«Al mirarme en el espejo, un pánico insuperable se apodera de mi al ver en él una cara monstruosa que no es la mía».
La transformación. Por Manuel Sanz Real

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«Al mirarme en el espejo, un pánico insuperable se apodera de mi al ver en él una cara monstruosa que no es la mía».

El de Fregenal de la Sierra, Arias Montano, teólogo esclarecido, intérprete de los Libros Sagrados, conoció bajo el reinado de Felipe II todas las estancias del poder terrenal y sus refinados mecanismos.

«Este era el ambiente con el que convivía todos los días y donde nadie era consciente de sus silenciosas lágrimas».

«De regreso a casa ya no vi esos deshumanizados gigantes de hormigón, sino un lugar mágico lleno de historias y misterios».

«No se sentía capaz de recorrer el pasillo, de adentrase en la que había sido su casa, pero que ahora sentía como un lugar extraño, terrorífico».

«Empiezo a pensar en las manos y en su utilidad, al mismo tiempo que repaso mi vida; como si de rebobinar una película se tratara».

Como dice uno de mis más preciados y antiguos amigos, odio el siglo XXI. En el XX y en cualquier caso, fuimos felices.

«¡Qué guay me lo estoy pasando! ¡Nunca había hablado con una rosa! ¿Me prometéis que vamos a estar aquí todos los días juntos?».

«Derrotado, acabo por tumbarme arrebujado en una ajada manta que tantos años lleva dándome calor en las espesas noches».

«Ese tren continúa su marcha imparable con destino a una estación anónima, en la que algún día serás tu quien se baje».

«Recordaba de aquella novela que la librería no existía como tal, todo lo expuesto era un decorado, se trataba de un escenario».

Hace unos meses estuvimos en aquella casa rural rodeada de pinos, en plena naturaleza ¡cómo disfrutamos de la belleza del lugar!

«Quiso disfrutar en poco tiempo de toda la libertad que le daba la vida en soledad, lo que le ocasionó retrasos y faltas constantes a su trabajo».

«Al bajar del autobús, tomó la carta del bolsillo, sería lo primero que entregaría a su mujer, junto con un efusivo beso».