«Poco a poco se dejó llevar por las nubes que hasta entonces le habían cobijado, a la vez que desaparecía en la lejanía junto con sus fieles compañeras».
El horizonte. Por Manuel Sanz Real

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«Poco a poco se dejó llevar por las nubes que hasta entonces le habían cobijado, a la vez que desaparecía en la lejanía junto con sus fieles compañeras».

«A fin de cuentas este era el perpetuo cautiverio de Elías, aunque buscaba la forma de evadirse, fracasaba siempre en su intento».

«Ese día comprendió que aquella llamada a su puerta rogando amistad, fue el aviso que tanto esperaba para poder recuperar su anhelada felicidad».

«El camarero presenciaba la escena estupefacto, ya que en aquel rincón todos parecían esconder algún misterio».

«La oscuridad de la noche parecía no tener fin, hasta que por una pequeña fisura de la persiana penetró débilmente un pequeño rayo de luz».

«En una época que ha renunciado a imaginar un mundo mejor y se limita a preparar uno defendible, la escritura constituye un último gesto de lucidez».

El tañido del timbre interrumpió mi placidez vespertina. Su resonancia penetrante hacia el cerebro laceró mis oídos.

«A pesar de todo, y como si de una película sin final se tratase, seguiré mirando desde mi ventana el imparable paso del tiempo».

En ese primer vistazo me fue imposible ver su cara, ya que la negra capucha de su sudadera se la cubría por completo…

«La casa estaba llena de recuerdos y rencores, haciendo de ella un lugar donde el pánico seguía presente en cada rincón».

«Al mirarme en el espejo, un pánico insuperable se apodera de mi al ver en él una cara monstruosa que no es la mía».

«Este era el ambiente con el que convivía todos los días y donde nadie era consciente de sus silenciosas lágrimas».

«Aprovechemos el templado anteotoño: vendrán luego las grullas, los Difuntos, los camposantos y los gélidos atardeceres».

«De regreso a casa ya no vi esos deshumanizados gigantes de hormigón, sino un lugar mágico lleno de historias y misterios».