«El progresismo es la mentira más podrida de la izquierda extrema, es muerte, es hambre, es injusticia, es dolor, es ruina, es Pedro Sánchez, es Rodríguez Zapatero».
(21) 500 Palabras: Crónicas progresistas. Por Antonio E.

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«El progresismo es la mentira más podrida de la izquierda extrema, es muerte, es hambre, es injusticia, es dolor, es ruina, es Pedro Sánchez, es Rodríguez Zapatero».

«El fracaso político actual es la desorganización personificada trasladada a la economía privada y esto produce desazón».

«Su objetivo no es transformar la realidad, sino gestionar el relato. El ciudadano no debe pensar, debe sentir».

«Se avecinan semanas decisivas, donde todos y cada uno de nosotros tendremos que emplearnos a fondo, en nuestras críticas, y nuestra forma de expresarlas».

La Agenda 2030 es un secuestro de la libertad política colectiva, disfrazado en un lenguaje políticamente correcto, humanitario, ecologista y feminista

Es lamentable que discurramos por una etapa tan plana. Hubo una edad de oro de la literatura española, otra de plata. Esta es la de la berza.

Las etiquetas ayudan a justificar las conductas de exclusión o rechazo para los judíos, los negros, los gitanos, los moros, los foráneos.

En la España de hoy, es mínimo el peso de la intelectualidad, los escritores con personalidad. ¿A qué se debe tal ausencia?

Lo peor que se puede decir del sistema político español es que se ha perdido la claridad que tenía la palabra Estado.

Nuestros hombres occidentales son malos, malísimos, lo otros.., no existen… Esta es la mayor hipocresía de la casta progre

Desde los falsos cimientos del autoproclamado progresismo nos dictan normas y sentencias vacías de contenido aunque convincentes para gran parte de los comunes

Ya es hora de que llamemos a cada cosa por su nombre e inundemos las redes sociales con el apelativo de Extrema izquierda al referirnos al Gobierno

Del pueblo español y de una oposición unida, firme e inteligente depende que en esta partida nuestro Rey sea el que cante el jaque mate

El falso insomnio que aquejaba al presidente sin funciones no tiene comparación con el que, de verdad, padecemos los españoles de bien