Ser hijo es la base de la pirámide, como ser soldado raso, mientras que todos los demás son ascensos en el status social, que vienen dados por la circunstancia o la edad.
¿Cómo puedo dormir con tu voz en mi cabeza? Por Julio Moreno López

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Ser hijo es la base de la pirámide, como ser soldado raso, mientras que todos los demás son ascensos en el status social, que vienen dados por la circunstancia o la edad.

“Por las noches se que soñarás, que los lobos llaman a tu puerta. Eras uno más de la hermandad, pero tuviste que joderlo todo”.

Cuando este jueves Borja me comunicó la triste noticia del fallecimiento, a los quince años, de Ainara Reina, lejos de sentir pena por ella, sentí mucho pesar por Borja y por los suyos.

«Ayer vimos a un hombre afrontar su responsabilidad, y a otro huir, como ha hecho siempre, sostenido por su servicio de seguridad, como una doliente Magdalena».

No sé si ustedes entienden que todo esto justifica no creer en la democracia. Me da igual. Me da igual lo que piensen ustedes.

Ya he vivido cosas que no pensé que viviría, en positivo y en negativo. Mi cuaderno no está en blanco, y a veces ya me siento demasiado cansado.

Ahora si cuentas un chiste de los de antes hasta tus amigos te mirarán mal. Cosa de la neolibertad de expresión, una de las libertades básicas de nuestra neodemocracia.

Nadie merece morir por ser musulmán, judío o católico. Nadie deber perder la vida por ser de izquierdas o de derechas, por ser blanco, negro o amarillo.

Este gobierno socialista está aplicando al pie de la letra los preceptos de Goebbels, para llegar a la misma meta a la que llegó Adolph Hitler.

Podría parecer que sentimientos tan íntimos, que atañen incluso a la imagen que uno tiene de sí mismo, no podrían tener una interrelación y, sin embargo, así es por lo que parece.

Ahora, que la alucinación de las vacaciones se ha derretido como un helado al sol de agosto hay que volver a empezar.

Permanecer en la indiferencia del anonimato es, sin duda, una falta grave y, si como yo eres católico, un pecado mortal.

Bajé a ayudarle con la maleta con la vista larga, por si se acercaba alguno de estos que no comen jamón con aviesas intenciones.

Me juro a mí mismo, cuando subo al coche camino del sur, que voy a ser feliz cada minuto, y que voy a intentar que los míos también lo sean…