El tañido del timbre interrumpió mi placidez vespertina. Su resonancia penetrante hacia el cerebro laceró mis oídos.
El timbre inoportuno. Por Manuel Sanz Real

www.lapaseata.net

El tañido del timbre interrumpió mi placidez vespertina. Su resonancia penetrante hacia el cerebro laceró mis oídos.

«A pesar de todo, y como si de una película sin final se tratase, seguiré mirando desde mi ventana el imparable paso del tiempo».

«Bajé corriendo por las escaleras y entré en aquella socorrida tasca sin apenas dar los buenos días al camarero».

En ese primer vistazo me fue imposible ver su cara, ya que la negra capucha de su sudadera se la cubría por completo…

«La casa estaba llena de recuerdos y rencores, haciendo de ella un lugar donde el pánico seguía presente en cada rincón».

«Al mirarme en el espejo, un pánico insuperable se apodera de mi al ver en él una cara monstruosa que no es la mía».

«Este era el ambiente con el que convivía todos los días y donde nadie era consciente de sus silenciosas lágrimas».

«De regreso a casa ya no vi esos deshumanizados gigantes de hormigón, sino un lugar mágico lleno de historias y misterios».

«Empiezo a pensar en las manos y en su utilidad, al mismo tiempo que repaso mi vida; como si de rebobinar una película se tratara».

«La bocina amenazante de un coche le hizo volver en sí, por fin se encontraba en la gran avenida rodeado de gente, como tanto deseaba».

«¡Qué guay me lo estoy pasando! ¡Nunca había hablado con una rosa! ¿Me prometéis que vamos a estar aquí todos los días juntos?».

«Derrotado, acabo por tumbarme arrebujado en una ajada manta que tantos años lleva dándome calor en las espesas noches».

«Ese tren continúa su marcha imparable con destino a una estación anónima, en la que algún día serás tu quien se baje».

«Recordaba de aquella novela que la librería no existía como tal, todo lo expuesto era un decorado, se trataba de un escenario».