispanoamericanos en los que dicen “hablamos en Español’ y nadie dice “en castellano”. Recuerdo a un conferenciante -al que se lo recriminé en una intervención pública con asistentes de otras comunidades- que me dijo: “es mejor decir castellano para no herir sensibilidades y evitar un choque de trenes” (sic). Mi respuesta fue: “Algo se hizo muy mal para que, decir que en España se habla español, produzca un choque de trenes”.

Y, como decía antes, de esta cesión continua y permisividad creciente, no han sido ajenos ninguno de los dos grandes partidos -“progresistas” y “conservadores”- que se dicen de ‘ámbito nacional’ -ni los otros- y en esa línea de “reconocimiento” consentido surgieron nuevos organismos, llamados ahora “nacionales”: Agencias de Meteorología, Consejos Consultivos, Consejos Económico-Sociales, etc., acuñando, para los que hasta entonces venían siendo Nacionales, de verdad, el término “Estatal”.

4.- Se remató el desaguisado con numerosos incumplimientos de sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional en relación con la libertad de elección de enseñanza, hasta el punto de haberse llegado prácticamente a una inmersión lingüística en la que, a duras penas, se “permiten” dos horas de Español a la semana para maquillar lo que dice el Art. 3 de nuestra Constitución. Para esto parece que el “derecho a decidir” no cuenta.

En resumen, durante los casi cuarenta años de nuestra Constitución se ha ido preparando un ‘cocktail’ explosivo, con algunos ingredientes ya precocinados, que no se tuvieron presentes cuando se negoció ¿o sí por parte de algunos?, y que un ‘barman’, débil aparentemente, llevando al extremo su “diálogo sin fecha de caducidad” y algunas “conversaciones ocultas”, remató al no cortar enérgicamente dos “consultas” públicas en Cataluña (9-N-14 y 1-O-17) que, en el colmo de nuestro régimen garantista, han llegado a los tribunales cuando la situación alcanzó su límite ¿No pudo aplicarse la ley con carácter preventivo antes de sobrepasar todos los límites? Parece que no, cuando de ser “garantístas” se trata. Lo cierto es que el abuso del mal entendido “derecho a decidir”, sin respeto del marco legal, llevó al Gobierno a la aplicación in extremis de las leyes -más suave de lo debido, por imposición de una Oposición lamentable, C’s y PSOE- y, a través del Tribunal Supremo, a poner en marcha la implacable maquinaria judicial, puesta de nuevo en entredicho en esa Europa con la que algunos soñaban. Porque cuando parecía que tras el esperpéntico y vergonzoso peregrinar europeo de unos traidores fugados -amparados por países supuestamente democráticos, como Bélgica primero y Suiza y Escocia después- se abría un rayo de esperanza en un país considerado serio, como Alemania, que parecía certificar el fracaso del atentado contra el orden constitucional español y poner fin a la cobardía ante el delito del principal encausado, que había dejado en la estacada a sus cómplices y representados, y podía pensarse que se atendía, por fin, en toda su extensión, la Orden de Detención y Entrega cursada por el Magistrado Llarena, llegó el bochornoso desencanto. El impecable comunicado del portavoz del Gobierno alemán, el primer día, y el reconocimiento después por parte de la Fiscalía, junto con la decisión de ingreso en prisión del huido, pareció concebir que había correspondencia entre los delitos por los que se reclamaba al “presunto” golpista y los contemplados en la legislación alemana y que ese “derecho a decidir” -seguir poniéndose en ridículo- se terminaba, al menos, para uno de los fugitivos al que sus únicas posibilidades de “decisión” se limitarían a elegir entre tostadas calientes y salchichas frías -o viceversa, que tanto da- ataviado con el chándal verde que los reclusos visten allí -sin bufanda ni lazo amarillos-, durante un par de meses, más o menos, periodo previsible para tramitar la petición de extradición, por parte de la Justicia alemana.

“Al parecer, alterar el orden público con altercados callejeros, destrozar coches de la Guardia Civil, cortar autopistas, llamar a la rebelión y destrozar mobiliario urbano, etc., no es violencia”

Pero en este mundo garantista en el que la justicia -con minúscula otra vez- es interpretable, surgió la sorpresa y una audiencia regional formada por tres jueces -supuestamente conservadores- cambiaron el veredicto inicial y no ven rebelión, por “falta de violencia”. Al parecer, alterar el orden público con altercados callejeros, destrozar coches de la Guardia Civil, cortar autopistas, llamar a la rebelión y destrozar mobiliario urbano, etc., no es “violencia” para ciertos jueces que sólo deben entenderla si hay armas, muertos y heridos -que los hubo, pero no lo suficientemente graves para ellos-. Quiero pensar que la Fiscalía alemana recurrirá este auto si es que no se les “escapa” antes el encausado.

Dentro del varapalo que supone para la mayoría de los españoles esta decisión, me quedo con la parte positiva de los trece días en prisión de Picodelmomte, compartiendo “pensión” con delincuentes comunes, en espera traslado al “hotel” español donde compartirá “vacaciones” con los ya encerrados, gracias, en buena parte, a su demostración del “riesgo de fuga” que llevó entre rejas a unos, desde el principio, y retornó a otros, tras acreditar su particular sentido de “arrepentimiento” y enmienda.

Mientras, por aquí, los que van quedando sueltos seguirán con sus algaradas callejeras, inversamente proporcionales en mi opinión a la respuesta recibida y al tiempo que transcurra, si se hicieran las cosas bien, que no sé si se harán.

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Antonio de la Torre

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

6 comentarios sobre “Del mal entendido Derecho a decidir a la obligación de acabar en prisión… Y al bochorno y desencanto

  • el 7 abril 2018 a las 9:59
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    Estujpendo texto del que nadie en su sano juicio podría discrepar. Pero vivimos tiempos en los que la razón no es una baza a favor de quien la esgrime, y suele caer en tierra seca cuando se trata o toca intereses bastardos. Los del llamado ‘prusés’ viven de ese trabajo ruin, y no se apearán del burro ni caerán nunca de ese caballo. Como a la chiche sólo cabe desalojarlos con el agua caliente. No valen razones, porque se han esgrimido ya todas. El 155 fue una buena idea constitucional, pero ya vemos que NO SE HA APLICADO.

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  • Antonio De la Torre Luque
    el 7 abril 2018 a las 12:34
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    Muchas gracias por su comentario, querido profesor. Es todo un honor para este modesto aficionado de “vocación tardía”, contarlo entre mis lectores y recibir su opinión. Desgraciadamente, coincidimos en la sinrazón que se ha venido instalando en nuestra sociedad, pero es lo que hay, aunque no dejaremos de intentar crear opinión en sentido contrario y en defensa del sentido común, que es lo que nos va quedando a los mayores.
    Espero que en una próxima convocatoria de nuestro editor, pueda tener el placer de conocerle personalmente, después de escucharlo durante mucho tiempo en las mañanas del fin de semana de RNE.
    Buen fin de semana y un fuerte abrazo.

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  • Maria Belén Lopez Delgado
    el 9 abril 2018 a las 1:18
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    Extraordinario artículo, como es habitual en tí.

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    • Antonio De la Torre Luque
      el 9 abril 2018 a las 17:56
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      Muchas gracias, Mª Belen. Eres muy amable. Celebro que te haya gustado.
      Un abrazo,

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  • el 10 abril 2018 a las 17:16
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    Sobre el derecho a decidir, creo que está dicho todo; decidir sí, pero por parte de todos los españoles y sobre algo que a todos nos concierne. No deja de ser una matraca persistente por parte de los separatistas que a nadie engañan, salvo a ellos mismos.
    Referente a que todo se debe a la permisividad por parte de los distintos gobierno del bipartidismo, ¡Que duda caber!, pero se convendrá en que a las primeras de cambio no se les iba a “cortar” las alas, por aquello de no ser intransigentes, al tipo que siempre se pensó de que de “ahí” no pasarían; si bien se podría haber tenido en cuenta la Historia, para no repetirla.
    Que un error, que ahora vemos palpablemente que se cometió, fue la creación de las Comunidades Autónomas, varias de ellas uniprovinciales, para más “inri”. Que más error todavía fue cederles la competencia educativa, salta a la vista, al que le se puede añadir el calificativo de craso.
    Resumo, pues, en que coincido totalmente con el articulista y que ahora estamos pagando el café que fue para todos.

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  • Antonio De la Torre Luque
    el 20 abril 2018 a las 21:01
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    Muchas gracias por su comentario, don José F. Celebro su coincidencia con mis puntos de vista.
    Un abrazo.

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