París era una fiesta es un libro al que necesito continuamente volver, en busca de una felicidad cada día más volátil y más esquiva, al igual que a los encierros de San Fermín..
París era una fiesta. Por Julio Moreno López

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París era una fiesta es un libro al que necesito continuamente volver, en busca de una felicidad cada día más volátil y más esquiva, al igual que a los encierros de San Fermín..

El mar, como dice Perales, representa la libertad, la posibilidad de huir, de desaparecer hacia nuevos horizontes…

«Los coches de antes, como el Seat 600, forjaban personalidad. ¿ABS? ¿Control de velocidad? ¿Faros de Xenon? Eso es para Milenials».

Amor se llama el juego y no necesariamente el amor romántico, que es siempre una ilusión, sino el amor entendido como principio, como lazo.

Decidamos si vamos a escribir el obituario de la democracia, o es la democracia la que escribirá, sin remedio, el obituario de España.

Cosas inmateriales tan importantes como la libertad, la felicidad, la salud, la estabilidad, son tan frágiles como un castillo de naipes.

El problema no es la mentira permanente; el problema es que se demoniza la verdad, se intenta callar a los medios de comunicación libres.

Este año, me siento como un gato al que cuando más cómodo está en su cojín, le cogen de las patas y le lanzan al aire para ver si cae de pie.

Se va tratando de explicarnos que la vida es demasiado valiosa para dejarla pasar, que no somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Esos doce días que me han hecho guardar mi corazón en el cofre del hombre muerto, poniéndome a salvo del sentimiento, pero dejándome frío y solo…

A excepción de sus votantes, quiero pensar que los españoles no somos gilipollas, aunque nos tomen por ello. Menos samba e mais traballar, menos slogan y más hemeroteca.

“El espectáculo debe continuar, si por dentro mi corazón se rompe. Mi maquillaje se puede estar desdibujando, pero mi sonrisa todavía permanece”. (“The show must go on”. Queen).

Los nacidos en el siglo XXI viven atrapados en una jaula de cristal que son incapaces de ver, pero que coarta su existencia hasta límites inaceptables…

Uno guarda esos objetos, en casi todos los casos, por las connotaciones afectivas y sentimentales que atesoran. Por lo general, cada uno está ligado a recuerdos mucho más valiosos que el objeto en sí.