Este gobierno socialista está aplicando al pie de la letra los preceptos de Goebbels, para llegar a la misma meta a la que llegó Adolph Hitler.
Matar al cartero. Por Julio Moreno López

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Este gobierno socialista está aplicando al pie de la letra los preceptos de Goebbels, para llegar a la misma meta a la que llegó Adolph Hitler.

Podría parecer que sentimientos tan íntimos, que atañen incluso a la imagen que uno tiene de sí mismo, no podrían tener una interrelación y, sin embargo, así es por lo que parece.

Ahora, que la alucinación de las vacaciones se ha derretido como un helado al sol de agosto hay que volver a empezar.

Permanecer en la indiferencia del anonimato es, sin duda, una falta grave y, si como yo eres católico, un pecado mortal.

Bajé a ayudarle con la maleta con la vista larga, por si se acercaba alguno de estos que no comen jamón con aviesas intenciones.

Me juro a mí mismo, cuando subo al coche camino del sur, que voy a ser feliz cada minuto, y que voy a intentar que los míos también lo sean…

París era una fiesta es un libro al que necesito continuamente volver, en busca de una felicidad cada día más volátil y más esquiva, al igual que a los encierros de San Fermín..

El mar, como dice Perales, representa la libertad, la posibilidad de huir, de desaparecer hacia nuevos horizontes…

«Los coches de antes, como el Seat 600, forjaban personalidad. ¿ABS? ¿Control de velocidad? ¿Faros de Xenon? Eso es para Milenials».

Amor se llama el juego y no necesariamente el amor romántico, que es siempre una ilusión, sino el amor entendido como principio, como lazo.

Decidamos si vamos a escribir el obituario de la democracia, o es la democracia la que escribirá, sin remedio, el obituario de España.

Cosas inmateriales tan importantes como la libertad, la felicidad, la salud, la estabilidad, son tan frágiles como un castillo de naipes.

El problema no es la mentira permanente; el problema es que se demoniza la verdad, se intenta callar a los medios de comunicación libres.

Este año, me siento como un gato al que cuando más cómodo está en su cojín, le cogen de las patas y le lanzan al aire para ver si cae de pie.