Es tan pecador pues, el que lo hace mal como el que ayuda al pecador tolerando sus ataques y faltas… Su pecado.
Anónimo pecador. Por Vicky Bautista Vidal

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Es tan pecador pues, el que lo hace mal como el que ayuda al pecador tolerando sus ataques y faltas… Su pecado.

No pasa un día sin que suceda algo infausto en España y un puñado de nativos nos limitamos a vestirnos de plañideras y a lloriquear en las redes.

Y, ¡Voila! Acusaciones al pueblo “culpable” y Venezuela trasplantada. ¡Se acabó lo bueno! Y por ello además ¡“Ahorremos agua”!

Cuando les falte el condumio, serán los primeros en salir a los campos con una escopeta para cazar sin hacer ascos a nada de cuatro patas.

Peligrosa campaña del Ministerio ese de igualdad desigual que funciona con arreglo a desigualdades y miserias casi obsoletas

No quiero pensar en la hipocresía y como hará reventar sus capullos de color ceniza esta flor cuando muera nuestro Rey emérito Juan Carlos I.

La elegancia no está de moda y a eso se debe querido Álvaro de la Iglesia que algunos hayan confundido el humor con la ordinariez y la chabacanería.

Deberíamos reconocer una cualidad en todo tipo de gilipollas, y es que son muy activos para alcanzar el puesto desde donde escupir su estupidez.

Qué hartura. A la Justicia se le ha caído la venda hasta la boca y calla. La libertad hace puénting con una cuerda desgastada.

Y, ahí voy yo, un bulto más entre la multitud y contemplo el presente. ¡Es tremendo! ¡No me lo puedo creer! ¡Somos una multitud de viejos!

Con el advenimiento de un nuevo grupo, Los vendidos, al mundo del entretenimiento, el alienado televidente emprende una feroz batalla, cadena a cadena, por conservar su estabilidad mental

Las criaturas buscan su infierno y lo adoran. La prohibición no sirve para nada. Tan solo para esconder el problema, que es del mundo entero.

«Hipócritas de toda condición, esperamos que sean víctimas de sus propias filosofías del “tragar y tragar” porque así parecen ustedes mejores.

Estas menganas vestidas de morado, de aullido fácil y con alma de cartón, no son más que una ridícula caricatura de lo que es una mujer de verdad