Entrevista a don Miguel de Unamuno y a Perico I, El Mentiroso. Por Alonso de Madariaga

«Porque la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua» (Miguel de Cervantes).
Entrevista a don Miguel de Unamuno y a Perico I, El Mentiroso. Ilustración de El Gitano

«El uno, que lucha y agoniza en la búsqueda de la verdad, y el otro, que se muere de deseos por mentir como un bellaco»

ALONSO

     Es un placer y privilegio tener ante mí a dos titanes del poder de la palabra… El uno, que lucha y agoniza en la búsqueda de la verdad, y el otro, que se muere de deseos por mentir como un bellaco. ¿Qué es la verdad? ¿Importa la verdad?

 

UNAMUNO

     Cuando los fariseos llevan a Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilatos, para que le juzgue, en el interrogatorio correspondiente, el Mesías confiesa cuál es su delito: «Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan». Es entonces cuando Pilatos, le formula la pregunta: «Quid est veritas?» —¿Qué es la verdad?— (Juan 18:37, 38). Sin esperar respuesta alguna, se vuelve a la muchedumbre, y es ante ella que se lava las manos en la mentira de la conveniencia política, condenando a un inocente. Hoy, como tengo ante mí al prototipo del político ponerológico, Perico I, abordaré este asunto desde la perspectiva del líder capaz de vender su alma al Diablo, con tal de permanecer en el poder. Este tipo de persona, no termina de encontrar medios lícitos ni respuestas que le satisfagan, optando por tirar por el camino del medio para resolver los asuntos a su conveniencia, es decir, a través de la patraña y la mentira. El modus operandi del que hablamos, es destructivo tanto para él como para la sociedad a la que tiene sometida, ya que no es que haya caído en el error, sino que motu proprio está anclado en la mentira. Sobre esto escribí«Más de una vez antes de ahora he dicho una cosa que pienso volver á repetir muchas veces más: y es que vale más el error en que se cree que no la realidad en que no se cree; que no es el error, sino la mentira, lo que mata al alma».

 

     Se puede afirmar que el error es fruto de una ignorancia involuntaria y puede corregirse, mientras que la mentira nace de la voluntad de engañar. Es un acto consciente y deliberado con el que se falsea la realidad, y es precisamente esto lo que «mata al alma», en tanto en cuanto supone una ruptura con la verdad interior, la persona pierde su sentido de responsabilidad moral, su brújula ética se desorienta y este proceso de degeneración acaba por corromper la integridad moral y destruir la autenticidad del ser humano. Porque si hay algo peor que mentir a los demás, es mentirse a sí mismo. Además, ¿qué tipo de sociedad o ser humano se crea teniendo la mentira como fundamento? Como necesitamos el oxígeno para vivir, del mismo modo necesitamos inhalar la verdad para redimirnos, para ser perdonados. ¿Qué es lo que redime a Víctor Aldama…? ¡El arrepentimiento! ¡La palabra! ¡La verdad! Porque ella es como la lumbre, que a la vez que te quema, te ilumina. En mi artículo supracitado, escribía: «La palabra, cuando es palabra de verdad, es la fuerza creadora que eleva al hombre sobre la naturaleza inhumana y bruta. El hombre es hombre por la palabra». No sé si la posteridad dirá de Perico I, lo que se dijo de mi persona

 

«Su voz tronaba desde su altura salmantina con admirable vehemencia y energía, contra todo lo que fuera embuste o mentira y, sobre todo, contra todo lo que produjese sopor en el espíritu del hombre, impidiéndole tomar las riendas de su propia vida».

 

PERICO I

     Don Miguel nos habla del reino de la verdad, pero el mío es otro, el de la mentira. De hecho, vivo en la mentira perpetua. Soy la mentira encarnada. La verdad te limita, te constriñe, y yo no puedo estar sujeto a nada y a nadie. A diferencia de él, nunca he sentido necesidad alguna de debatirme sobre la verdad. Es decir, nada de lucha, nada de agonía existencial, ¡eso queda para los pardillos integrales! No soy nada idealista, soy más básico, ¡instintivo diría yo! Lo considero contraproducente si tu objetivo es perpetuarte en el poder. Para don Miguel, la palabra es un sacrificio en su búsqueda agónica de la verdad, y para mí, un arma. De hecho, el lenguaje es un instrumento de manipulación que me permite controlar el relato a la vez que sobrevivir como animal político, anquilosándome en la mismísima poltrona de la Moncloa, fosilizándome en ella hasta conformar un todo indivisible. Mi objetivo no es responder a la pregunta de Pilatos, sino utilizar el habla para construir la realidad que me conviene. En el sentido más darwiniano posible, el poder político —¡ese que te da acceso a la gestión de los Presupuestos Generales del Estado (PGE)!— es un recurso escaso por el que hay una lucha intraespecie. De modo que, la mentira es vida y vida es la mentira. Es precisamente en la carencia de ética en la que encuentro mi forma de subsistir… la mentira me mantiene vivo.

 

     Desde el poder, monopolizo el lenguaje como instrumento de dominación y control a través de distorsionar la realidad, de hecho, persigo el vaciamiento semántico del lenguaje. La meta —mi meta— es controlar el pensamiento del pardillo integral ibérico. Soy yo quien decide qué es información y qué desinformación, qué es fidedigno y qué bulo, qué es blanco y qué es negro, cuál es la verdad oficial y qué es la máquina de fango. Como el que usurpa la silla de san Pedro, tengo el atributo de la infalibilidad. George Orwell, lo clavó en su novela utópica 1984, cuando introduce el concepto doublethink (doblepiensa). O sea, ostento —en régimen de monopolio— la capacidad de sustentar simultáneamente dos ideas opuestas y que ambas sean aceptadas como verdaderas por la mente del obligado tributario. Ahora, echo mano de la propia definición de Orwell:

 

«El doblepiensa se refiere a la capacidad de sostener dos creencias contradictorias de manera simultánea y aceptar ambas a la vez. […]. El doblepiensa constituye la verdadera esencia del Socing, pues el acto fundamental del Partido es utilizar el engaño consciente al tiempo que se conserva la firmeza de las intenciones característica de la honradez. Decir mentiras descaradas creyendo sinceramente en ellas, olvidar cualquier hecho que se haya vuelto incómodo, y luego, cuando vuelva a hacerse necesario, sacarlo del olvido el tiempo que haga falta, negar la existencia de la realidad objetiva y al mismo tiempo reparar en la realidad que uno niega resulta imprescindible».

 

     La mentira se me queda corta, voy aún más allá, eliminando la conexión natural entre lenguaje y realidad. Es necesario que el populacho —el limón a exprimir— alcance un estado de inopia que le incapacite para distinguir entre la verdad y la mentira, que pierda su capacidad de resistencia y se adapte de buena gana tragándose el sapo de la nueva verdad revelada. El poder que he alcanzado es tal, que puedo decir que soy yo, Perico I, quien define la verdad a voluntad. La información, los datos, la definición semántica, la realidad y la verdad, han de conformarse a la conveniencia de mi régimen político. Hay que reducir el léxico, ¡tanta definición, tanta precisión con el lenguaje, posibilita la capacidad de pensar libremente y cuestionar al sistema y al cacique de turno! Estoy dedicado en cuerpo y alma a la necrolingüística y el objetivo es destruir la autonomía intelectual a través de empobrecer el vocabulario año tras año, modificando a mi conveniencia el sentido de las palabras, con el fin de reducir y moldear el pensamiento del obligado tributario —el cándido paganini— para que no se sienta tentado a pensar por sí mismo y caiga presa de la herejía. Al fin y al cabo, ¿cuál es la razón de ser del populacho?… ¡Estar al servicio de las ideas! ¡Mis ideas! Hablamos de algo capital, como lo es la consolidación del poder. Por tanto, yo no pregunto qué es la verdad, yo la defino. Así que, la verdad, por cuya causa agoniza don Miguel, no es un ideal a perseguir, sino un obstáculo a eliminar. Sí, la verdad ha muerto… la he matado.

 

ALONSO

     ¿Qué es el pasado? ¿Qué la historia?

 

UNAMUNO

     En esencia, somos el producto de lo que recordamos, tanto individual como colectivamente, de ahí la importancia de la historia. Tal como escribí al respecto:

 

«La memoria es la basé de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir. […]. Todo individuo que en un pueblo conspira a romper la unidad y la continuidad espirituales de ese pueblo, tiende a destruirlo y a destruirse como parte de ese pueblo».

 

     Una vez determinado que como individuos somos aquello que recordamos, a nivel colectivo —como nación— la tradición cumple la función de memoria colectiva del ente nacional del que formamos parte. Y es este patrimonio común (la Historia) lo que da sentido a nuestro grupo. Sin esta memoria colectiva, nos quedamos sin alma, ni somos nada ni tenemos futuro. De hecho, vivimos con y por el pasado alojado en nuestro interior, y es por este motivo que el recuerdo de lo que hemos sido, lucha a brazo partido por emerger y permanecer y no perderse en el olvido, a la vez que se transforma en esperanza como memoria activa que lucha por un futuro. En este proceso, el pasado —nuestra Historia— no muere. Es como la semilla que fructifica como proyecto común con vistas al futuro. O sea, el pasado como fuerza creadora. Sin embargo, como fuerza contraria, tenemos el movimiento centrífugo del Estado autonómico, como elemento desarticulador y generador del actual reino de taifas con el que se amenaza la viabilidad de España como nación.

 

     Si la memoria colectiva —la Historia de España— es vital para no ser absorvidos, como país, por ese agujero negro interestelar que es esta Unión Europea fundamentada en el globalismo sin alma, no menos importante es recordar el papel de la religión cristiana como cemento o elemento aglutinador esencial, para nuestra nación en primera instancia, y por extensión, para el ente supranacional llamado Europa. Sobre este aspecto concreto, escribí:

 

«Por mi parte, no acierto a explicarme un sólido patriotismo sin una cierta base religiosa. Claro está que no quiero decir precisamente base dogmática de una Iglesia determinada, sino que no me explico que una patria sea tal, un pueblo tenga cierto vislumbre de su misión y papel el mundo, no siendo que su conciencia colectiva responda, aunque sea por manera oscura, a los grandes y eternos problemas humanos de nuestra finalidad última y nuestro destino».

 

     Sí, la religión cristiana ha sido el humus espiritual de España. Nos ha nutrido de sus valores  y moldeado nuestras instituciones, no ya durante siglos y siglos, sino durante dos mil años. Tal vez, alguien diga que en España hay personas que no comulgan con esta herencia cristiana, incluso que son antagonistas, pero no estamos hablado ni de sentimientos ni de creencias, sino de hechos históricos irrefutables. Raíces, hablamos de raíces, y sin ellas, la planta muere.

 

PERICO I

     La identidad y la memoria, tanto la individual como la colectiva, son un obstáculo a eliminar… ¡sin contemplaciones! En esencia, estamos hablando de relaciones de poder: el poder absoluto en manos del autócrata en pantalón de pitillo… y la libertad interior del pardillo que sediciosamente se resiste a quedar constreñido en el papel asignado de súbdito y aspira al estatus de ciudadano con ideas propias. Mi nombre Pedro, se deriva del latín petrus, que significa piedra, de ahí el que me halle petrificado en la poltrona monclovita. Mi continuidad como Perico I, y la de mi régimen ponerológico, dependen del éxito que tenga en: reescribir la historia, manipular la memoria —tanto la individual como la colectiva— y controlar la verdad. Para alcanzar estos objetivos capitales, hay que empezar por destruir la memoria para romper la continuidad histórica. La historia no puede quedar al libre arbitrio de los historiadores, igual que la Justicia no puede quedar en manos de los jueces, por razones obvias. La historia es una cosa muy seria y no puede basarse ni en hechos ni en datos, por suponer una amenaza tanto para el Partido, como muy especialmente, para su líder natural. Partimos de la premisa de que el Partido siempre tiene la razón, por tanto, debe ser el encargado de reformular la historia continuamente, adaptándola a la conveniencia del número uno del partido. ¡No hay —ni puede haber— hechos ni datos que puedan contradecir la versión oficial emitida por mi santa voluntad! 

 

     Se necesita inducir en la plebe una especie de neurodegeneración controlada, tipo síndrome de Alzheimer, para borrar la memoria o formatear su cerebro hasta dejarlo blanco como el nácar, con el fin de reprogramar su mente, quedando esta sujeta a un proceso continuo de actualizaciones. El tirano pata negra, no sólo ha de controlar el presente y el futuro, sino, lo que es más importante… el pasado. En la novela de George Orwell, 1984, a este proceso se le denomina «control de la realidad». El protagonista lo explicaba con la precisión de reloj suizo:

 

«Pero reconstruir la historia de aquel período y decir quién luchaba con quién en cada momento habría sido totalmente imposible, puesto que no había registros escritos y nadie hablaba más que de la situación presente. […]. El Partido afirmaba que Oceanía jamás había sido aliada de Eurasia. Él, Winston Smith, sabía que Oceanía había estado aliada con Eurasia apenas cuatro años antes. Pero ¿existía ese conocimiento? Solo en su propia conciencia, que en cualquier caso pronto sería aniquilada. Y, si todos aceptaban la mentira impuesta por el Partido —si todos los archivos contaban la misma mentira—, la mentira pasaba a la historia y se convertía en verdad. “Quien controla el pasado —decía la consigna del Partido— controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”».

 

     El Partido, con su líder a la cabeza, es un dios que exige devoción exclusiva. Por este motivo, la religión es competencia desleal que ha de ser suprimida y suplantada por el detritus de la ideología de lo políticamente correcto. Esta neoteología ha de ser absorbida por la somnolienta sociedad, y el votante esclavizado ha de caer postrado, en signo de adoración, ante quien le da su maná diario a través de infinidad de subvenciones, limosnas varias y «paguicas». Soy un dios hecho carne, que a cambio de falsas promesas, exijo del obligado tributario: amnesia, sumisión y desarraigo. Pura estrategia totalitaria de control social a través de la manipulación de la memoria colectiva y la verdad histórica. ¿Bulo? ¿Desinformación? ¿Patraña…? ¡Soy la mismísima encarnación de la máquina de fango! Estoy inmerso en un proyecto de arquitectura social que impone un totalitarismo histórico y lingüístico. Me he erigido en la síntesis de la propaganda, la degradación del idioma y la mentira pura y dura. Sobre el cabezal de mi cama, tengo un lema esculpido en un pedazo de mármol negro de Calatorao, traído expresamente desde el Valle de los Caídos: «Quien recuerda, puede resistir».

 

ALONSO

     Perico I, ¿cuál sería tu victoria?

 

PERICO I

     Que jamás, nadie en la piel de toro, pudiera recordar lo que alguna vez fue la libertad.

 

ALONSO

     Don Miguel, el 23 de agosto de 1936 [se firma el día 22 de agosto], el presidente de la República, don Manuel Azaña, te dedica unas palabras en la Gazeta de Madrid (Boletín Oficial del Estado):

 

El Gobierno ha visto con dolor que D. Miguel de Unamuno, para quien la República había reservado siempre las máximas expresiones de respeto y devoción y para quien había tenido todas las muestras de afecto, no haya respondido en sus actos de modo público a la lealtad a que estaba obligado, sumándose de modo público a la facción armada. En vista de ello, de acuerdo con el Consejo de Ministros y a propuesta del Ministro de Instrucción pública y Bellas Artes,

 

Vengo en decretar:

 

Artículo 1.º Queda derogado y nulo en todos sus extremos el Decreto de 30 de Septiembre de 1934, por el que se nombraba a D. Miguel de Unamuno y Jugo Rector Vitalicio de la Universidad de Salamanca, que conservaría este Centro docente la Cátedra “Sala de Unamuno”, sede de la situación con dicho nombre al Instituto Nacional de Segunda enseñanza de Bilbao.

 

Artículo 2.º Queda asimismo separado de cuantos otros cargos o comisiones desempeñare relacionados con los Servicios de Instrucción pública y Bellas Artes.

 

Dado en Madrid a veintidós de Agosto de mil novecientos treinta y seis. MANUEL AZAÑA

 

UNAMUNO

     Quienes no pueden superar que Franco le ganase la guerra a Stalin, despechados, han parido la Ley de Memoria Histórica, en un esfuerzo por reescribir y crear una Historia a su imagen y semejanza, al más puro estilo orwelliano. Es decir, valientes a toro pasado. Con respecto a la puñalada trapera de Azaña, añadir que la esperaba. Era un mediocre a quien nadie leía y me tenía tanta envidia como inquina. Me utilizó mientras le convine, aunque reconozco que fui yo mismo quien le sirvió mi cabeza en bandeja de plata. Pasó lo que tenía que pasar. Nunca fui domesticable, más bien, indomable. No era un hombre de partido. ¡No podía serlo! Únicamente podía ser fiel a mi mismo, a mis principios. Por eso, me perdía por la boca, repartiendo con vehemencia a derechas e izquierdas. 

 

     Con respecto a mi visión sobre la guerra civil, le concedí una entrevista a Merry Bromberger, para el diario parisino Le Matin, (se publica el 9 de septiembre de 1936) donde pongo a caldo a Manuel Azaña, ¡aunque no hiciese honor a su apellido!:

 

«España sufre una epidemia de locura criminal. La demencia que la devasta es tal que no puede tener más que un origen patológico. Nunca, ni siquiera en las guerras civiles del siglo pasado, se ha presenciado tal desenfreno de horrores. No se trata de principios que defender o mejoras sociales que conservar: Nos enfrentamos a una ola de destrucción, asesinatos, saqueos y crímenes de toda índole. Los comunistas españoles nunca han tenido nociones de una política constructiva. Los anarquistas ni siquiera han sido tocados por esta idea. Los hombres solo están presa de un delirio furioso. Tal vez se trate de una crisis de desesperación. La España católica ya no cree, en su gran mayoría. Las iglesias que se saquean, que se demuelen, que se queman, los cristos que se decapitan, los esqueletos que se desentierran tal vez no sean más que gestos de desesperación. Pero debe haber algo más, un origen patológico para esta demencia. No creo en el alcoholismo, el pueblo español no bebe. Pienso en otra fuente de decadencia y mental.

 

Se habla del gobierno de Madrid, pero ya no hay gobierno en Madrid. Solo hay bandas armadas que cometen todas las abominaciones posibles. El poder está en manos del presidiario liberado que blande un pistola. Azaña ya no representa nada. Lo veo muy bien desde aquí en su palacio porque lo conozco desde hace treinta años. Está perdido en un sueño, ocupado en tomar notas para escribir más tarde sus memorias. Es un monstruo de frivolidad que nunca pensó más que en la redacción de esos artículos. Él es el gran responsable de todo lo que sucede».

 

ALONSO

     Tu visión sobre Franco y la sublevación militar.

 

UNAMUNO

     Nunca fui un hombre de ambigüedades, de hecho, me caracterizaba mi franqueza y vehemencia. Iba de frente. Se puede decir que tenía éxito en el arte de hacerme enemigos, ¡incluso entre la intelectualidad! En la entrevista concedida a Merry Bromberger —para Le Matin—, añadí cuál era mi opinión de Franco y el ejército sublevado:

 

«El ejército, afortunadamente, ha mostrado una gran sabiduría. Franco y Mola tuvieron la prudencia superior de negarse a pronunciarse contra la República. Ambos son hombres sensatos, con determinaciones reflexivas. Franco tuvo la oportunidad, al llegar al Marruecos, de mostrarse un jefe de primer orden».

 

Y con un gesto de la mano, Unamuno subraya su admiración:

 

«Militarmente, al menos, este soldado puede salvar a España. Me sorprendo a mí mismo —añade con un destello de ironía en la mirada— al encontrarme hoy dando mi confianza solo a militares: Yo decía antes en Francia: “Prefiero un canónigo que un teniente coronel”. No lo repetiré más hoy. El ejército es la única estructura sobre la que se puede hacer un cimiento serio en España. ¿Cómo terminará esta lucha sin piedad iniciada con tanta saña? Solo puedo pensarlo con temor. Tengo dos hijos y un yerno en Madrid de los que no tengo noticias. Una pariente que vive junto a mí acaba de enterarse de que su marido ha sido fusilado en la capital y no sabe lo que…».

 

PERICO I

     Tomo nota de este documento histórico y le pasaré la reseña a mi alguacilillo, Bolaños, con el fin de que ponga en marcha la maquinaria del Ministerio de la Verdad para que maquille este dato ultrafacha de Unamuno que no encaja en nuestra trufada Ley de Memoria Histórica. ¡Si hace falta se elimina manu militari este documento tan incómodo e hiperfacha! Vuelvo a recordar las palabras de Orwell: «Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado». De don Miguel, lo único de él que interesa recordar, es su discurso en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, cuando se enfrenta a Millán Astray. ¡Evidentemente, convenientemente maquillado para que pueda ajustarse a las exigencias de la Ley de Memoria Histórica!:

 

«Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho».

 

UNAMUNO

      Esas palabras nunca las dije. El mito se fundamenta en la alegre y licenciosa versión de los hechos por parte de Luis Portillo, publicándolas en una revista mensual inglesa llamada Horizon: a Review of Literature and Art. (año 1941). Luis no estuvo presente en el acto, y las palabras que pone en mi boca, nunca han sido una transcripción de mi discurso, sino una recreación literaria perteneciente al género narrativo, específicamente al mito. Versión de la que posteriormente se haría eco el historiador Hugh Thomas, en su obra más célebre La guerra civil española (1961), donde el británico se vino arriba y afirmaría que las famosas palabras correspondían a la traducción literal del discurso: 

 

«Obsérvese que Thomas afirma que el texto de Portillo es una “traducción del discurso de Unamuno”. Lo cual no es cierto. La obra de Hugh Thomas tuvo un éxito enorme, como es sabido. Para facilitar su conocimiento por parte del público español, la naciente editorial antifranquista Ruedo Ibérico la tradujo al castellano y la publicó en 1963».

 

      Puntualizar: antes de Luis, nadie había mencionado el acontecimiento, por tanto, no había más fuentes. De modo que, la mano negra de la pérfida Albión está tras esas palabras que Perico I pone en mi boca, ¡la portentosa imaginación de Portillo al servicio de un enemigo tradicional de España! Severiano Delgado Cruz, bibliotecario de la Universidad de Salamanca, ha investigado y documentado exhaustivamente los sucesos en ese Día de la Raza de 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de la Salamanca. En esos días de octubre, Portillo —afiliado el Partido de Izquierda Republicana— trabajaba en la Oficina de Propaganda e Información de la Subsecretaría de la Presidencia. Tras el fin de la guerra, le vio las orejas al lobo y recaló en Inglaterra. Sería allí, donde dio rienda suelta a su imaginación, y a través del mito, intentó reescribir la historia de los acontecimientos. ¡Se anticipó —con este intento temprano— al acomodar los acontecimientos de la Guerra Civil a los cánones de la presente y trufada Ley de Memoria Histórica!

 

     Matizar que ese día memorable, soy yo quien abre el acto en el paraninfo, ya que ostentaba la representación del general Franco, a mi derecha, doña Carmen Polo de Franco. [Aparte de Severiano Delgado, quien se molestó por saber qué es lo que realmente dije ese día, arrojó luz sobre las tinieblas Emilio Salcedo, en su libro Vida de don Miguel. Unamuno en su tiempo, en su España, en su Salamanca. Un hombre en lucha con su leyenda]. Creo que recordar que dije algo así:

 

«Dije que no quería hablar, porque me conozco; pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición. Se ha hablado también de los catalanes y los vascos, llamándoles la anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñarnos otra doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Ese sí es Imperio, el de la lengua española, y no…».

 

     Millán Astray, se puso en pie y me interrumpió. Aunque con anterioridad había solicitado la palabra en repetidas ocasiones. 

 

«El general pronunció muy pocas palabras, justificando la situación del hombre de armas, los motivos del levantamiento militar y, al fin, perdido el control, debió hacer retumbar las bóvedas del Paraninfo, aunque no se movieron, cuando bajo su ámbito se oyó el grito de: “¡Mueran los intelectuales!” y “¡Viva la muerte!”. Unamuno inició la réplica dirigiéndose directamente al general y éste vuelve a hablar cuando en el Paraninfo estalla ya el escándalo. Los legionarios que asistían al acto se agrupan y entonces la serenidad de la esposa del jefe del Estado salva la situación. Doña Carmen hace una seña a su guardia, que avanza hacia la presidencia. Millán Astray casi le grita a Unamuno: “Dele el brazo a la señora”. La mujer de Franco toma del codo a don Miguel y tira de él, mientras el viejo rector se deja llevar».

 

     Emilio Salcedo, tuvo la deferencia de acudir a las únicas fuentes disponibles de tan memorable evento… testigos presenciales:

 

«Tuve que acudir a los recuerdos personales de los siguientes testigos, a quienes agradezco la generosa honradez con que me lo relataron: don Esteban Madruga Jiménez, entonces vicerrector y que nos lo contó en 1954 a Eugenio Montes y a mí; don Francisco Maldonado de Guevara y don José María Pemán, el primero en múltiples ocasiones y el segundo en la primavera de 1963 —ambos hablaron en el acto—, y, por último, mi fraternal amigo el escritor Juan Crespo, que aquel día dio escolta a la esposa del Jefe del Estado y a don Miguel. En pruebas el libro me confirma en esta versión el testimonio de don César Real de la Riva, actual vicerrector de la Universidad de Salamanca, y Felisa Unamuno, recordando los comentarios de su padre a aquella jornada».

 

     Reconozco que en mi carácter no se destacaba la mansedumbre, era más que vehemente defendiendo mis razones, era explosivo. Mis palabras, en un contexto de guerra civil con un auditorio repleto de legionarios… no fueron de lo más oportunas. Los jefes militares me criticaron, todos, excepto Franco. Yo, fiel a mí mismo, en una carta a Quitín de Torre, maticé las polémicas palabras que han parido el mito: «con la representación del general Franco, dije toda la verdad, que vencer no es convencer ni conquistar es convertir, que no se oyen si no voces de odio y ninguna de compasión». ¡Me dolía España! ¡Me dolía ser testigo de esa lucha fraticida! ¡Morí de pena!

 

PERICO I

     Don Miguel, lo que me interesa de usted, relacionado con la Ley de Memoria Histórica, no es su flirteo con la fachosfera, sino su tardía conversión a la causa republicana, que como en la parábola del Hijo Pródigo, regresa arrepentido y compungido a casa de su padre, donde es bien recibido. Providencialmente, su enfrentamiento con Millán Astray, provocó en usted una catarsis: como Saulo de Tarso, cuando yendo de camino a Damasco, contempla una cegadora luz poderosa que resulta ser Cristo y se cae del caballo. Es usted un ídolo, un icono para nuestra causa. Representa la razón y la inteligencia contra la fuerza bruta del bando nacional. La luz contra la oscuridad de la ultraderecha. 

 

UNAMUNO

     Siempre fui republicano en el sentido de que la soberanía debía residir en el pueblo, no en la monarquía. Eso es una cosa, y otra muy distinta, que yo apoyara las tropelías del bando republicano en la contienda civil. ¡Por si no te queda claro, Perico! De hecho, después del embolado en el paraninfo (12 de octubre de 1936), escribo un manifiesto donde dejo meridianamente clara mi postura sobre esta asunto que tanto interés te suscita. Dicho manifiesto lo escribí de mi puño y letra, entre el 23 de octubre y el 21 de noviembre de 1936, decía en parte: 

  

«Apenas iniciado el movimiento popular salvador que acaudilla el general Franco me adherí a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional (b). El gobierno fantasma de Madrid me destituyó por ello de mi rectoría y luego el de Burgos me restituyó en ella con elogiosos conceptos. En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura (c). Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme toda retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, expresidiarios criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones activas sin ideología alguna. Y la natural reacción esto también muchas veces, desgraciadamente, carece frenopáticas. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo llegará al borde del suicidio moral. Si el desdichado gobierno de Madrid no ha podido querer resistir la presión del salvajismo apellidado marxista debemos esperar que el gobierno de Burgos sabrá resistir la presión de los que quieren establecer otro régimen de terror. […]

 

Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional ya que España no debe estar al dictado ni de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera puesto que aquí se está librando, en territorio nacional, una guerra internacional. Y es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para rehacer la patria que se está ensangrentando, desangrando, arruinándose, envenenándose y entonteciéndose. Y para ello impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan».

 

     Para concluir el asunto: España estaba sumida en un caos de anarquía y violencia bajo el gobierno del nefasto de Azaña, un monstruo frívolo. El ejército, como ultima ratio, con su fuerza y disciplina, era el único instrumento capaz de restablecer el orden y la convivencia. 

 

PERICO I

     ¡Usted sabrá lo que le conviene! No me deja más salida que la que tuvo Azaña: purgarle y defenestrarle ideológicamente, borrando todo vestigio de su paso por la historia de España. Su caso es uno que ilustra lo oportuno de la Ley de Memoria Histórica, justificando su existencia.

 

ALONSO

     Cambiamos de tercio. ¿Qué papel desempeñan las agencias de verificación de noticias en sociedades que presumen de adorar la libertad de expresión? 

 

PERICO I

     En nuestra magnanimidad, las élites sorosianas, hemos concluido que no puede permitirse cargar sobre los hombros de la plebe la pesada responsabilidad de analizar los datos y la información… ¡pueden llegar a tener ideas propias! Así que, para aliviarles de la tediosa tarea de analizar la información, con el consiguiente peligro de llegar a conclusiones erróneas sobre el poder político —cayendo en el pecado de la herejía—, hemos creado las agencias de verificación de noticias, invistiéndolas de un auténtico poder para que lo ejerzan: determinar qué es verdad y qué es mentira, qué la verdad oficial y qué desinformación. Hoy, más que nunca —¡en vista de las tropelías que estamos cometiendo los políticos—, precisamos de una herramienta que homogenice el discurso público y controle el relato. El rebaño necesita llevar puestas en todo momento las anteojeras de la corrección política, y a la misma vez, ser pastoreado para que pueda discriminar sobre la legitimidad e ilegitimidad, licitud e ilicitud en el campo de la opinión. Por tanto, estas agencias de verificacion tienen la misión sagrada de contrarrestar la desinformación y el bulo, en esencia… neutralizar la máquina del fango. En realidad, son el departamento de la policía del pensamiento adscrito al Ministerio de la Verdad. El vigilante encargado de velar por la pureza ideológica y la eficacia en el control del relato. Por eso, cuando determinan que algo es desinformación —todo lo políticamente incorrecto—, se suprime el debate, tanto el derecho a réplica así como los medios de apelación. Es un peligro para el statu quo, que el ciudadano, en el libre ejercicio de su autonomía, pueda soberanamente emitir juicios sobre la gestión de los políticos. El pardillo integral, el obligado tributario, debe acatar por decreto la verdad —o dogma— oficial, sin confrontación racional o legal, sin rechistar. Así que, el poder va más allá de la represión informativa, de hecho, produce verdad, la verdad incuestionable. Aquí, de nuevo, repito mi anterior argumento: así como la historia no se puede dejar en manos de los historiadores, ni la justicia en manos de los jueces… la verdad es algo tan importante, que tampoco se puede dejar en manos del cándido apoquinante, de la chusma. 

 

ALONSO

     ¿Quién verifica al verificador…? ¿Quién financia a estas agencias de verificación de noticias? Más allá de nombre, ¿son neutrales? ¿Morderán la mano de quienes les dan de comer? ¿Se puede ser juez y parte? El periodista Javier Villamor, ponía el dedo en la llaga: «Ana Pastor es dueña de Newtral y esta, a su vez, pertenece la red International Fact-cheking Newtork que, a su vez, pertenece al Instituto Poynter de Estados Unidos. Los mayores donantes de este instituto desde 2015, entre otros, han sido Bill & Melinda Gates Foundation, Google News Initiative, Google News Lab, Meta Platforms (Facebook), Microsoft, National Endowment for Democracy, Open Society Foundations (George Soros), Tik-Tok y Whatsapp. Que los dueños de las principales plataformas sean a su vez promotores de una red internacional de verificadores y que estos, a su vez, sean los verificadores oficiales de sus plataformas dista mucho de ser independiente».

 

PERICO I

     ¿Y quién quiere que estas agencias de verificación sean neutrales…? No tendría ni tendrían sentido. El poder —político, financiero, mediático y «filantrópico»—, que es quien las crea y las financia, desde luego que no busca la neutralidad, ¡porque desde ese mismísimo instante dejarían de sernos útiles! La verdad, lo correcto políticamente hablando, emana de las instituciones légitimas y no puede ser cuestionada, de hecho, se impone vía administrativa. El poder político ha sustituido el sistema democrático por un régimen pseudoteocrático, regido por un sistema de creencias incuestionables, por su naturaleza sagrada. Nos corresponde a nosotros determinar qué debe ser borrado, ignorado, sancionado o penalizado por «peligroso». La élite nos hemos arrogado el derecho a definir los límites de la realidad. En última instancia, decido qué debe saber el pardillo, qué debe callar y qué debe olvidar.

 

UNAMUNO

     Perico se nos remonta a una filosofía ancestral ibérica: «Como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como». En palabras algo más rebuscadas, se refiere a la legitimación circular del discurso dominante. Esta legitimación circular se da cuando una autoridad o institución se justifica a sí misma mediante mecanismos o entramados que ella misma crea, financia y controla. Por lo tanto, verifican y califican de «verdadero» aquello que dicta el poder dominante. De modo que, el poder se autolegitima a través de entidades que en apariencia son neutrales. En resumidas cuentas, hablamos de una santísima trinidad laica, donde el financiador, el árbitro y el beneficiario son la misma persona o entidad. La verdad se ha privatizado y al ciudadano solo le queda pastar el detritus que periódicamente le sirve en la mesa quien ostenta la titularidad sobre dicha propiedad intelectual.

 

     En sociología, el concepto capital se extiende y diversifica más allá del tradicional capital económico, abarcando otras formas o tipos de poder o recursos que se utilizan para estructurar las relaciones sociales y conseguir beneficios: capital económico, capital cultural [lenguaje, educación, títulos académicos, etc.], capital social [se echa mano de los contactos sociales para obtener beneficios], capital simbólico [prestigio, reconocimiento social], capital erótico [atractivo físico, carisma, encanto], O sea, estamos hablando de poder; la verdad se gestiona y circula en régimen de monopolio a través de quienes tienen dicho capital simbólico.

 

ALONSO

     ¿Qué papel desempeña el ciudadano en este sarao? ¿No reside la soberanía en el pueblo español?

 

PERICO I

     A quien tú llamas ciudadano, yo le llamo obligado tributario. Que el menda recuerde, el pardillo nunca ha sido soberano de nada… ¡afortunadamente! ¿Se le pide su opinión sobre temas fiscales, tratados internacionales o sobre la gestión de los PGE? Pero este ser aletargado de tantísimo pan y circo, cuando le da por pensar, tener ideas propias y hacer preguntas incómodas, se convierte en disidente, en sospechoso… y en una amenaza. Cuando en lugar de votarme quiere botarme, entonces se erige en un enemigo potencial del sistema. En realidad son un subgrupo social, comprendido por los fachas, ultrafachas, megafachas, hiperfachas, negacionistas, conspiracionistas, desinformadores, antivacunas, terraplanistas y demás reaccionarios burgueses. Todos juntos componen la máquina del fango. Andan sobre una delgada línea entre el error y el delito. No es que estén equivocados, ¡que lo están!, sino que al cuestionar mi gestión están atentando contra la democracia, convirtiéndose en enemigos del Estado, viéndome obligado a echar mano del derecho penal del enemigo para silenciarles.

 

UNAMUNO

     La democracia está herida de muerte. El ciudadano español ha sido expulsado del ágora y reubicado como un producto en el escaparate propagandístico: donde se le observa, manipula y consume. ¿Razones políticas tras esta decisión? No pinta nada en el espacio público de opinión y debate. Es evidente que ha dejado de ser un hombre con libre albedrío para convertirse en ese producto de consumo, por cuanto se le ha confiscado la palabra, su derecho a la libertad de expresión. Ahora es el habitual convidado de piedra: está, pero no tiene voz. Se la ha relegado a un papel meramente decorativo, su misión es escuchar y aplaudir… sin rechistar. Privado de tres elementos fundamentales: la palabra, la memoria y la capacidad de análisis. Más que una persona, a la élite le interesa un autómata: que en lugar de decidir, reaccione; que no argumente, sino que repita como un loro. En realidad, a quién Perico I etiqueta de enemigo del Estado… es el último hombre libre.

Alonso de Madariaga

Natural de una Barcelona maravillosa, abierta y cosmopolita que ya no existe. Exiliado lingüístico, hui de la dictadura del KKK catalanista. Heredé el humor de mi padre, Cervantes y Quevedo. Me gusta entrevistar (in absentia) a personajes públicos inaccesibles e importunarlos con preguntas políticamente incorrectas aderezadas con un puntito de ironía y de sarcasmo. ¡Vamos, que les ajusto las cuentas! Graduado en Criminología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, mención o especialidad en Psicología de la Delincuencia.

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