El tren de España debe bajar a Susana Díaz en Extremadura. Por Juan García Montero

Susana Díaz
Susana Díaz

“Hubo quien creyó que Susana Díaz, no solamente iba a ser la salvadora de Triana, sino que además estaba llamada a representar y a dirigir a la social democracia española”

Mucho hemos hablado y escrito sobre el futuro de Andalucía y las consecuencias regionales de un cambio de gobierno necesario y esperanzador para nuestra Comunidad Autónoma. Tanto, que entre pactos y componendas de la escenificación de un acuerdo tripartito para la investidura, hemos dejado en un rincón, triste y apenada, furiosa y vengativa a la ex Presidenta Susana Díaz.

Desde que Cháves y Griñán saltaran por los aires, el PSOE andaluz necesitaba apoyarse en alguien que retomara un liderazgo de un territorio especialmente clave para el socialismo nacional. Tal como viene pasando en nuestra democracia, puestos a buscar, las fuerzas ocultas del partido de Ferraz, localizaron un diamante en bruto de las Juventudes Socialistas, que ha terminado siendo más bruto que diamante. Hubo quien creyó que la señora Díaz Pacheco, no solamente iba a ser la salvadora de Triana, sino que además estaba llamada a representar y a dirigir a la social democracia española.

Es incuestionable que desde la transición hasta nuestros días, el PSOE junto a UCD y más tarde el PP, conformó un eje fundamental en el equilibrio del país, del avance democrático y de la construcción de una nación fuerte y alternante. Con ideas claras y anclados a los principios fundamentales de la Constitución de 1.978, entre rosas y gaviotas, España saltó rumbo a una consideración internacional ejemplar y de la que todos los españoles nos debemos sentir orgullosos.

Consideraciones ideológicas personales al margen y hablando de democracia, nadie en un estricto sentido de responsabilidad, puede afirmar que estos años del reinado de Juan Carlos I, fueron realmente excepcionales. Líderes como, Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar, ayudaron a construir el país que ahora disfrutan nuestros hijos. Con ellos, dos grandes estructuras organizadas, afianzaron la unidad nacional y el desarrollo del Estado Autonómico en paralelo.

La cosa comenzó a ponerse fea cuando uno de estos partidos, el socialista, se escapó de las manos de José Bono y aterrizó en el equipo y las ocurrencias de ZP. Un congreso nacional de fatídicas consecuencias para España y su equilibrio territorial. Zapatero como buen maestro de Pedro Sánchez, abrió la caja de los truenos y las aspiraciones separatistas vieron en la debilidad, la corrupción y las dificultades económicas, la oportunidad de acelerar un pulso a la Constitución y a su equilibrio, un pulso que todavía dura.

Durante el reinado Gallego de don Mariano, el Socialismo intentó rearmarse por el bien de España y apartó a Pedro Sánchez de un manotazo en una operación de patriotismo sublime. El error fue elegir mal a la persona que debía liderar un trozo del futuro de nuestra Democracia. Sencillamente, Susana Díaz no ha dado el nivel porque no lo ha tenido nunca. La política necesita políticos y no marionetas con un guión en las manos. Seguramente por eso, los desastres socialistas han venido uno tras otro. La recuperación de Pedro Sánchez fue el comienzo del fin de la esperanza del PSOE y la caída andaluza es sencillamente la certificación de que Susana Díaz debe reconocer su fracaso global.

Pienso de verdad, que el fondo ideológico de la ex Presidenta andaluza es infinitamente mejor que el de Pedro Sánchez y por eso, por el bien de España y por nuestra democracia, los socialistas de bien, deben bajar del tren a Susana y buscar a un patriota que recoja los escombros que está dejando el actual inquilino de la Moncloa.

Guillermo Fernández Vara
Guillermo Fernández Vara

“Guillermo Fernández Vara espera a que llegue el tren a Extremadura. Lo espera de verdad, las locomotoras están oxidadas y las vías apenas permiten una velocidad aceptable para llegar a Madrid”

Guillermo Fernández Vara es de esos socialistas a los que en caso de extrema necesidad cualquiera puede votar. Dice las cosas claras, defiende sus ideas pero lo hace respetando las de los demás. Son tiempos de recuperar posiciones, el PP lo está haciendo muy bien con Pablo Casado, el PSOE tiene que empezar a planificar el futuro equilibrio de España.

He vivido en carne propia una lucha interna de partido y he podido comprobar que la razón no basta, hace falta un factor terrible pero indispensable para ganar una batalla y es el interés del aliado. Susana ya no le interesa a nadie, ha perdido, se va a quedar sola y lo que es peor, los interesados lacayos de Pedro Sánchez, la van a matar a golpes para pagar el insulto de haber competido en un congreso nacional con el macho alfa.

Ella no lo sabe, pero la puerta la tiene abierta y si no toma el camino de la indiferencia y el silencio discreto, los perros rabiosos cambiarán los ladridos por bocados inútiles, sólo por el afán salvaje de hacer daño. Así somos los animales y los humanos somos el peor de todos cuando llega el caso de defender el territorio político.

Guillermo Fernández Vara espera a que llegue el tren a Extremadura. Lo espera de verdad, las locomotoras están oxidadas y las vías apenas permiten una velocidad aceptable para llegar a Madrid. Todo dependerá de los Presupuestos Generales del Estado. Si el poder se compra con dinero volará a ponerse un lazo amarillo, si el poder se hace con ideas, Susana dejará las maletas en un andén frente al teatro romano de Mérida.

 

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Juan Manuel Garcia Montero

Juan Manuel Garcia Montero

Afiliado del Partido Popular dese 1.990 soy en la actualidad concejal en el ayuntamiento de Granada. He sido Concejal de Cultura durante 13 años consecutivos y ejercido la responsabilidad de ser portavoz del grupo municipal del PP y del gobierno de la ciudad durante cinco años. En 2016 presenté mi candidatura a la Presidencia del PP de Granada y una Sentencia judicial acaba de darme razón al declarar la nulidad del proceso congresual en el que han quedado demostradas las irregularidades internas que me impidieron acceder a la presidencia.

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