Ahora llega a las pantallas: “Franco no nos dejaba hacer el amor en Semana Santa”, (Cristina Almeida dixit).
Conversaciones en el andamio: ¡Franco, Franco, Franco! Por Francisco Gómez Valencia

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Ahora llega a las pantallas: “Franco no nos dejaba hacer el amor en Semana Santa”, (Cristina Almeida dixit).

El Gobierno actual ha echado mano, sibilinamente, de la idea de los privilegiados impotentes para mandar sin conflictos o interferencias.

El factor decisivo del éxito económico, atribuido a la generación activa de los años 60, fue la extraordinaria asimilación de la ética del esfuerzo.

Lo específico del actual régimen, apodado como sanchista por los españoles, es la desproporcionada primacía del poder ejecutivo.

Ellos, ya se sabe, son más de dar apoyo a los tiranos vivos de allende el mar; líderes bolivarianos a los que en España quieren emular.

Que no ¡Oiga, no quiero hablar con un puto robot, quiero hablar con una persona! Para poder giñarme en sus muertos, caso de ser necesario.

Me fastidia ver cómo más de cuarenta años después de la desaparición de un dictador se nos esté subiendo a la chepa otro igual o peor.

Hay que ser muy inteligente para hacer humor absurdo. Hay que dominar la técnica, conocer los recovecos del alma humana, encontrar el punto G de la risa…

El aspirante a dictador, no votó en el contubernio del jueves 15-D y no cabe duda de que no es tonto ni de que debe estar muy bien asesorado.

Franco la quitó la vesícula de joven para hacer starlux y cuando la pregunto por el apéndice, ella guarda buenos recuerdos de su juventud.

El odio a lo español, ese rechazo, xenofobia, racismo a lo que no somos nacionalistas como ellos, sigue estando presente en el día a día.

España es un circo, un puto circo en manos de políticos aficionados y de empresas depredadoras, además de bancos recaudadores y usureros.

En 1982 se cierra la Transición y se empieza a sembrar lo que hoy es una pura transacción, muy lejos de una verdadera democracia constitucional.

Nos encontramos entre la ceguera y las mordazas ante una afrenta al rigor histórico por parte de quienes tienen tanto que callar.