
«Estamos hartos y cansados; hartos de que nos llamen ladrones cuando los que roban son otros, y cansados de fanáticos con aires de grandeza«
Estamos hartos y cansados; hartos de que nos llamen ladrones cuando los que roban son otros, y cansados de fanáticos con aires de grandeza. Aburridos de oír la misma monserga desde hace ya más de cien años: La diferencia, la diferencia…qué coño la diferencia, siempre buscando ser distintos a los demás. Porque se consideran mejores y más guapos, claro. Para engrosar el pelotón de la mediocridad no hace falta separarse.
Quieren un referéndum. Pues mira, a lo mejor había que hacerlo, pero votando todos; no los que a ellos les parezca. El resultado podría ser sorprendente, y bien que lo siento por los buenos de allí. Pero repito, estamos muy hartos y a lo mejor se iban, no por su voluntad sino porque los demás les dieran puerta.
Están dividiendo a las familias, a los hermanos, a los padres y a los amigos. Están impidiendo a los niños estudiar en la lengua de todos. Están engañando a su gente con promesas de plástico y marketing de baratillo, arruinando y despilfarrando en gastos inútiles para crear “país”, que todos pagamos al final. Están incumpliendo la Ley y fomentando el odio. Están dando un golpe de Estado, pero no pasa nada. Los buenistas quitan importancia a todo esto, pero otros no. Ni lo olvidaremos y no sé si lo perdonaremos.
Están ganando, de momento. Se ponen gallitos, sacan pecho y farfullan grandilocuentes declaraciones, que en otro sitio hubieran merecido un puñetazo en la mesa y medidas contundentes. Pero enfrente tienen a un hombre ocupadísimo ahora en ver el Tour de Francia, mientras se pone de perfil como Don Tancredo triunfante. Dicen que es muy listo y que guarda sus estrategias, pero nos hace perder la paciencia. La paciencia nos está matando. Y estamos cansados ya, muy cansados.

