«A Sánchez le importa todo una nada, tirando a una M, lo que puedan pensar y piensen otros Estados sobre España».
A Sánchez le importa todo una nada. Por Rodolfo Arévalo

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«A Sánchez le importa todo una nada, tirando a una M, lo que puedan pensar y piensen otros Estados sobre España».

«Mientras tanto todos los españoles, cual estúpidas ranas, permanecemos en el cazo a modo de piscina en la que nos va cociendo el psicópata».

«Estamos viviendo un Estado de vergüenza que, de ignominia en ignominia, se acerca a su autodestrucción como tal».

«Hemos hecho un ridículo internacional. Nos hemos cargado la credibilidad de nuestras fuerzas del orden. Hemos puesto en ridículo a la Justicia española. ¿Y qué?».

«Un ridículo internacional, uno más, de un país que en un momento de su historia reciente fue tenido como modelo y referente de transición pacífica».

«Y esto lo están permitiendo los “buenistas” seguidores del gran Yoyó. Nada, nada seguid nacionalizando inmigrantes, aunque sean menores, veréis…».

«Señorío y virtud nunca militaron donde sus significados estaban claramente proscritos, su partido. Sobre este particular no existe ninguna duda».

«Reacciona por España, porque la verdad que sino fuera por lo dramático de lo que vivimos en este mundo woke, sería para echarse unas risas».

«Habrá problemas de orden público durante meses e incluso años, pero Cataluña seguirá en el Régimen Común y espero que los socialistas con dos dedos de frente lo perciban».

”Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos. (Simón Bolívar)”.

Si la judicatura acepta la querella contra el juez Peinado cavará definitivamente la tumba de su ya mermada independencia…

«Por el honor y la dignidad de España que usted ha puesto en almoneda por siete votos que le permiten seguir en el colchón de la Moncloa aplíquese la fonoteca».

El amado líder se sitúa en el vértice supremo de la estructura piramidal de la secta, lo más cercano a la divinidad.

Pedro Sánchez Pérez Castejón, ni tiene palabra, ni dignidad para ser presidente, ni ninguna virtud con la que un político decente pueda adornarse.