Debo llegar con el zurrón de la Pampa que llevo al cuello a un pueblo lejano para pagar a todos y cada uno de sus vecinos
Se cambia el Zurrón de la Pampa de mi cacharrería mental. Por Manuel Artero

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Debo llegar con el zurrón de la Pampa que llevo al cuello a un pueblo lejano para pagar a todos y cada uno de sus vecinos

Conozco a Pablo Blanco en el Puerto de Altea. Construye unos mamparos móviles de su invención que el Club Náutico le ha encargado. Trabaja al sol rodeado de veleros y motoras en dique seco. A Pablo le apasionan los barcos y por los grandes conceptos se mueve como el Alfil sobre el damero: ágil, rápido y con precisión. Para este hombre que nació en el barrio de Carabanchel de Madrid no existen las conversaciones inocuas e intrascendentes. En cada frase y comentario, que ilustra con algún chiste, sabe profundizar en la filosofía, las grandes citas y los estados de ánimo del ser humano

Hoy puede ser que llegue algo de Sol al mundo en penumbra que a veces soy. Hoy he conseguido romper el maleficio no sé por cuanto tiempo

Durante sus últimos días de vida, Josefito conservó el cencerro de su mascota de ojos grandes, y lo transformó en amuleto, abalorio de la suerte

Al cabo de un rato me desvié de la carretera y perdí de vista aquel coche que se enfilaba a un futuro que yo ya conocía…por ser mi pasado

Coincido al cruzar la calle del Prado con los liberados sindicales de CCOO que alegres soportan su pancarta camino a la primera gran manifestación sindical en contra del gobierno del PP

Doña Concha decía que estaba harta de todos nosotros y que el barrio era poco para ella, fíjate la tipa, quien se pensaría que era

Recuerdo gracias a la máquina de escribir a uno de mis escritores favoritos, Milan Kundera en su pequeño libro La lentitud

Hombre señor Pepe, benditos los ojos que lo ven, que hace casi un mes que no lo veía… ¿Dónde se mete?… Con el covid…

Mi capitán, reaccione, la actual deriva nos hundirá, aquí tiene la bocina para que hable a la tripulación que ya está expectante en cubierta

El comerciante que me vendió la plancha me dijo que había servido para estirar las sedas de bellas princesas en uno de los altos palacios de la ciudad

Atruena en mi memoria la última manipulación de TVE y al igual que pasa con esas malditas canciones que no te las puedes sacar de la cabeza, la infamia periodística me indigesta los pensamientos

Allá arriba, en el ático, él solo con las dos manos ocupadas desde siempre, la de la izquierda y la de la derecha, una heredada de la hermana…

Este es mi amigo Miguel y esta historia real de infinita amistad a él se la dedico a él. Gracias