
«Son siete años los que lleva en la Moncloa y es hora ya de enjuiciar políticamente todo ese periodo gubernamental. El veredicto de los españoles lo daremos en las urnas»
El clima político de deterioro institucional y la corrupción que cercan al gobierno se están haciendo tan nauseabundos que la ciudadanía, harta de las mentiras gubernamentales y del reiterativo discurso opositor, huye del raca-raca de la información política generada tanto por unos como por otros. Mientras el autocalificado gobierno “progresista”, fabulado a base de retales políticos, empieza a descoserse por todas partes, desvelando su quimérica gobernanza basada en indisimulados y reiterados chantajes, que el presidente paga puntualmente, desguazando el estado y el patrimonio político constitucional.
Todo hace sospechar que, muy a su pesar, Sánchez se verá obligado a convocar elecciones, y me arriesgo a afirmar que se celebrarán en junio o julio. Estos comicios generales serán un juicio al presidente del gobierno y su gestión, quizá mejor “indigestión” o “congestión”, del poder ostentado. Son siete años los que lleva en la Moncloa y es hora ya de enjuiciar políticamente todo ese periodo gubernamental. El veredicto de los españoles lo daremos en las urnas.
Lo normal sería juzgar con normalidad la gestión llevada a cabo y el cumplimiento de las sucesivas promesas electorales que hizo el partido político que lo sustenta. Pero el presidencialismo tendente a la autocracia de Sánchez convierte estas próximas elecciones en un trascendente juicio político personal. Porque el PSOE ha sido abducido por su Secretario General, de la misma forma que el Presidente del Gobierno impone su voluntad a un parlamento donde su presidenta y los diputados de su partido se limitan a seguir sus órdenes, haciendo dejación de sus competencias como segundo poder del estado. Lo pagarán duramente en el futuro.
Así pues, estoy convencido de que vamos a ser convocados dentro de poco a las urnas para dar nuestro definitivo veredicto de absolución o culpabilidad tras el “septenato sanchista” de (des)gobierno y gravísimo y continuado destrozo institucional infligido al estado.
En consecuencia tenemos que estar perfectamente pertrechados para la batalla informativa y mediática que se avecina, antes de emitir la sentencia en ese juicio, para lo que son fundamentales los medios de comunicación y las redes sociales.
La defensa de Sánchez está bien afianzada. Durante su presidencia ha sabido articular un conjunto de apoyos mediáticos e instrumentos de propaganda múltiples, que ya hubiera querido disfrutar la Prensa del Movimiento en los años crepusculares del franquismo. Se ve que su obsesión por Franco tiene mucho de aprendizaje. Junto al control en los medios de comunicación ha desarrollado una amplísima red clientelar de grupúsculos asociativos que viven muy bien de las subvenciones.
Entretanto, las transformaciones tecnológicas que el mundo experimenta, están revolucionando la empresa, el comercio, la sociedad, los valores…, a todos los niveles y en todas las geografías, ante la pasividad gubernamental. Sus efectos actuales sobre la realidad española actual se traducen en la permanente crisis financiera de los grupos mediáticos, cuya supervivencia depende de “magnanimidades” presidenciales. En estas circunstancias, con el uso torticero del poder de la administración en el manejo del BOE, de las subvenciones y de la publicidad institucional, el gobierno de Sánchez se ha asegurado muchos y potentes altavoces para propagar sus bondades, ocultar sus vergüenzas y combatir a quienes se le oponen. Opositores, heroicos muchos de ellos, sobre los que las amenazas veladas influyen, amedrentándolos , cuando tantos puestos de trabajo de periodistas está en juego.
Y la batalla va a ser muy dura porque la resistencia de Sánchez será numantina y utilizará todo el arsenal de trucos, trampas, maniobras de cualquier tipo y apoyos, que tan bien entrenados tiene, para mantenerse en el poder. La estrategia que manejará a fondo será triple: 1ª Tratar de que esta sociedad “líquida”, tan amnésica para los acontecimientos inmediatos, abrumada por escándalos sucesivos sin cuento, y descreída de la política y de los políticos, se convierta en su oportunidad para provocar la deserción de los votantes que presumiblemente están en contra suya. 2ª Lanzar contra la oposición todo el ejército de paniaguados, cuya mamandurria depende de que siga al frente el gobierno, como una jauría. Símil acuñado por Bolaños. 3ª Manipular las redes sociales, que constituyen la principal fuente de información para muchos. Sobre todo de aquellos que, ingenuamente, creen conocer todos los entresijos de la política cuando, en realidad, son los mejor manipulados por las burbujas virtuales en que navegan.
La facilidad para difundir las pajas en el ojo de la oposición, junto a la obstaculización para hacerlo con las gruesas vigas que nublan la acción del gobierno y de su presidente, son el frente de batalla donde se decidirá el juicio electoral definitivo. Un presidente que ni siquiera hubiera podido aspirar a serlo en cualquier país de la Unión Europea, de tener una mínima decencia, pues su carrera empezó con un doctorado en Economía “fake”, cuya tesis –se demostró– estaba plagiada. Por cierto, ¿por qué la universidad que lo otorgó no le anuló el título? Fue el primer escalón para ascender.
Pero volvamos a la contienda que se avecina. Pienso que casi todos tenemos familiares y amigos en nuestro entorno, seducidos por múltiples razones personales o políticas, que están “encantados” por y con Sánchez. El presidente es maestro en el manejo de la propaganda y las redes sociales para “encandilar” a unos, al tiempo que, frente a los otros, levanta sucesivas murallas administrativas y personales (Fiscal General por medio) para defender sus tropelías.
La polarización que ha generado en la sociedad, santo y seña de su gestión, ha convertido a sus partidarios en “hooligans”, mientras que el resto está adormecido en la distracción permanente de los medios y de las redes sociales, que anulan la reflexión y el juicio, entre polémicas sobre “besitos y pikitos”, justicia en los arbitrajes de fútbol y otros entretenimientos mediáticos nada inocentes, de cuya fabricación se encargan los centenares de asesores monclovitas dedicados a llenar cotidianamente la chistera del mago Sánchez.
La sucesión de escándalos y cruces de líneas rojas que el autócrata en ciernes ha traspasado por voluntad propia, le sirven para satisfacer su enfermizo ego y ansia de poder, aceptando el indigno chantaje de un prófugo de la justicia y el apoyo de los herederos del terrorismo etarra. La corrupción que le rodea personal y políticamente así como la vergonzosa compra de los votos de unos y otros para seguir en el poder, parece que no interesan al pueblo español. Por eso es fundamental recuperar la movilización, pero de modo más inteligente que en la calle, donde también está presente el cansancio y sentimiento de inutilidad que la lucha contra la Amnistía ha sembrado entre la oposición.
Necesitamos restablecer el diálogo político entre los ciudadanos, que muchos hemos suspendido con nuestros familiares y amigos para no enturbiar las relaciones. Necesitamos romper las burbujas mediáticas y refrescar la memoria de tanto escándalo, de tanta corrupción, de tanta manipulación, de tantas mentiras y de tanto ataque a la Constitución. Ni tampoco podemos dejar sola a la Justicia en la lucha para sostener el estado de derecho, ni al Rey en la defensa de la dignidad del estado. Las urnas serán el lugar adecuado para responsabilizarnos de ambos objetivos.
Para recuperar ese diálogo interrumpido con plena eficacia tenemos que cargarnos de razones y argumentos, tanto en el ámbito personal como en las redes sociales. Necesitamos el “Pliego de Cargos del septenato de Sánchez”, que deberá ser el argumentario de quienes queremos cortar de raíz la deriva sanchista y enderezar el rumbo de España. Seguro que habrá quienes lo hayan preparado y se echan de menos. Porque tenemos que inundar desde ya las redes con ese documento para tomar la iniciativa en la batalla. Un Pliego de Cargos muy simple: una relación exhaustiva, pero sucinta y bien organizada por materias, por relevancia o temporalmente de los engaños, arbitrariedades y presuntos delitos cometidos por el presidente. Este argumentario tiene que ser la pancarta social a esgrimir, a modo de papeleta electoral, para refrescar memorias flacas y entablar diálogos con los próximos de cada cual. Así, uno a uno, familia a familia, amigo a amigo podremos ir arrebatando miles de votos entre quienes todavía le apoyan, inconscientes de que ni siquiera lo hacen a Sánchez, sino a que realmente gobierne con su chantaje el 6 por ciento de los votos obtenidos por quienes quieren acabar con la España constitucional.
Pienso que la inmensa mayoría de quienes hicimos la transición de la dictadura a la democracia nos sentimos traicionados por el “sanchismo”. Por eso, no podemos permitir que nuestra herencia colectiva de reconciliación, que simboliza el icónico “Abrazo” de Genovés, salte por los aires. La mejor oportunidad para despedirlo se aproxima.

