«Me voy a permitir por una vez el no coincidir con mi admirado Fernando Vizcaíno Casas cuando hablaba del sentido del humor como una actitud frente a la vida e incluso frente a la muerte».
Las píldoras del humor. Por Diego Pardos

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«Me voy a permitir por una vez el no coincidir con mi admirado Fernando Vizcaíno Casas cuando hablaba del sentido del humor como una actitud frente a la vida e incluso frente a la muerte».

«Si no es ella quien pone ‘una pica en Flandes’, tendrá que ser Sánchez el que se arremangue; pues mujer tan aguerrida nunca antes yo vi».

«Lo social, ese pilar fundamental de la res publica del que presumen, ha dejado expuestas al aire sus vergüenzas, su endeble estructura».

«Al final del túnel de la propaganda, no encontraremos una España más moderna, sino una institución más débil y una sociedad más fracturada».

«¿Seguirá siendo la civilización un proyecto para los seres humanos, o empezará a tratar a los seres humanos como material del sistema?»

«No llegan ni a gestos, en todo caso a gestitos estos empeños wokes en hacernos sentir mal, en provocar nuestra mala conciencia de mal ciudadano».

«Hablar de “abusos” en el descubrimiento de América no es solo torpe, es tremendamente ignorante, además de malicioso, e implica asumir el relato negrolegendario de los enemigos de España».

Yo no creo en la democracia. La democracia exige que el votante tenga capacidad objetiva de voto y que el político asuma su rol de servidor público.

«Ignacia de Pano, digo, que tiene un nombre tan bonito como el Congreso Ibérico del Maíz, se juega la vida con frecuencia en el eje ferroviario Barcelona-Madrid».

«Si Cipión y Berganza volvieran a nacer, y de nuevo recobraran la facultad de hablar con la agudeza y el buen olfato de entonces, ¿qué dirían hoy?».

«España cae también a esas profundidades del subsuelo como la arena del reloj, sin que nadie acierte a darle la vuelta».

«No me extraña que ahora, los que parten el bacalao (a derecha e izquierda) en este país, antes llamado España, no quieran saber nada de él».

Como sabrán los más fieles lectores, en su casa de Navacerrada hallaron forma sus más grandes novelas, todas ellas bendecidas por el éxito…

«Ya veo que es demasiado pedir que bajéis a la arena a mancharos los zapatos, descender, luchar contra las sinrazones disfrazadas de argumentos sesudos».