Hay niñatos en la universidad que parecen querer tener que volver a cubrir heridas de bala con vendas negras como decía la canción de Cecilia.
La conjura de los niñatos. Por Rodolfo Arévalo

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Hay niñatos en la universidad que parecen querer tener que volver a cubrir heridas de bala con vendas negras como decía la canción de Cecilia.

Las cuatro mil firmas trasladan un mensaje muy negativo, el que todos los políticos son iguales y entre ellos se tapan las vergüenzas.

Son unos bocazas matones sacados del principio del siglo pasado, años treinta, y que podrían volver allí y pudrirse en la puta guerra civil.

Don Juan Carlos interviene ante el Parlamento británico, en presencia de Doña Sofía, en 986, yo estaba alli y esto sí es memoria histórica.

No es aventurado hacer un paralelismo de las dificultades con las que hoy se encuentra nuestro Rey Felipe VI para defender nuestra monarquía.

Olvidamos todo el mal que nos han infligido a sangre fría y quedan en la impunidad dentro de un nauseabundo océano de corrupción y clientelismo.

Está desbordado y sin control que se desangra con una hemorragia que ya le arrebató Andalucía y que le acabará sacando de Moncloa.

El charlatán sabiéndose ya vencido y derrotado, lejos de salir, hoy, a defender su gestión, salió a insultar y despotricar de Feijóo.

¿Por qué digo que la ecuación energética es tan difícil? Porque supone operar con muchas variables, algunas de incómodo seguimiento.

Antonio (Pinocho) y todos los suyos aseguran que ETA no existe mientras el felón cambia presos terroristas por presupuestos.

Sánchez necesita otra vez del franquismo, está desesperado, a medida que se acerque la cita electoral de las municipales y autonómicas.

¡Falta que nos digan qué tipo de papel higiénico debemos utilizar! Perdón por la grosería pero estoy hasta allí mismo de tanta imposición.

Me muero de curiosidad para ver como retuercen el compromiso para justificar que la medida de gracia no incumple el Código Ético del PSOE.

La Parada de los Monstruos crece sin freno. En Nicaragua, el tirano Daniel Ortega de sus iras la Iglesia Católica es ahora el centro