Ahora, que yo soy el padre, me pregunto si alguna vez habré estado a la altura y si mis hijos recordarán su niñez como un tiempo de felicidad, como la recuerdo yo.
Errores y faltas. Por Julio Moreno López

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Ahora, que yo soy el padre, me pregunto si alguna vez habré estado a la altura y si mis hijos recordarán su niñez como un tiempo de felicidad, como la recuerdo yo.

«No se sentía capaz de recorrer el pasillo, de adentrase en la que había sido su casa, pero que ahora sentía como un lugar extraño, terrorífico».

“Cuando releo mis relatos, a veces tengo la sensación de que me los han dictado, de que no los he escrito yo”. (Julio Cortázar).

Prefiero pensar que la vida se rige por el azar, por los avatares de su propio desarrollo, a aceptar que hay un Dios que permite que ocurran tantas desgracias.

Como dice uno de mis más preciados y antiguos amigos, odio el siglo XXI. En el XX y en cualquier caso, fuimos felices.

Es curiosa la metáfora de los encierros de San Fermín. Veinte gramos de pólvora son suficientes para despertar la vorágine.

«Los miembros de este gobierno han tenido la sensación de que no solo están por encima de España y los españoles, sino que están por encima del bien y del mal».

No ha pasado un solo día sin que los que la queremos nos acordemos de ella y de la lección de vida que nos dejó como legado.

«Solo los necios andan tranquilos por el mundo, con la que está cayendo. Así que hoy martes, por si acaso, toquen madera».

No rindamos nuestras armas, no hinquemos la rodilla, no atribuyamos a las máquinas cualidades que, para bien o para mal, son lo único que nos hace humanos.

Esa sensación de que estás siendo un lastre para las generaciones jóvenes, que somos hijos de un Dios menor, olvidando que si ellos están donde están, es gracias a sus mayores.

Y desafiando el oleaje, sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje.

Este fenómeno, conocido como el efecto mariposa, nos indica hasta que punto el azar influye de modo determinante en nuestra vida.

Me he ganado cada una de mis canas, a base de procurarme todo tipo de problemas, cuando no han aparecido de manera espontánea.