La historia da para mucho pero a muy pocos les interesa hablar, y mucho menos los que hicieron de la muerte del prójimo un negocio boyante y lucrativo.
1ª PARTE. Elecciones trucadas, elecciones infames. (Provincias Vascongadas). Por Antonio E.

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La historia da para mucho pero a muy pocos les interesa hablar, y mucho menos los que hicieron de la muerte del prójimo un negocio boyante y lucrativo.

Es tan pequeña tu talla moral, tan falta de hombría de bien, tan repleta de cobardía, tan vacía de dignidad, que ni siquiera lo puedes ocultar.

Quién iba a pensar que, en Europa, en pleno siglo XXI, un sátrapa sin escrúpulos se valiera de artimañas para ocupar el poder sin temor a ejercerlo de forma y manera despótica.

Han convertido España y nuestros barrios en un parque temático de delincuencia y sólo escribo lo que los sindicatos policiales comunican a la ciudadanía.

Que Sánchez era un traidor, se sabía, que era un cobarde, también se sabía, que además de embustero soez y macarra era un sin vergüenza, también.

Siempre lo dije, y lo seguiré manteniendo: el voto tiene muchos pretendientes, pero un solo dueño, ustedes.

¿Acaso no es corrupción resquebrajar a sabiendas la existencia de España solo por un interés personal?

Las sospechas siguen vivas, la esperanza de saber quién cometió el atentado y por orden de quién, también.

En una dictadura de izquierda extrema, como la actual, nada es al azar y todo está controlado porque el que pilota la ignominia se cree invulnerable.

En el extinto partido, otrora PSOE, la lluvia convirtió el habitual lodazal en el que siempre subsistió, en una charca infecta.

Se acabó el tiempo de callar y tragar, de sentir impotencia ante vuestros insultos, de soportar vuestra falsa autoridad moral.

Normalizar el caos es la única forma que les queda, a la que siempre recurren cuando la razón desasiste sus falsos argumentos.

En la lucha contra el narcotráfico llueve sobre mojado, en este caso lo hace sobre un lodazal en lo que eufemísticamente algunos conocen como Ministerio del Interior.

Es la mejor y más clara definición del nazionalismo supremacista, excluyente y totalitario, vivir aparentando lo que nunca serán: dignos y respetables.