La atalaya de Juan de la Cruz: Aquella Política de Estado de la Transición

la firma de los Pactos de la Moncloa
La firma de los Pactos de la Moncloa. Fotografía de la transición y cooperación democrática en las páginas de la historia reciente de España

 

“El 3 de julio del año siguiente, 1976, el Rey Juan Carlos nombraba como presidente del Gobierno a Adolfo Suárez González, hasta entonces Ministro Secretario General del Movimiento, y, en menos de un año, el mismo disolvió las Cortes franquistas. Comenzaba la Transición”

 

 

El 20 de Noviembre de año 1975 moría Francisco Franco, el 3 de julio del año siguiente, 1976, el Rey Juan Carlos nombraba como presidente del Gobierno a Adolfo Suárez González, hasta entonces Ministro Secretario General del Movimiento, y, en menos de un año, el mismo disolvió las Cortes franquistas, legalizó los partidos políticos y convocó elecciones generales que tuvieron lugar el 15 de Junio de 1977. Una fecha señalada en la historia reciente de España como de vital importancia y sobre la que es preciso repasar su contenido.

 

De aquellas elecciones democráticas salió elegido por la voluntad de los sufragios del pueblo español un Parlamento democrático, con UCD, conformado por liberales, socialdemócratas y demócratacristianos. como partido ganador, con 165 escaños seguido por el PSOE, con 118 escaños, Partido Comunista, con 20 escaños, Alianza Popular y otros.

 

Aquellas Cortes conformadas por partidos políticos de tantas y tan severas distancias ideológicas, apostaron con firmeza y rigor, con seriedad y responsabilidad, por el diálogo, por el entendimiento y por la concordia, como punto de partida y de honor, dejaron atrás el pasado, que tanto daño hacía entre unos y otros, como supieron dejar atrás las divergencias políticas existentes entre los mismos. Lo que no quiere decir que no existiera un debate contundente en las sesiones parlamentarias. Había que construir, entre todos y con la participación de todos, un trazado de complejo recorrido.

 

Un Parlamento de notoria altura y relieve que, tan solo cuatro meses después de su constitución, el 27 de octubre de 1977, en base a un trabajo ímprobo, llevaba Adolfo Suárez, presidente del Gobierno con UCD, Felipe González, PSOE, Santiago Carrillo, PCE, Manuel Fraga Iribarne, Alianza Popular, y Miguel Roca Junyent, entre otros, a la firma de los Pactos de La Moncloa, con el apoyo de asociaciones empresariales y los dos principales sindicatos, CC.OO. y UGT.

 

Unos Pactos de los que Enrique Fuentes Quintana, ministro de Economía, dijo algo que, quizás, puede ir en la linde del hilo de la actualidad: “O los demócratas acaban con la crisis o la crisis acaba con los demócratas“. No olvidemos señalar, en este sentido, la gravedad de la crisis del petróleo del año 1973 y que convulsionó el panorama económico ya que la inflación pasó del 16% en 1976 a más del 23% un año después con un creciente paro en la clase trabajadora.

“¡Cuánto se echa falta y cuánto se necesita aquella Política, con mayúsculas, de aquellos Hombres de Estado que hicieron la Transición en comunión con el pueblo español…!

 

Como consecuencia de la firma de los Pactos de La Moncloa, calificados como un programa reformador y fruto de un acto de política de concentración, todo un gesto de extraordinario calibre en la marcha del país, cuya importancia aún no se haya analizado con la debida generosidad, se sentaron las bases de la España moderna con el cambio de la estructura política y económica del país. 

 

Un consenso, pues, a tres bandas de diferentes conformaciones y tipologías, entre partidos políticos, organizaciones empresariales y sindicatos. Y mucho más importante si tenemos en consideración la participación global de todo el arco parlamentario con tantas y variadas distancias en las sensibilidades ideológicas. Un consenso, por consiguiente, y unos pactos que tenían el objetivo común de posibilitar un fenómeno de tan señalado objetivo como el de posibilitar la estabilización más idónea en el proceso de transición.

 

Un año después, el 6 de diciembre de 1978, se ratificaba la Constitución Española, elaborada por auténtico consenso entre todos los partidos políticos, que apostaron por aproximar posiciones y evitar distancias.

 

Más, la verdad, no podía pedirse. No obstante, aún así, Adolfo Suárez González, al que nadie puede negar su honradez política, sino todo lo contrario, tuvo el valor y el coraje de convocar nuevas elecciones, que tuvieron lugar en octubre de 1979 y que volvió a ganar encabezando la lista de Unión de Centro Democrático.

 

Solo resta decir: ¡Qué impresionante diferencia de aquel Congreso de los Diputados del que –por lo que se colige, en una importante serie de  aspectos— va camino de poder conformarse el próximo 19 de julio …!

 

Mientras tanto solo cabe esperar que algunos dirigentes políticos reflexionen sobre la importancia de aquella fotografía de cooperación democrática en las páginas de la historia reciente de España.

 

 

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Juan De la Cruz

Juan De la Cruz

Como redactor en Televisión Española presenté el Programa Informativo "Desde la bola del mundo”. Cronista parlamentario y director de "Las Cortes de España", antes de asumir la responsabilidad de dirigir los Centros Territoriales de TVE en Navarra, Extremadura, Madrid, Castilla-La Mancha y del Centro de Producción de Programas de TVE-Canarias. Soy autor de las novelas “Tierra de silencio”, sobre el fenómeno migratorio de Extremadura y “El rabadán de Extremadura”, de la biografía “Rafael Ortega, la alfarería como Arte Mayor”, publicado por la Junta de Extremadura y coautor de la “Guía de la Sierra de Gata”. En la actualidad colaboro en el periódico "Extremadura" y en el periódico digital extremeño "Región Digital".

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