«Decir la verdad histórica no debilita a Cataluña. Al contrario, la libera de los mitos que otros han creado para dividir».
Cataluña no fue un reino, Valencia y Mallorca sí. La historia frente al mito. Por Fernando M. Gracia

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«Decir la verdad histórica no debilita a Cataluña. Al contrario, la libera de los mitos que otros han creado para dividir».

«Convertir a los maulets en libertadores de una nación catalana secularmente oprimida es una falsedad histórica».

«Rechazo esa lógica excluyente. Me niego a aceptar que la identidad catalana pertenezca solo a quienes ondean una estelada»

«Nosotros, los que defendemos una España unida y democrática, no necesitamos tergiversar la historia. Nos basta con contarla».

«La lengua se convierte así en herramienta de exclusión y revanchismo. Y eso, lejos de enriquecer la convivencia, la envenena».

«Si algo nos enseña el conflicto catalán es que quien controla el relato, controla el futuro. Y no podemos seguir permitiendo que el nacionalismo escriba en nombre de todos».

«El “nazionanismo” independentista ha convertido a una parte de Cataluña en una parodia de sí misma»

«Es hora de desmontar las mentiras con datos, con historia, con serenidad, porque defender la unidad de España no es un acto de imposición, sino un compromiso con la convivencia».

«No es la titulitis el problema. El problema es que vivimos en un país donde un caradura tiene más proyección que un currante».

Es hora de honrar a un grupo silenciado, a esas personas cuya ausencia pesa como una herida abierta en la memoria colectiva de España.

«La pregunta ya no es si hay una pugna por el control institucional, sino si aún queda margen para resistirla desde dentro del propio sistema».

«La cultura woke no es una moda ni una simple corriente académica, es el síntoma agudo de una civilización que ha renunciado a sus fundamentos morales».

«Su objetivo no es transformar la realidad, sino gestionar el relato. El ciudadano no debe pensar, debe sentir».

«Un Estado democrático y social de derecho tiene el deber de acoger con dignidad, pero también el derecho a ordenar esa acogida».