El Duranguesado. Por Diego Pardos 

El Duranguesado

«No puedo dejar de imaginarme a una María Durán colegial haciendo burlas, pongamos que sacando la lengua en clase y de sus casillas a don Federico» 

Y no me refiero a la comarca vizcaína de Durango, ni mucho menos al concejo de Durana, perteneciente a la Cuadrilla alavesa de Zuya. Imaginen ustedes que pudiésemos buscar inspiración para nuestra semanal columna sabatina (publicada merced al buen gusto y a la generosidad de ese maestro de periodistas que es Manuel Artero). Y que buscásemos el sentido de nuestras palabras en otras ya escritas, especialmente los jueves, en un periódico. Sería como elegir una sola vida, igual que Joaquín Sabina escogió “la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo”. En eso consistiría habitar el Duranguesado: loando, criticando, mareándoles a ustedes con mi opinión sobre la opinión de María Durán en La Gaceta. 

 

De este modo podría, con el tiempo, hacerme durangólogo (del mismo modo que ya he recibido, gracias a doña Carmen Álvarez, el título de madrileñólogo), pero me temo que sería insoportable tanta incursión en la duranosfera. Y terminaría enfadando a doña Mary, tarde o temprano, con alguna inconveniencia. Sería un trabajo de contracolumnista. 

 

Vivimos unos tiempos en los cuales se tolera poco y mal la opinión ajena. Claro que cada uno tiene su estilo (como decía el Moro en El Crack). Y así Federico Jiménez Losantos, que es muy ocurrente y domina con amplitud -como no cesa de repetirnos- el lenguaje, usa un tono algo broncano y faltón, a menudo despectivo. Hace un tiempo escribí esta preciosa cuarteta (titulada “Federico Rodríguez de Millán”), que servirá para ilustración y solaz: 

 

Llama “nena” a la Millán 

el terrible Federico. 

Y “nenita” a la Durán 

con acento baturrico. 

 

Como también terrible error es meterse con estas supernenas, porque si de doña Pepa, que es una mujer morena, sobria y seria uno diría que tiene fácil defensa, no podría decirse lo mismo de doña María, esa rubia bromista e irreductible contra la que no puede el tremedal egotismo origüelense. Y no lo digo porque la hija de la señora Gil-Casares (a quien saludo desde aquí con todo cariño) sea una aporreadora de yunques, mostrando así su naturaleza violenta, ni llame “Fedeguico” al de Teruel, demostrando su poca originalidad, no. Lo digo porque María Durán emplea otras expresiones, epítetos y apelativos, como estos últimos publicados en su cuenta de X (antes Twitter) que son afiladas armas de diversión y de risa: “Begoñeces varias”, “…un ministro que es una preciosura” o que “ella es más guapa al estilo de Oscar Puente”. 

 

(No puedo dejar de imaginarme a una María Durán colegial haciendo burlas, pongamos que sacando la lengua en clase y de sus casillas a don Federico, su profesor de Lengua -valga la redundancia-. Algo de eso debe haber en el inconsciente del locutor para no ficharla y en el de ésta para intuir que duraría en la tertulia lo mismo que doña Irene González).

 

Entiendo (voy terminando) que los políticos son una fuente honda de insultables y burlables ciudadanos y que cada periodista tiene el favorito de su inquina. Es un asunto que, aunque peligroso, debería tratar en otra columna. Por si acaso no dejaré pasar aquí, al menos, la ocasión de tomar porque sola sea, la defensa de la antigua alcaldesa de Logroño y secretaria general del Partido Popular doña Concepción Gamarra. A esta señora se le tiene mucha manía, y a mí me parece, y no es ironía, una persona muy agradable, algo picante (con perdón) cual alegría riojana y que viste con gracia y que no habla tan mal como supone Jiménez Losantos. A mí Cuca Gamarra, que es de mi quinta, me cae muy bien. No sé qué pensará la Durán… (Pero, ay, sólo pido que lo piense en voz baja, o si no puede aguantarse que lo haga en un señor que, además de ministro, es “guapo y listo”.) 

 

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020).

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