Tan abundante es la corrupción política en la España actual, que la elevación de los impuestos, apenas, impresiona a la masa votante o contribuyente.
Los nuevos progresistas. Por Amando de Miguel

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Tan abundante es la corrupción política en la España actual, que la elevación de los impuestos, apenas, impresiona a la masa votante o contribuyente.

Y mañana, el Gobierno a lo suyo por muy indigno que nos parezca a los participantes de la concentración en la Plaza de la Cibeles de Madrid.

Seguiré poniendo mi alma en el papel, dibujando líneas en el horizonte, mientras haya lectores y editores empeñados en la literatura.

En los países considerados como ricos, la población conserva la viejísima avidez por proveerse de grasa animal, de lo dulce y lo salado.

Cierto y verdad, que los pilares del contrato social se sustentan en la necesidad del hombre en sociedad de ceder parte de su libre fuero innato

Para la extrema izquierda frente populista, el término DEMOCRACIA significa poder gobernar sin tener en cuenta a la misma DEMOCRACIA.

Si alguien empeña algo tan valioso como su tiempo en leerte, tienes que corresponder a tan generoso acto y tratar de ofrecer oro.

Hay que avizorar un peligro: la tendencia del que se siente pesaroso, por haber obrado mal, a proyectar la culpa sobre los demás.

Sin el certificado de progresistas chapoteamos según ellos fuera del constitucionalismo porque somos fascistas, golpistas, ‘trumpistas’ y ahora también bolsonaristas.

La exaltación de la estulticia por parte de los que mandan en todos los órdenes significa que uno debe mostrarse como progresista.

Son tantas las cosas que han quedado en el camino junto a los chicles de peseta. Las canicas, la peonza, el hula hop, los tirachinas, la lima

Son socios, son aliados; lo dijo Patxi López no hace mucho al llegar a la portavocia del grupo socialista en el Congreso.

El OMNIPOTENTE e IMPLACABLE Poder del NOM. El triste final de quienes denuncian y desarticulan las redes de pederastia y otros desmanes de la Agenda 2030.


Los que ya peinamos canas, o no nos peinamos casi nada por aquello de la escasez capilar, hemos oído de pequeños antiguas y castizas expresiones, de las que hoy destacamos una: “Tienes la suerte del enano, que se fue a cagar y se cagó en la mano”. Mi madre y mi tía Rosa usaban una versión más drástica: “La suerte del enano, que se la pisó meando”. En ambos casos, retrata la mala fortuna con la que nos castiga reiteradas veces el caprichoso destino, que parece cebarse en las desgracias. No obstante, tendríamos que pensar si, en algunos casos, ese cúmulo de acontecimientos desgraciados nos los hemos buscado nosotros mismos con nuestras acciones previas.
El sabio refranero español que hoy no es políticamente correcto y quizás debamos cambiar. Así, cuando veamos a un progre o izquierdoso aquejado de una racha de mal fario deberemos corregir las palabras de nuestros mayores para no exaltar más su sensibilidad. De este modo, diremos: “Padeces unas circunstancias similares a la de los ciudadanos de muy baja estatura, que al ir a expeler las fecales materias, en completo y democrático uso de sus libertades físicas, pueden inadvertidamente excretar sobre la extremidad del cuerpo humano que comprende desde la muñeca hasta la punta de los dedos y que se encuentra unida al antebrazo”. No queda tan original, pero resulta muy apañado.
La suerte del enano parece aquejar en los últimos tiempos a los habitantes de la nueva Catalonia. Todo comenzó cuando el nefasto proyecto tripartito llegó al poder, auspiciado por los apoyos del Innombrable, ese gafe redomado. Primero se les hundió un barrio entero, luego se les colapsaron las autopistas, los trenes de cercanías, los aeropuertos, etc. Ahora, sus gobiernos separatistas no tienen dinero para pagar a las farmacias, la sanidad es manifiestamente mejorable y estarían en quiebra a no ser por los dineros que se les envía desde la pérfida España. Las desgracias parecen aquejar a esta región, antaño próspera y ahora sumida en un mar de problemas y perdiendo a marchas forzadas los puestos de cabeza de la economía española.
Sin embargo, muchos de sus habitantes no reaccionan y, en una especie de “sostenella y no enmendalla”, siguen votando las mismas opciones más o menos separatistas que durante treinta años han demostrado su ineptitud y que parecen preocuparse más por el espantajo de una supuesta independencia que por resolver los problemas de los ciudadanos. No tienen la suerte del enano, sino la que se han buscado.
Sus dizque políticos tienen una receta mágica, aunque ya vieja, para apartar de sí la responsabilidad de su pésima gestión y pasársela a otros. Es muy fácil echarle la culpa a “Madrit”, decir que España les roba y asegurar a la vez que todo se solucionaría si tuvieran la independencia y se produjera la puñetera desconexión. Y muchos habitantes de esa Matrix cataláunica se lo creen como corderitos, y vuelta a votarles.
Mientras tanto, numerosas empresas nacionales y multinacionales cambian, paulatina pero continuamente, sus sedes desde Barcelona a Madrid o a otros puntos de la geografía hispana en los que se presume una mayor estabilidad política y económica. Sería triste que, al final, se dé la vuelta a la tortilla y muchos catalanes tuvieran que emigrar a otras regiones en busca de una vida mejor, al igual que andaluces, extremeños y murcianos lo hicieron en su día para poder labrarse un porvenir.
No tienen la suerte de espaldas, le están dando la espalda a la suerte.