«La táctica amarrategui de los ministros es bien sencilla, despejar contundentemente a ver si Sánchez la pilla al vuelo y de bolea marca».
Conversaciones en el andamio. La táctica amarrategui. Por Francisco Gómez Valencia

www.lapaseata.net

«La táctica amarrategui de los ministros es bien sencilla, despejar contundentemente a ver si Sánchez la pilla al vuelo y de bolea marca».

«Ayer aconteció otro día grande en el sanchismo pues muchos y variopintos quedaron irremediablemente retratados. El primero el Fiscal General».

«Ceder ante los tumultos es de cutres. Que te manguen la sardina es mucho peor que se la lleven a sus ascuas y eso es de panolis».

«La comunicación política es una técnica, otra de tantas, para desviar malamente la atención, o el tiro (como prefieran), para tratar de que no se hable de lo importante».

«Si en España hay algún tertuliano sensato, al verse rodeado de tanto indigente intelectual, optará por permanecer callado la mayor parte de las ocasiones».

«Estos desalmados están o mejor dicho continúan en las instituciones y eso, es una verdadera catástrofe que asola la vida política española con lo que hemos pasado y sufrido como país».

«¿Qué será de nosotros a corto y medio plazo? Pues nada, tranquilos. No pintamos nada en ningún sitio. Vivimos de la indiferencia. Andamos en la indigencia internacional más absoluta».

«Acuso y señalo a los «radicales», a los «extremistas» y a los «terroristas» que contagian alegremente a los demás, pues estos no aceptan de ninguna manera el respeto por los demás».

«Urge que se despierten, abandonen toda esperanza y de paso se aparten porque de lo contrario, los apartaremos».

«Son entrañables, y no los considero negacionistas de nada y menos del Gobierno actual que nos trae por la calle de la amargura».

«Lo peor no es lo que vayan a hacer con sus vidas, sino la molestia que nos causan a la mayoría que pensamos como Dios manda».

«Todos hemos comprobado como el «Gran Señor», «El puto amo de turno» jamás llegó para actuar por y para nosotros».

«Miles de jóvenes cantaban «Sweet Caroline», un himno oficioso sin duda pero un himno que los hacía libres y mejores personas».

«En el banquillo de los acusados cada vez queda menos espacio mientras parece que ser o no ser Premio Nobel de la paz es la cuestión».