España, tierra de conejos

Una de las hipótesis más aceptadas sobre el origen de la palabra España tiene que ver con los conejos. Los romanos la denominaron Hispania, un término que no es de origen latino, de ahí lo misterioso de la cosa. Parece ser que habrían transformado al latín un vocablo fenicio, i-španim o i-spn-ya, que significa “de damanes” o “isla (o costa) de damanes”. El damán o conejillo de roca es un pequeño mamífero peludo emparentado con los elefantes que habita en África y en algunos países árabes. Los fenicios no conocían los conejos pero sí estos damanes, que se les parecen aunque lejanamente. Así que llamaron damanes a los conejos —que aquí eran muy abundantes—, y se quedaron tan anchos.

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Los romanos consideraban similares a todos los habitantes de Hispania, hecho éste que tiraría por tierra las ilusiones de los nacionalistas. Para éstos, los vascos son los descendientes de un antiguo pueblo milenario —siete mil años por lo menos, según sostenía el inefable Ibarreche— que tendría unos orígenes ancestrales en Túbal, nieto de Noé y llegado poco después del chaparrón, o quizás en la figura mítica de Aitor que había llegado del Este y cuyos siete hijos fundaron las siete tribus originales vascas. Sin embargo, y apoyando en parte a los romanos, diversos historiadores sostienen que los vascones eran tan iberos como los de otras partes de España.

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