
«El texto aprobado en secreto por los parlamentarios sediciosos, es la mayor prueba del grave delito perpetrado, y una muestra de la pérdida de valores éticos y morales de esa panda de delincuentes»
Estoy relativamente contento y tranquilo con la tardía pero eficaz decisión del Gobierno de España. El texto aprobado en secreto por los parlamentarios sediciosos, es la mayor prueba del grave delito perpetrado, y una muestra de la pérdida de valores éticos y morales de esa panda de delincuentes. Unas actuaciones que han acompañado, desde sus principios de ruptura, a los Puigdemont, Junqueras y gleba, determinados a destruir la realidad, sustituyendola por una impúdica falacia.
El texto es una mentira tras otra. Una vil trampa El texto dice así : » Cataluña restaura hoy su plena soberanía, perdida y largamente anhelada, después de décadas de intentar, honesta y lealmente, la convivencia con los pueblos de la península ibérica.» No caben mas embustes en un texto tan corto. Una radiografía perfecta de su perversa mentalidad, que basa todo su argumentario en falsas leyendas.
Pero hay más aberraciones. Aquí van : » La nación catalana, su lengua y su cultura tienen mil años de historia. Durante siglos se ha dotado y ha disfrutado de instituciones propias que han ejercido el autogobierno con plenitud, con la Generalitat como la máxima expresión de los derechos históricos de Cataluña.» Más posverdad y cinismo sin límites es difícil de conseguir. Más impiedad para con todos los ignorantes seguidores de esa causa, es imposible. Más desvergüenza con todos los que, ingenuamente, anhelaban la arcadia feliz, no cabe. Para los responsables de este sinsentido solo les valía atender a su cruel y rancio supremacismo.
¿Con esas declaraciones plagadas de agravios ficticios e ilegales alguien podía aceptar tamaño desatino?. Ni Mariano Rajoy.

La secuencia del proceso independentista aún no ha llegado a su gran final.
Si queremos una resolución satisfactoria, hemos de permitir que reviente la santabárbara en la traca final, esfumando hasta el último grano de pólvora.
Si no yerro totalmente, y por mucho que nos pese, habremos de proclamar a Don Mariano I El Prudente valido y valedor de Don Felipe VI El Paciente.
Salud