«El siglo de las luces». Por Teresita Ávila

Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus.
Había llegado a pedir —lo cual aprobaba el joven— que la guillotina se instalara en la misma sala de los tribunales, para que no se perdiera tiempo entre la sentencia y la ejecución.
No hay más tierra prometida que la que el hombre puede encontrar en sí mismo.
Cuidémonos de las palabras hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras: nuestra época sucumbe por un exceso de palabras.
La presencia del Diablo se manifiesta en la imposibilidad de establecer un orden. Lo que se hace recto se torna curvo, o lo que debería ser curvo se vuelve recto.
Alejo Carpentier, El Siglo de las Luces
El siglo de las luces

«España puede ofrecer una imagen ‘perfecta’ de esa degradación, señalada como ejemplo de país tomado por la mafia»

Da que pensar en el rumbo majareta, sin brújula, que han tomado las cosas de un tiempo a esta parte. No hay tierra prometida a la vista. Los únicos paraísos —fiscales— les están reservados —como los fondos con los que trafican— a una cúpula de elegidos prestos a obedecer la voz de su amo. Al enemigo, ni agua —en el sentido literal del término—, sabiendo muy bien quiénes somos para ellos el enemigo. Si alguna vez alguien pensó en ver atar a los perros con longaniza, que lo olvide. Ahora la moda lleva la etiqueta del ‘decrecimiento’ con todos sus sacramentos sobradamente conocidos: inclusión, sostenibilidad y resiliencia. La ropa que tentaremos no será un capricho, una costosa tentación de una temporada tras otra. Arrojada en volúmenes inaceptables “El planeta ya no puede con el volumen de ropa que se desecha”: cómo la moda debe aplicar ya la economía del decrecimiento (elpais.com). No obstante, tranquilos: quedan menos de dos telediarios para seguir presumiendo, dado que la amenaza de la recesión regresa con fuerza. El toque de atención lo ha dado esta misma semana Christine Lagarde, en la conferencia «El BCE y sus vigilantes XXIV» organizada por el Instituto para la Estabilidad Monetaria y Financiera de la Universidad Goethe, de Frankfurt. Con el título Lagarde avisa de que no puede asegurar más bajadas de los tipos de interés en el BCE tras el primer recorte en junioelDiario.es publicaba que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE) «ha vuelto a mostrar su cara más agresiva»Lagarde ha avisado ya en su discurso Fomentar la confianza en el camino que tenemos por delante de la necesidad de ser cautelosos a la hora de realizar previsiones debido a un «entorno excepcionalmente complejo» que ha imposibilitado una aproximación a las previsiones económicas, justificadas de la siguiente manera:

«entre 2021 y 2022, se duplicaron con creces los errores absolutos de predicción de la inflación a un trimestre vista en las proyecciones macroeconómicas de los expertos del BCE, debido en gran medida a la volatilidad de los precios de la energía».

Por supuesto que el desbarajuste tiene un componente multifactorial. Pero es necesario desmontar su discurso interesado y señalar sin titubeos el hecho de que intente crear la ilusión de algo imprevisto. De tal forma, indica sobre la actual incertidumbre lo siguiente:

«Al mismo tiempo, la combinación de perturbaciones derivadas de la pandemia y sus secuelas —rotaciones del gasto, repuntes de los precios energéticos, «efectos látigo» cíclicos en las manufacturas, cuellos de botella en la oferta, tensiones en los mercados de trabajo, expansión fiscal y efectos de reapertura— aumentaron el riesgo de que la inflación se hiciera más persistente».

Entretanto, para que vean la incongruencia de lo anterior con lo que sigue, se acaba de adjudicar una nueva partida presupuestaria con destino a Ucrania de 5.000 millones de euros, (El Debate). Es decir, que el castigo a la economía de los contribuyentes europeos sigue en aumento, a la par que disminuyen las expectativas para disfrutar de un pequeño respiro a la muy esquilmada clase media. Siempre, bajo el barniz de la autoridad competente y responsable, se eleva un mismo discurso persuasivo cuyo inequívoco contenido se alinea con los intereses del momento. Como pudo leerse en «La balanza trucada» el presupuesto a largo plazo de la Unión Europea entre 2021 y 2027 se ha visto incrementado en 64.600 millones de euros. Las prioridades están enfocadas en cubrir las necesidades de los sectores tecnológicos y, muy especialmente, en la reconstrucción de los daños sufridos por la guerra en Ucrania. Fondos, en suma, que supondrán un beneficio extraordinario para las grandes compañías de los sectores concernidos que, sin duda, sabrán agradecer el favor a sus benefactores reservándoles un puesto privilegiado en sus consejos de administración. Los 5.000 millones de Apoyo a la Paz proporcionarán el suministro de equipo militar letal y no letal e instrucción. Por ello, en unos meses se ha pasado de la sospecha a la evidencia de una escalada del conflicto en territorio europeo.

Nada menos consistente que un suflé sacado a destiempo del horno parecen las palabras de Ursula von der Leyen cuando —con su habitual imperturbabilidad— mentaliza a la audiencia sobre la posibilidad de una guerra (abc.esVon der Leyen quiere que los europeos estén preparados para la guerra). En el olvido han quedado ya las preocupaciones que, hace no tanto, proclamaba acerca de la salud de los mismos ciudadanos a quienes ahora acongoja. Al parecer, uno de sus hijos está vinculado a la industria armamentística, según informa este vídeo:

Está claro que cumple lo pactado con generosidad añadida, como hemos visto en las cantidades reseñadas con anterioridad (Von der Leyen promete en Kiev a Zelenski acelerar el proceso de adhesión a la UE y más dinero para armas).

Los males tienen el extraño don de no ser exclusivos y se multiplican como si contuvieran un acelerante. Ya se habla de apocalipsis en Haití, convertido en un escenario de Mad Max, donde el imperio del terror ha tomado su asiento. La violencia desatada impide el acceso a los alimentos a casi la mitad de la población, según informa La Nación. Y hace pocas horas la agencia de noticias Reuters acaba de publicar que el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres ha conocido el reciente acuerdo en la formación de un consejo que asumirá los poderes presidenciales en el devastado país: La ONU celebra que el Consejo de Transición de Haití está casi listo.

No hace falta viajar a otras latitudes para observar el progresivo deterioro de las instituciones y de la política. España puede ofrecer una imagen ‘perfecta’ de esa degradación, señalada como ejemplo de país tomado por la mafia, como escribe Francisco Rubiales en alertadigital.comLa política española, una pocilga que avergüenza al mundo. Y la aparente preocupación por el Estado de Bienestar se derrumba con el más leve soplido cuando la verdad desnuda asoma por cualquier esquina: La ministra de Sanidad Mónica García deja sin fondos europeos contra el cáncer a 7 hospitales públicos de la Comunidad de Madrid, donde se atienden al 40% de pacientes de toda España. Sin embargo, la misma ministra y médico, prioriza reducir el CO2 del sistema sanitario frente al cáncer.

Lo que no decrece es la hipocresía, se ha materializado. Su hedor es ya insoportable. Una sucesión de traiciones —de las que es responsable directa una perversa clase política— es visible con nitidez, a pesar de la calima que se dispersa en la irrespirable atmósfera y causa irritación en los ojos y en la garganta. Cuando despeje del todo, seremos menos y más pobres. Pese a ello, se sigue rindiendo culto a los mismos que provocan un deterioro en la convivencia, cuya fragilidad es mayor de día en día, como puede constatarse, por desgracia.

De las libertades, ¿Qué diremos? Allá donde uno ponga su atención, encontrará un cerco cada vez más angosto que limita irremisiblemente los derechos, siempre a conveniencia del poder de turno. Es decir, en este perverso juego, el diseño de un escenario oportuno consigue distraer a la mayoría, iluminándolo y ensombreciéndolo con gran eficacia, negando otra verdad incómoda más que acabará por afectarnos de igual manera: China: el Parlamento de Hong Kong aprueba por unanimidad su nueva ley de seguridad contra el activismo.

De aquellas perspectivas halagüeñas, de aquellas luces que quisieron celebrar el intelecto —olvidando tal vez lo esencial— ¿Qué diremos? Se han quedado en lucecitas, en bombillas led, en una competición festiva que celebra la Navidad, o sus restos, de forma superficial y consumista.

Definitivamente, las palabras de Miguel Delibes en su discurso de ingreso en la Academia Española contienen una asombrosa clarividencia, cobran un sentido pleno:

«(…), todo progreso, todo impulso hacia adelante, comporta un retroceso, un paso atrás, lo que en términos cinegéticos, jerga que a mí me es muy cara, llamaríamos el culatazo».

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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