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El arte del encuentro: La martingala de Carmena de hacer de Madrid su Habana particular

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Carmena, esta aparentemente inocua abuelita al-qaldesa, sigue con la martingala de hacer de Madrid su Habana particular. Todo lo que se le ocurre implantar, como ideas renovadoras y de progreso, que tiene miga la cosa, son imitaciones de las muy rancias fórmulas comunistas cubanas. Recordemos la reciente idea que tuvo de los supervisores/comisarios políticos de distrito (vamos, los CDR cubanos), que quiso poner en junio pasado. O las mamás, haciendo “trabajo social”, limpiando los colegios de sus niños, mientras éstos, a su vez, recogerían colillas de los suelos de Madrid. De haberlo llevado a cabo, nuestros pequeños habrían sido muy similares a los niños pioneros de Cuba (semillero infantil de futuros herederos de la fracasada revolución comunista cubana).

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Lo peor es que, en ella, toda ocurrencia, por disparatada que sea, se justifica, jocosamente, como una “carmenada” más, que no tiene otro recorrido que el de una inocente degustación de magdalenas caseras; craso error.

Su última idea estrella es promover su propia emisora de radio. Oye, ¡qué casualidad!, igualito que Chávez, Maduro, los Castro y todo dictador que se precie.

cubano

Su obsesión por imitar a la dictadura castrista me evoca, inevitablemente, algunas vivencias en Cuba. Y, así, se me asocia a la memoria que allí no había más emisora que “Radio Reloj”, ni más televisión que Tele Rebelde. Resultaba menos tedioso escuchar el grifo de la ducha del hotel que a estas inagotables fuentes de adoctrinamiento, que te machacaban las meninges, relatando tooooodo el santo día los “logros de la revolución” y las innumerables razones por las que los cubanos tenían que adorar al gran libertador, el Comandante en Jefe Fidel Castro Rus.

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Por ejemplo, debían aplaudir el que, en un pésimo momento de escasez de comida por el que atravesaba el pueblo cubano, el gobierno les hubiera facilitado una larga lista de flores y plantas comestibles conque paliar el hambre; no es broma. Y, por supuesto, mucho más saludables que un mísero filete de vaca, ¡dónde va a parar! Los arengaban, con el cuajo del que sólo son capaces los comunistas, diciéndoles que su resistencia heroica al hambre, provocado- faltaría más- por el “bloqueo” de EEUU, iba a demostrarles a “esos invasores imperialistas” que “no les tenían ningún miedo”, repetido una, y otra, y otra vez, por un engolado locutor que terminaba, henchido de falsa emoción, con un “ ¡¡Patria o Muerte, Venceremos!! “.

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Comunismo aplicado a Cuba por 58 años consecutivos y apoyado por la izquierda antiimperialista latinoamericana

Al hablar de algunas de las carencias del pueblo cubano, me voy a permitir retrotraerme a una situación que relaté aquí sobre la inolvidable visita que hice, junto a otros compañeros, a la casa de la fundadora del Conservatorio de Música de La Habana. Nuestra anfitriona, apenada por no poder ofrecernos ni un mísero refresco, quiso contarnos lo que ella, con mucha carga de ironía, dijo que era un chiste muy popular: “Venía un huevo frito, corriendo despavorido, huyendo de una turba hambrienta, cuando al volver una esquina se encuentra, recostado chulamente, a un coqueto filete. El huevo, alarmado al verlo tan tranquilo, va y le dice: “¿qué haces aquí parado?, corre insensato que estos que me persiguen, en cuanto te vean, te van a devorar”. El filete le contesta, burlón: “corre tú y no te preocupes, que a mí…… ni siquiera me conocen”. Ninguno de nosotros fue capaz de esbozar ni un rictus de sonrisa ante aquella dolida mujer, que ya llevaba más de seis meses sin recibir el pollo mensual que tenía asignado por ser diabética. Y que sus nietos de 7 y 9 años, allí presentes, habían crecido sin haber podido tomar un solo vaso de leche fresca.

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La famosa Rihanna se fotografió en La Habana para la revista Vanity Fair

En relación con estas carencias, y en contraposición, relato una anécdota que se dio en aquel vuelo de Iberia. Regresaban de La Habana, invitados por el gobierno cubano, algunos conocidos cantantes y “cantantas” progresistas españoles, integrados, más tarde, en el no menos progresista club de la ceja. Venían envueltos en un ridículo aura de romanticismo progre y babeante; tanto, que no paraban de alabar, en voz alta y entre ellos, las bondades de su mítico referente cubano. _ ¡Manda bemoles!_ me dije por lo bajinis. Entonces, yo, ejerciendo la faceta de relaciones públicas que daba mi profesión, me permití la intromisión diciendo, así como tontamente: “…….bueno, es que en la Marina Hemingway se vive de forma muy distinta al resto de la isla”. Entonces, con un premonitorio arqueo de ceja, me pregunta uno de ellos: ¿Es que a vosotros también os alojan allí? “¡Noooo, qué va!, contesté, ese exclusivo lugar está reservado sólo para los invitados del gobierno; es todo un privilegio”. Y ¿cómo sabes que hemos estado allí?, sigue el artista. Pues…… porque no es ningún secreto para ningún cubano que la Marina es un pequeño reducto de una abundancia absolutamente desconocida en el resto del país.

Secuelas del Socialismo del Siglo XX aplicado en Cuba por 56 años. Foto de Yusnaby Pértez
Secuelas del Socialismo del Siglo XX aplicado en Cuba por 56 años. Foto de Yusnaby Pértez

Aprovechando el aparente desconcierto que les produjo mi respuesta, les digo de seguido: “Seguro que os habéis encontrado por allí con alguno de los graciosos desfiles de niños pioneritos, luciendo orgullosos su impecable pañuelito rojo al cuello, y tan bien uniformados ellos como mal alimentados ¡Qué pena, ¿verdad?!…….. _ ¡Bah, venga!, que estoy de broma_, esos niños no saben ni que existe en su país un lugar como la Marina Hemingway”. _¡Qué mala leche!_, me soltó una de las famosas pasajeras. Pero yo continué en modo tontita y, sin darme por aludida, le dije bajito: “ni mala leche ni buena; no hay leche para ellos”. Me apresuré a decirles: “disculpadme, luego seguimos, que ahora tengo que trabajar”. Ya no me volvieron a dirigir la palabra durante todo el vuelo ni para pedirme un vaso de agua.
Me quedé, no obstante, con ganas de preguntarles si ellos también tuvieron que hacer la larga y lentísima cola, como todos los cubanos, para acceder a un delicioso helado en Coppelia. ¡Claro que no! Los cubanos sufrían la humillación de saberse ciudadanos de segunda, porque les era obligado ceder su turno a los extranjeros, tanto en Coppelia como en cualquier restaurante al que se les permitiera entrar. Por aquel tiempo, tampoco se les permitía entrar en los hoteles, ni en las “diplotiendas”, pequeños supermercados mal abastecidos, en donde sólo se podía pagar en dólares, y a los cubanos les estaba prohibido tenerlos. ¿Cabe mayor humillación?

Secuelas del Socialismo del Siglo XX aplicado en #Cuba por 56 años. Foto de Yusnaby Pértez
Secuelas del Socialismo del Siglo XX aplicado en #Cuba por 56 años. Foto de Yusnaby Pértez

¿Es este modelo innovador y progresista el que quiere Carmena para Madrid, micrófono en ristre? Ojo con esta banda, que no dan puntada sin hilo.

Democracia, Libertad y Verdad son al comunismo lo que la virginidad a María Martillo.

El arte del encuentro: Los horizontes quemados y las lágrimas de Grandeza

Estaba yo leyendo un magnífico libro

Estaba yo leyendo un magnífico libro que me está durando más que un martillo en paja, porque no soy capaz de concentrarme en él. Hay un grupo de pescadores en el pequeño lago, a orillas del cual vivo, rodeada de un bosque de pinos, vociferando.

Me altera la idea de ver que la gente educada y respetuosa ya no parece tener cabida en esta España, cada vez más cutre. Me altera la idea de alguno de ellos tire una colilla descuidada y……ufff, ¡no lo quiero ni pensar!

Este tipo de pensamientos-run run suelen coincidir con el despertar cansino y tocapel……(¡no lo diré!) de ese demonillo que llevo dentro al que yo llamo Max. Así que lo ignoro, y me doy prisa en digerir lo que estoy pensando porque, si lo dejo intervenir, se alargará mucho ésto.

Para escribir este sentir, tal y como me pide el cuerpo, debería ser yo una mal hablada barriobajera, o bien, para paliar los efectos, haber nacido con esa gracia envidiable, propia del que dice un exabrupto de los que echan abajo un pueblo, y les queda de aplauso. Pero no es mi caso, así que me comportaré.

En ello estoy, cuando me llega un mosqueante olorcillo a leña quemada, que me pone las pituitarias de punta. Levanto mi cuello como si fuera un perrito de la pradera, oteando de donde viene esa humareda amenazante. Veo, con inquietud, que algún vecino está preparando una barbacoa a lo grande; digo a lo grande porque se veía el arder de la leña muy cercano, para mi gusto. Justo ahí, ya noto el imparable desperezar de mi omnipresente Max, ese demonillo atosigante y burlón que le encanta azuzarme.

Demasiados incendios

Le digo, fingiendo tranquilidad: está en su casa y tiene derecho a hacer su barbacoa. Entonces, Max, en su estado más puro, suelta: ¡Anda que, con esta brisilla que hace, como se le vuelen unas cenizas, con tanto pino por aquí, nos monta la de Nerón en Roma! Lo fulmino con la mirada, a la vez que le digo, sin mucha convicción, que confío en el buen juicio y cuidado del chef. Max, sin aparcar esa risilla irónica que me mata, va y me dice: ¿Pero no eres tú la que te pasas el día ronroneando eso de que España se ha convertido en un país de descerebrados e inconscientes de la vida, que…bla.bla.bla? Valeee, le digo, pero ya verás cómo este fogonero toma las debidas precauciones. Max, sin soltar la presa, sigue: Sí, sí, ya, pero menos precaución que la que hay que poner para limpiarse el trasero en el campo…..y mira la que ha liado el alemán de los c…. ¡¡¡Maaaaaxx, he dicho que tacos NO!!!!

Inevitablemente, ese olorcillo me trae a la mente los incendios de La Palma, Galicia, Levante, Portugal, etc., que me duelen casi tanto como si me quemaran las uñas de los pies. Y es entonces cuando me asaltan las ganas locas de soltar todos los improperios que nunca dije, corregidos y aumentados.

La lucha del hombre contra el fuego

Max me increpa: ¡Menos mal que no tienes que legislar tú, que si no…! ¡ Pues mira, le digo, ya me encantaría, ya. A botepronto, se me ocurre que, como lo del término “cadena perpetua” suena duro para la sensibilidad de algunos, yo lo cambiaría por Actividad ORS (Oportunidad de Reparación Sostenible), por ejemplo, que es el lenguaje blando, equívoco y deslavazado que usan aquellos. Y, así, los pirómanos tendrían la Oportunidad de Reparar lo quemado: Sosteniendo pico y pala durante 10 horas de cada día de su vida, con los que cavar hoyos y plantar el mismo número aproximado de árboles que el de los carbonizados.

-Max se ríe de mi ocurrencia. ¡Qué va, Max, que no!, que esto no es cadena perpetua, de verdad. Mira, el contrato/sentencia sería: tantas hectáreas quemadas, tantas hectáreas repobladas; cuanto antes lo haga, antes se va Vd. a su casa. Y los buenos comportamientos se premiarán con hacer, en sus ratos de ocio, algún cortafuegos. Jajaja, ríe Max ¿Qué van a tardar mucho más que una vida en plantarlos? Pues, allá ellos. Que comprueben en sus carnes que se es mucho más lento en cavar, que el fuego en quemar. A ésto, sí lo llamaría yo Productividad Sostenible. ¡Se acabaron para éstos las “duras e injustas” cadenas perpetuas revisables, viviendo en la molicie de una cómoda cárcel que los vuelve fofos como nenazas!

Por primera vez, veo que Max se arruga ante mi rictus de satisfecha rabia infinita.

Pero este demonillo tocapel….. (¡no lo diré!) tiene recursos, y, aprovechando que los humos del vecino chef van remitiendo, y que yo respiro aliviada, vuelve a la carga, mientras se mira las uñas con ese gesto odioso, ya sabeis: Belencita, y hablando de otra cosa, ¿No te parece que tras ese afán del PSOE por denunciar hasta a los que llevan los cafés a Génova, se esconde una de sus frecuentes piruetas de distracción para que los demás no abundemos demasiado en la insólita noticia de que Snchz/PSOE no se suman a la impugnación de la candidatura de Otegi, por Bildu, como lehendakari?

¡Enésima traición socialista a España!, le contesto.

Max ha pillado desprevenida, y casi se me escapa un ¡Coñ……..ntra!. Pero me contengo a tiempo.

Horizontes de grandeza

Cierro con rabia mi libro, porque así no hay forma de leer nada. Y me decido a ver, por enésima vez, la gran película que dan en la tele, “Horizontes de grandeza”, de William Wyler.

¿Grandeza?… ¿has dicho grandeza?, pregunta Max. Eso ya no se lleva mucho por aquí, ¿no? ¡A ver si nos actualizamos, hija!, me dice con chulería. No me doy por enterada, y le contesto enérgica, altiva, orgullosa, y ahuecando la voz para contener las lágrimas, que en España hubo y, aún, hay mucha grandeza. Y, si no, fíjate en el orgullo y la emoción de Mirella, Maialen, Sylvia, Rafa, y Marc cuando escuchan nuestro himno, en Rio, mientras se iza, en su honor y en el de todos los españoles allí representados, la bandera de España; Max, lo que les resbala por las mejillas son lágrimas de Grandeza.