Como dice Felipe, ese genial personaje de las tiras de Mafalda, inseguro, indeciso y de frágil voluntad, “nadie es buen crítico de sí mismo”.
La caída de los gigantes. Por Julio Moreno López

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Como dice Felipe, ese genial personaje de las tiras de Mafalda, inseguro, indeciso y de frágil voluntad, “nadie es buen crítico de sí mismo”.

Redefinamos al dictador: Traidor ilegítimo y miserable presidente, porque nada de lo que está haciendo lo llevó en su programa electoral-

Y no hay que olvidar, sobre todo en circunstancias complicadas, que el viaje no es llegar al destino, sino todo el trayecto.

Ahora, los que llevaron cajas de pino al hombro, ladran por la paz en el mundo, en vez de morder a los asesinos. Menos mal que todavía no existen los Delitos de Asco.

Estamos en guerra. La mayor y más peligrosa porque únicamente se visibiliza de forma muy fragmentaria, mendaz, deliberadamente confusa.

Ocultar la tradición cristiana de Europa es poner tipex sobre nuestra personalidad, sobre nuestra tradición, sobre nuestro origen, y sobre nuestros principios de libertad e igualdad

Recién entrado el otoño Alonso se desplaza al Real Monasterio de El Escorial para entrevistar a don Francisco de Quevedo.

Estamos ante los gobernadores negros de un rincón del inmenso territorio de la Monarquía Hispánica en la América española retratados por un pintor mestizo indígena.

En esta hoguera de las vanidades, sepan quienes deseen quemarse una sola cosa: han vuelto la espalda a lo importante.

Hoy somos esclavos de la peor de las censuras; la autocensura, que obliga a cientos de intelectuales, creadores y comunicadores a medir sus palabras.

Soy la espada en la oscuridad. Soy el vigilante del muro… durante esta noche y todas las que estén por venir.

El propio Delibes justificó la anomalía de «Parábola del náufrago» como una reacción a los acontecimientos que habían conmocionado al mundo en 1968, cuando se produjo la invasión soviética en Praga.

De nuevo, el intrépido e irredento Alonso viaja al más allá, en esta ocasión para encontrarse con el ilustre hidalgo don Quijote de la Mancha.

Millán Astray fue un insigne soldado que combatió en Filipinas y Marruecos, haciendo siempre alarde de valor y sufriendo gravísimas heridas y crueles mutilaciones.