Les da igual que todo huela que apesta, no porque votan con la nariz tapada, sino simplemente porque ya les gusta el olor.
Votar con la nariz. Por Manuel Jesús Pérez Lorenzo

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Les da igual que todo huela que apesta, no porque votan con la nariz tapada, sino simplemente porque ya les gusta el olor.

El tirano nos cocina en la olla a presión de la corrupción y el engaño, sabedor de nuestra falta de memoria, acuciados como estamos en la supervivencia cotidiana.

Oigámosle en su pesar más íntimo: -Y cada dos semanas, ¡una encuesta favorable, Tezanos! -¡Naturalmente, presidente; será usted servido!

Normalizar el caos es la única forma que les queda, a la que siempre recurren cuando la razón desasiste sus falsos argumentos.

¡Hay países y países! No se sabe por qué, pero lo que está claro es que, en gran parte depende de quién gobierna el país.

Y mientras en Port Royal la mayoría participaba del día a día mediante el saqueo, la prostitución, o el juego, en Barcelona solo unos pocos, que se han elegido a si mismos como portavoces y dirigentes de la mayoría son los que gozan del poder y los euros.

Odio a los que atacan el estado de derecho, a los que por siete votos ponen el culo, ponen nuestro culo, para goce de los separatistas.

Su canción, y también su gesto, me refrescaron el Oblivion de Astor Piazzolla. Una auténtico tango cicatrizado en mi memoria llena de nostalgias.

El Síndic de Greuges ha dado muestras de falta de eficiencia y de diligencia. Ante un caso tan claro de violación de los derechos lingüísticos.

Tengan valor. No tengan miedo. Los que enarbolan la bandera de las libertades no van a coartar su libertad de expresión. ¿O sí?

Estamos ante un grave caso de corrupción política porque no sólo hay corrupción económica, que también lidera la izquierda de manera indiscutible.

Supongo que de las virtudes que adornan a Óscar Puente, para el alto puesto ministerial que ahora ostenta, no se cuenta la inteligencia.

Hay que reconocerle a doña Tatiana que además del ruso y del letón, sabe el inglés y el francés. Lástima que no domine -por ahora- también el catalán.

Es la mejor y más clara definición del nazionalismo supremacista, excluyente y totalitario, vivir aparentando lo que nunca serán: dignos y respetables.