Me siento seguro en el lugar desde el que escribo. Los seres humanos somos de cueva, seres que necesitan sus cuatro paredes, para sentirse a salvo.
Somos de cueva, seres que necesitan sus cuatro paredes, para sentirse a salvo. Por Rodolfo Arévalo

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Me siento seguro en el lugar desde el que escribo. Los seres humanos somos de cueva, seres que necesitan sus cuatro paredes, para sentirse a salvo.

En el concilio celebrado en el año 354 por el papa Liberio, tras sesudas deliberaciones, se fijó la Natividad del Señor el 25 de diciembre.

¡Qué duda cabe de que ‘Occidente’ va prosperando en la solemne estupidez! Para hundir al mundo, ¡solitos nos bastamos!

No se puede entender el nacimiento del cristianismo sin antes haber analizado los acontecimientos que se desarrollaron en la tierra de Canaán.

Muy por encima de todo están los amigos reales, los corpóreos los que han compartido tu vida o parte de ella y nunca dejan de serlo.

Brindis por todos los lectores de La Paseata para que el año venidero, todo lo mejor nos traiga: SALUD, PAZ, AMOR… y un poquitín de dinero.

Nada es normal. Es lo que nos ha tocado este año, anormalidad. Curiosamente, la Humanidad se empecina en ser esclava de unos pocos.

La Natividad del Señor es una fiesta anual que la Iglesia Católica celebra cada 25 de diciembre para rendir homenaje al nacimiento de Jesús.

El precio de la subida de la factura de la luz y los precios de la alimentación, son soportados por el 100% de la sociedad civil y jurídica.

Si algo queda claro a la hora de convivir es eso que hay que respetar la verdad de los demás para poder disfrutar del ejercicio de tu propia verdad.

Las calles están encharcadas de sangre ficción de los desheredados españoles, los actuales Santos Inocentes, desheredados de la esperanza.

Algunos osados apuntan a la mano del hombre para la plaga bíblica que sufrimos y esta no duda en cargarle el muerto… a la caprichosa vida.

Hoy, un breve recordatorio de lo que fue y sigue siendo nuestra frágil humanidad y esa eterna contradicción de locos que sufrimos todos.

Fueron minutos eternos, de mucha tensión, de gran esperanza. Aquel día, en aquella habitación, nacieron dos niños. Feliz cumpleaños, Manuela y Manuel.