Considerar el odio un delito es tan soberana estupidez como criar cuervos golpistas. Por Rodolfo Arévalo

Cría cuervos del odio. Ilustración de Tano y Tururu
Cría cuervos del odio. Ilustración de Tano y Tururú

“Considerar el odio un delito, es una soberana estupidez. El odio no es un delito, es un sentimiento contrapuesto al amor”

Considerar el odio un delito, es una soberana estupidez. El odio no es un delito, es un sentimiento contrapuesto al amor. Puede alguien controlar el amor a algo o a alguien, lo veo difícil la verdad. Lo mismo digo y ocurre para el odio. Yo por ejemplo odio el agobiante calor húmedo, las moscas, el fútbol, la estupidez, los móviles y muchas cosas más. En cambio amo muchas otras cosas, por ejemplo la lectura, la música, la conversación sobre temas de la vida y otras cosas más.

Pero debe ser precisamente por estos, mis amores, por lo que algunos me odian, porque no les interesa nada de lo que a mí me interesa. ¿Voy a desacreditarles y vituperarlos socialmente por ello? No, ¿pero debería hacerlo?, según los adalides del odio a los odios debería hacerlo, pero solo si los odios no son tan inconcretos. Tienen que ser odios selectivos, elegidos a propósito, odios que se deben ejercer adrede, he ahí la estupidez, para poder desacreditar convenientemente al odiador.

“Decir delito de odio, es como no decir nada, porque no es un acto, ni siquiera una acción u omisión, el odio es un sentimiento”

Decir delito de odio, es como no decir nada, porque no es un acto, ni siquiera una acción u omisión, el odio es un sentimiento, que pertenece al ámbito privado del pensamiento, y unos lo sienten ¡pobres! y otros no. Aunque yo creo que todo el mundo odia algo, porque es un sentimiento humano y como dijo Terencio, “nada de lo humano me es ajeno”.

Yo por ejemplo, odio la farragosidad de la administración pública, sobre todo la de la hacienda pública. También odio que los precios de los alimentos estén por las nubes. Así mismo odio a los que intentan que les odies y ejercen de tal manera que tengas que acabarles odiando, para que puedan llamarte odiador. El odio parece un gas, no noble, pero moldeable para que los que lo odian puedan adaptarlo a muchas situaciones para hacerlo coincidir con por ejemplo opiniones lícitas contrarias a las de las mayorías sociales mediáticamente influenciadas.

Esto lo saben los periodista actuales y como además no tienen más remedio que inclinar la testuz obligatoriamente ante las pocas opciones profesionales existentes, la mayoría pertenecientes al escorado a babor mediatico, al que tanto ayudo Soraya, pues eso, que o pasan por el aro o son laboralmente ¿odiados? ¡No, que delito más feo!, más bien ignorados y condenados al ostracismo y a la muerte por hambre y sed, muchas veces de justicia.

“Expresar opiniones contrarias al flujo general de ideas imperantes, no es odio, pero algunos quieren que lo parezca”

Expresar opiniones contrarias al flujo general de ideas imperantes, no es odio, pero algunos quieren que lo parezca. Decir que las cosas son como son y no como queremos que sean no es odio, es la realidad. Muchas veces se tapan asuntos o delitos, porque se cree que llevarlos a juicio los puede someter al criterio del pueblo ignorante generando por ciencia difusa delito de odio.

Puede ser verdad, pero es cada uno en su fuero interno el que puede odiar lo que le de la real gana, siempre que no use ese odio para destruir a otro y no como hacen los odiadores de los supuestos odiadores. Esto que puede parecer un galimatías, no lo es, algo tan simple como que usar ese concepto de odiador, para desacreditar es en el fondo puro odio hacia el que tiene argumentos en contra de alguna cosa que no coincide con el pensamiento mayoritario del mundo, que postrado de rodillas frente al teléfono móvil le reza y le adora con alabanzas.

Pero si un día alguien decide salir de esa cárcel desde la que está controlado, será llamado odiador, ¡odia los móviles!, ¡odia la sociedad de pensamiento plano!, y eso señores es un delito de odio propuesto como tal por los imbéciles que odian sin saberlo. O más bien sabiéndolo y con mala leche.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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