Ay mi España, luz de los pueblos; luz de los ejércitos que lucharon al compás de la Cruz: destruida y levantada mil veces.
Llanto por España. Por Diego J. Romero

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Ay mi España, luz de los pueblos; luz de los ejércitos que lucharon al compás de la Cruz: destruida y levantada mil veces.

Quizá ha llegado el momento de sacar las antorchas. Quizá ha llegado el momento de tomar las calles, de devolver el poder al pueblo.

España puede ofrecer una imagen ‘perfecta’ de esa degradación, señalada como ejemplo de país tomado por la mafia.

Entrevista a Fiódor Dostoyevski dedicada a todos aquellos españoles pagan el despilfarro de la fiesta del Estado Autonómico.

No es menos cierto que la concupiscencia alimentaria del bigotudo animal se ha asociado recientemente también a la actividad sindical.

Los que quieran votar al PP que lo hagan, y los que quieran votar a VOX, que le voten, pero por amor de Dios, no me toquen los cojones que bastante tenemos ya con la jauría y el perro de Baskerville.

Me tendrán que perdonar, pero que una mujer se sienta hombre o viceversa, no habla de sexo, sino, como mucho de género: el sexo está muy claro.

Quiso presumir de ‘Señor de La Moncloa’ y en ‘Señor de Las Moscas’ se ha quedado: En toda ética humana, el jodido desaprensivo, desde el primer día se ha ciscado.

La derechona se impone ya en toda Europa. ¡Salvo en España, a Sánchez gracias, que resiste como una roca: menuda bicoca!

El señor presidente mantiene la verticalidad del árbol que se sostiene contra todo pronóstico, cual si una cuadrilla de leñadores ciegos acertase apenas a rozar su corteza.

Vaya, que al final resulta que hablar de la ética del PSOE es mucho más aburrido que hacerlo de su estética Torrente.

Transnistria estaba en un punto crítico, y la región pendía de un delicado equilibrio entre la diplomacia, la autonomía y la intervención militar.

Entrevista a don Pedro Calderón de la Barca dedicada a los que no han escogido la comodidad del calorcito del género lanar que proporciona el andar junto al rebaño.

El maná de la amnistía, ese divino fruto que como del mismo cielo vendrá a caer sobre nuestras almas, que en quebranto y amargura antes vivían.