Prefiero pensar que la vida se rige por el azar, por los avatares de su propio desarrollo, a aceptar que hay un Dios que permite que ocurran tantas desgracias.
Puesto que al cielo vamos. Por Julio Moreno López

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Prefiero pensar que la vida se rige por el azar, por los avatares de su propio desarrollo, a aceptar que hay un Dios que permite que ocurran tantas desgracias.

Como dice uno de mis más preciados y antiguos amigos, odio el siglo XXI. En el XX y en cualquier caso, fuimos felices.

Es curiosa la metáfora de los encierros de San Fermín. Veinte gramos de pólvora son suficientes para despertar la vorágine.

«Los miembros de este gobierno han tenido la sensación de que no solo están por encima de España y los españoles, sino que están por encima del bien y del mal».

No ha pasado un solo día sin que los que la queremos nos acordemos de ella y de la lección de vida que nos dejó como legado.

«Solo los necios andan tranquilos por el mundo, con la que está cayendo. Así que hoy martes, por si acaso, toquen madera».

No rindamos nuestras armas, no hinquemos la rodilla, no atribuyamos a las máquinas cualidades que, para bien o para mal, son lo único que nos hace humanos.

Esa sensación de que estás siendo un lastre para las generaciones jóvenes, que somos hijos de un Dios menor, olvidando que si ellos están donde están, es gracias a sus mayores.

Y desafiando el oleaje, sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje.

Este fenómeno, conocido como el efecto mariposa, nos indica hasta que punto el azar influye de modo determinante en nuestra vida.

Me he ganado cada una de mis canas, a base de procurarme todo tipo de problemas, cuando no han aparecido de manera espontánea.

No todo va a ser follar. Si a ustedes les gusta, no sé, coleccionar sellos de Nigeria, como decía el bueno de Krahe, pues a ello.

Si, a pesar de todo, logras seguir adelante, aunque nadie crea en ti, salvo tu mismo, quizá algún día llegarás al país de las maravillas.

Es verdad que también la prensa hay que pasarla por el filtro, más bien por el cedazo, como los buscadores de oro del rio Bravo.