La verdad sea dicha, en España no nos podemos quejar. Si nos comparamos con países de nuestro entorno occidental, estamos casi a la par.
En España no nos podemos quejar. Por Rodolfo Arévalo

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La verdad sea dicha, en España no nos podemos quejar. Si nos comparamos con países de nuestro entorno occidental, estamos casi a la par.

Cuando desde algunos partidos se trata de calificar a algún diputado de tránsfuga, se está atentando contra el Estado de Derecho y la libertad de voto.

Lo que tenemos en el Congreso de los Diputados de España desde la llegada de Sánchez al poder es un gran hemicirco.

Por lo menos la mitad de habitantes del país, son vagos rematados y quieren por H o por B vivir de la sopa boba.

Nos echan del centro y las ciudades dormitorio serán el paraíso de las personas viejas, que no hay porque usar eufemismos para la edad.

El tema de los alquileres está de boca en boca de diputados de diestra, siniestra y centro. ¡Qué manías tienen los políticos!

El mundo del 2022 se está convirtiendo en uno de marionetas, cuyos hilos mueven los redactores jefes de los telediarios.

No acabo de entender el mundo que vivimos. Tal vez se me haya pasado la vida envuelto en pensamientos que la gente no quiere tener.

Pobres sufridos votantes, cómo se ríen de nosotros, entre otras cosas porque vivimos muy cómodamente sin salir a la calle a decir basta.

El cociente intelectual de la humanidad se está reduciendo a un ritmo inquietante, ya hay más humanos con un cociente por debajo de noventa.

¡Ah¡ y no se trata de Racismo ni de xenofobia, se trata únicamente de la defensa de nuestra vida y cultura occidental.

A veces siento a mi madre a través de ella. Gracias mamá, te lo debo todo. Y hasta tu ausencia me mantiene humano y vivo.

Menudo laminador de cerebros tenemos, España parece ya un taller de joyería cerebral: Esto es más apariencia que ciencia.

Hay en las redes mucho intrigante pro corrección política y pro uniformidad de pensamiento, incluso con políticas fracasadas.