La información no cesa y cada vez son más los nombrados dentro de este puzzle, al que aún le quedan muchas piezas por poner.
Ni soluciones, ni gestión. Por Patricia Rodríguez Corchado

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La información no cesa y cada vez son más los nombrados dentro de este puzzle, al que aún le quedan muchas piezas por poner.

En España hasta para las tramas somos absolutamente pasionales así que queridos “amics” no lo llaméis sanchismo, es sudapollismo.

Nuestras pequeñas voces no suenan, apagadas por el ruido del aparato del Estado y un gran equipo de márquetin de la factoría psocialista.

El tirano nos cocina en la olla a presión de la corrupción y el engaño, sabedor de nuestra falta de memoria, acuciados como estamos en la supervivencia cotidiana.

¡Dimitid de una vez caraduras! Entre sueldazos y retiros dorados a nuestra costa. Y que los corruptos devuelvan lo robado con su patrimonio.

Se acabó el tiempo de callar y tragar, de sentir impotencia ante vuestros insultos, de soportar vuestra falsa autoridad moral.

Sacrificar el ojete de millones de contribuyentes en pos del bienestar del infiel autócrata, no hace mucho tiempo sería alta traición.

Normalizar el caos es la única forma que les queda, a la que siempre recurren cuando la razón desasiste sus falsos argumentos.

Pedro Sánchez se encuentra como aquel juego de mesa conocido por Hundir la flota, tocado y hundido. Españoles, el PSOE ha muerto.

¿Existe algún genocidio justo? ¿en cuál está usted pensando? Sorprendente este pijerío de izquierdas que se ha convertido en la muleta del sanchismo.

Hay quien dice que el éxito suele ser fruto de la simplicidad y se comprueba cuando escuchas a los ancianos sentar cátedra.

¡Hay países y países! No se sabe por qué, pero lo que está claro es que, en gran parte depende de quién gobierna el país.

Odio a los que atacan el estado de derecho, a los que por siete votos ponen el culo, ponen nuestro culo, para goce de los separatistas.

El concepto de «mano negra» forma parte del acervo cultural del miedo social. Una etiqueta maldita y temida para una gran mayoría pero, por lo que nos dicta la historia, muy querida y publicitada por terroristas y todo tipo de conspiradores, incluidos los nacionalistas que, por ejemplo. a principios del siglo veinte, también sirvió para agrupar a los asesinos serbios que consumaron el atentado de Sarajevo y, de postre llevar a Europa la Primera Guerra Mundial.